Uma, la cachorra de puma, que murió tras soportar desnutrición, deshidratación y una fractura

Durante 15 días

voluntarios, expertos y biólogos intentaron salvar la vida a una cría que fue llevada a una veterinaria. No hay un centro de custodia de fauna silvestre en la capital.

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Chuquisaca - martes, 21 de junio de 2022 - 5:00

Los últimos días de Uma fueron una mezcla del amor que no pudo recibir de su madre, el dolor de tener que caminar con una pata fracturada y su lucha por sobrevivir. Uma, una cachorra de puma (Puma concolor) de no más de dos meses, ahora descansa en un lugar muy parecido a su hábitat, lejos de Sucre, una ciudad a la que nunca debió haber llegado.

“Nosotros teníamos la esperanza de salvarla, pero su cuerpo entero estaba muy mal. Yo aún sigo sufriéndola, pensé que iba a salir. Obviamente iba a estar condenada a vivir en cautiverio, pero quedaba el sueño de verla grande y restablecida después de haberla cuidado tanto”.

Laura Lagrava es voluntaria de la Protectora de Animales S. A. de Sucre. La noche del 26 de abril recibió la llamada de una veterinaria, en la que le informaban de la presencia de una cachorra de puma, que había sido llevada por dos jóvenes. Aunque era evidente la fractura de la pata delantera izquierda porque el animal caminaba con la extremidad “al revés”, una radiografía corroboró la gravedad de la lesión.

Un segundo veterinario con experiencia en fauna silvestre explicó que había que operarla para ponerle platino, pero antes era necesario recuperarla, porque estaba deshidratada y desnutrida. Ahí comenzó una lucha que, al principio, parecía ganable, pero que se perdió porque al ser separada de su madre y no recibir alimentación adecuada, la cría quedó tan débil que no soportaba siquiera que se le tome muestras de sangre porque cada gota era vital para su subsistencia.

“Les preguntamos a los jóvenes qué había estado comiendo porque tenía un cuadro de diarrea. Dijeron que sopa de arroz porque fue lo único que aceptó. Uno de ellos dijo que no les agarró ni mortadela”, cuenta Laura. Con dos meses y sin recibir leche materna, lo que Uma necesitaba era el lácteo con suplementos. “Empezamos a darle un poco de carne con el suplemento lácteo que tuvimos que conseguir, porque nos explicaron lo importante que era la nutrición especialmente cuando se saca a un cachorro del lado de la madre”.

Al cabo de unos días, el animal parecía estar mejor, por lo que le programaron la cirugía. Todo ese tiempo Laura lo tuvo en su casa, como en algún momento tuvo parabas, monos y otros animales silvestres, con la autorización respectiva de autoridades medioambientales, porque en Sucre no hay centros de custodia privados, mucho menos públicos.

Llegado el día de la operación, Uma dejó de comer, vomitó parásitos y se tuvo que posponer dos veces la intervención. Como el hueso se estaba consolidando, no había tiempo para esperar más.

¿De dónde vino Uma?

Tras la muerte de la cachorra, el pasado 10 de mayo, muchas preguntas quedaron en el aire. Por ello este mes se presentará una demanda legal patrocinada por el abogado ambientalista Rodrigo Herrera, del refugio La Senda Verde de La Paz.

“La demanda es contra dos jóvenes y una persona de sexo femenino”, detalla Herrera. Como exasesor legal del Ministerio de Medio Ambiente y Agua dice que en el país ya hay más de 15 sentencias penales por este tipo de hechos. “En La Senda Verde tenemos bastante experiencia en este tipo de casos, no obstante, en el resto del país todavía existe miedo y susceptibilidad con relación a la aplicación de la justicia y es completamente previsible”, asegura.

Uno de los delitos en los que se habría incurrido es “destrucción o deterioro de bienes del Estado y la riqueza natural”, tipificado en los artículos 350 y 223 del Código Penal, cuya pena es de hasta cinco años de cárcel.

Y es que los jóvenes que tenían al animal entraron en contradicciones sobre el origen de la cría. En lo que coincidieron es