Premian por su libro sobre Bolivia a Carmen Soliz, quien enseña historia latinoamericana en EEUU

La historiadora fue reconocida por el Consejo de Historia Latinoamericana. Es la hija de Andrés Soliz Rada y trabaja en un segundo libro sobre la historia de Bolivia a través de sus recursos naturales.

Gente & Lugares
Ivone Juárez
Por 
La Paz - lunes, 16 de enero de 2023 - 5:00

Carmen Soliz Urrutia tiene 44 años. Nació en La Paz pero hace 15 vive y trabaja en Estados Unidos. Es profesora de Historia Latinoamericana en la Universidad de Carolina del Norte, en Charlotte, donde convirtió su tesis de doctorado en un libro sobre la Reforma Agraria en Bolivia, que acaba de ganar el premio Susan Socolow-Lyman Johnson del Consejo de Historia Latinoamericana (CLAH).

El texto, que hace una revisión de tres décadas de ese proceso, se basa en la revisión de fuentes primarias que demuestran que la reforma agraria se jugó básicamente en estrados judiciales, en los que los sindicatos campesinos, representados por sus “caciques apoderados” demandaron a los hacendados la devolución de sus tierras, no la expropiación, cambiando así la agenda que seguía la reforma llevada cabo por el Movimiento Nacionalista Revolucionario tras la Revolución de 1952.

Campos de revolución: Reforma Agraria y formación del Estado en Bolivia 1935-1964 es el nombre del texto que Soliz escribió originalmente en inglés y fue publicado por la Universidad de Pittsburgh en 2021. En 2022 tradujo el texto al español y lo presentó en Bolivia, con Plural Editores.

El reconocimiento del CLAH, que se entrega cada dos años al texto con el aporte más significativo a la historia de Argentina, Bolivia, Paraguay, Chile y Uruguay, es la coronación al trabajo de Soliz, destacado a escala nacional e internacional por su erudición.

“Campos de revolución es una obra excepcional de erudición histórica. Cambiará nuestra comprensión no sólo de la reforma agraria en sí, sino también del carácter más amplio y del legado de la Revolución Nacional de 1952 en Bolivia (...)”, comentó James Dunkerley de la Universidad Queen Mary de Londres.

En Bolivia, el historiador y expresidente Carlos Mesa escribió: “Campos de revolución es un libro ejemplar por su erudición, su seriedad investigativa, su diálogo con grandes trabajos anteriores, sus observaciones sin complejos ideológicos a afirmaciones equivocadas del pasado y, sobre todo, por su gran honestidad intelectual”.

Página Siete conversó telefónicamente con la autora del texto, quien es hija del fallecido Andrés Soliz Rada, político e historiador reconocido por su causa en pro de la defensa de los recursos naturales de Bolivia y ser autor del Modelo Endógeno, que Condepa, el partido populista del también fallecido Carlos Palenque, enarboló en Bolivia en los años 90.

Ésta es la conversación con la paceña que recuerda su vida en La Paz en la zona fabril, donde pasó su vida antes de partir a Estados Unidos a realizar su doctorado en Historia.

Su libro fue reconocido por el Consejo de Historia Latinoamericana. ¿Qué representa esta distinción?

Cada año se publican muchos trabajos de historia latinoamericana en Estados Unidos. Es un espacio muy competitivo. Me halaga que mi libro haya sido reconocido, y estoy agradecida por ello.

¿Hay algún boliviano que logró ese reconocimiento?

Tengo entendido que el año pasado el reconocimiento lo obtuvo un bolivianista, no boliviano: Elizabeth Penry, con el libro The people are King (El pueblo es rey).

¿Cómo nace el libro?

Es producto de la investigación para mi tesis de doctorado y comenzó en 2007. Los doctorados en Historia en Estados Unidos duran un promedio de siete años: tres años de clases y cuatro de investigación y redacción de la tesis. Cuando la terminé, en 2014, decidí convertir este trabajo en un libro.

¿Por qué la Reforma Agraria?

Todo comenzó cuando era estudiante de licenciatura en Historia y empecé a trabajar con la historiadora y profesora Rossana Barragán. Una de las preguntas que ella tenía era cómo operaba el Estado boliviano en la vida cotidiana de las personas. Por mi parte, siempre me llamó la atención esa especie de contradicción que encontraba en la literatura respecto al papel del Estado.

Por un lado, hablamos de un Estado enclenque, limitado y débil; pero, por otro, sobre todo cuando se habla de Reforma Agraria, se habla de un Estado que había sido capaz de impulsar una de las políticas más radicales y de mayor alcance de la historia.

En ese contexto, buscaba entender cómo era posible que hubiésemos logrado una política de tal impacto, como la Reforma Agraria, si teníamos un aparato estatal tan débil.

Según los comentarios, con su libro desmonta muchos mitos sobre la Reforma Agraria

Creo que el trabajo tiene el mérito de revisar y dialogar con la bibliografía existente. Realicé una enorme revisión bibliográfica y, al mismo tiempo, acudí a fuentes importantes, como los juicios de reforma agraria iniciados por campesinos en contra de hacendados.

Al mirar estas fuentes me voy dando cuenta de que muchas de las afirmaciones o ideas que teníamos sobre la Reforma Agraria no eran tan ciertas.

Por ejemplo, en la historiografía boliviana, los campesinos aparecen como agentes pasivos, a quienes se les dio tierra; o como sujetos cooptados o subordinados a la política del MNR.

Mi trabajo explora y busca entender qué estaban haciendo estos campesinos e indígenas al momento de la Reforma Agraria y muestro que sus demandas, acciones y sus luchas, dentro o fuera del espacio judicial, no sólo radicalizaron la agenda del MNR respecto a la Reforma Agraria, sino que, en algunos casos, modificaron la agenda inicial que tenía el partido.

Mi trabajo rescata el rol de los caciques apoderados, que no pedían la expropiación de tierras sino restitución (devolución). El MNR, por la presión de estos caciques apoderados, termina modificando la ley.

¿Cómo logró recopilar la información?

Fue durante la investigación que hice para el doctorado. Estuve más de un año revisando archivos. Trabajé varios meses en el INRA La Paz y en el INRA Cochabamba. Acudí al Archivo Nacional de Sucre, donde encontramos el archivo de “correspondencia con presidencia”. Ahí empecé a encontrar las cartas de los caciques apoderados de la década de los 50.

Mi trabajo consistió en cruzar varias fuentes: periódicos, juicios, cartas, etcétera.

¿Inicialmente el libro fue escrito en inglés?

Sí, principalmente porque es así como funciona la academia estadounidense. Soy docente en Estados Unidos y parte de mi trabajo consiste en publicar y debe ser en inglés.

Mi objetivo final era dialogar con Bolivia y la academia boliviana, pero por el orden de las cosas tuve que publicar primero en inglés. El libro salió en 2021 (publicado por Pittsburgh) y el año pasado, en 2022, salió la publicación en español. Para mí era una prioridad esa traducción porque me parece que lo que propongo importa a los bolivianos, los invita a reflexionar sobre la Revolución del 52. Me interesaba tener este debate con académicos bolivianos.

¿Cómo fue recibido en Bolivia?

Muy bien hasta ahora. Por un lado, porque Plural Editores y José Antonio Quiroga me dieron la oportunidad de publicarlo. Fue una suerte poder llegar a la Feria del Libro y recibir comentarios tan alentadores como el del expresidente Carlos Mesa o de la historiadora Rosanna Barragán. Me da mucha alegría que el libro se interpele, se discuta, que no quede en el olvido.

¿Cómo llegó a Estados Unidos?

Vine para estudiar el doctorado en Historia en la Universidad de New York y al concluir con el doctorado apliqué a trabajos dentro del mercado laboral de Estados Unidos. Así es como logré el puesto que tengo ahora de docente de Historia Latinoamericana en la Universidad de Carolina de Norte, en Charlotte.

Un gran desafío...

Sí. Es un lindo desafío porque mi trabajo se divide entre enseñanza e investigación. Se espera de nosotros, los profesores, que asistamos a conferencias, que presentemos y publiquemos nuestra investigación, que realicemos en los meses de verano, que en Bolivia, son las vacaciones de invierno. Entre junio, julio y agosto vengo a Bolivia para hacer investigación.

¿Cómo recibieron su libro en la universidad?

Muy bien. Recibí mucho apoyo de mi departamento y la universidad. La universidad es un lindo espacio porque tengo la fortuna de estar entre historiadores de todas partes del mundo, no sólo latinoamericanistas. Somos unos 35 colegas dedicados a distintas áreas. La mayoría está enfocada en la historia americana, pero muchos de mis colegas están dedicados al estudio de Asia, África, Medio Oriente, Europa.

Esto me da la oportunidad de tejer lazos y comparaciones con otras regiones. Ahora, precisamente, organizo con unos colegas una conferencia sobre neoliberalismo en América Latina y Europa del Este.

Es hija de Andrés Soliz Rada, ¿cómo influye en su trabajo?

Mi papá era un lector ávido que siempre traía libros a la casa. Fue una fuente de libros, debates, discusiones. Apasionado de lo político como era, era apasionado también de la historia. Él fue docente de Historia Crítica de Bolivia, en la Universidad Mayor de San Andrés. Su mirada influyó mucho en mi formación y lo sigue haciendo.

En la actualidad, dicto una materia, una de mis favoritas, que se llama Desde la plata hasta la cocaína, una historia de América Latina a través de los recursos naturales. En esa clase hablo de extractivismo, y muchos de los debates que tenemos en Bolivia los trasladé a mis clases de América Latina.

Una segunda cosa que yo espero haya marcado mi trabajo es que mi papá trataba de salir del debate local-nacional, para mirar la región, el mundo. Creo que aportó con esa mirada de largo alcance al hablar de cómo la economía global o los intereses regionales afectaban a la política boliviana.

¿Cómo era su relación?

Muy linda. Lo que más recuerdo es su disciplina. No hubo un día en que no lo viera, a las siete y media de la mañana, duchado, desayunado y leyendo periódicos.

Recuerdo a ese lector ávido que nos motivó a que seamos curiosos del mundo. Creo que ésa es una de las herencias más lindas que nos dejó: que el mundo, la política no nos sea indiferente. Él fue muy comprometido con sus ideas y coherente, y ése es otro legado.

¿Cómo debería ser recordado en Bolivia?

Indudablemente, él pasó a la memoria de los bolivianos como el ministro de la nacionalización. El eje central de sus preocupaciones fue la defensa de los recursos naturales. Desde su primer libro, La caracterización de Bolivia y la contradicción fundamental, en la década de los 70; La conciencia enclaustrada, en los 90, o La luz en el túnel, su última publicación, claramente el eje central era su preocupación por la defensa de Bolivia frente a capitales más poderosos o transnacionales.

¿Después de Campos de revolución trabaja en otro libro?

Sí. Es en un volumen de seis capítulos, con seis autores. Lo estamos editando con la historiadora Rossana Barragán y saldrá a inicios de 2024.

Se trata de la historia de Bolivia a través de sus recursos naturales, desde el período colonial hasta el presente. Rossana Barragán trabaja minería; Kevin Young, petróleo; Thomas Grisaffi, coca cocaína. Sarah Hines ve el tema de agua; José Orsag, goma; y yo analizo el tema tierras.

Es un libro que, distinto de la historia política tradicional, se propone aportar una nueva mirada no sólo sobre Bolivia sino de América Latina.

“Hablo de extractivismo y muchos de los debates que tenemos en Bolivia los trasladé a mis clases de A. Latina”.

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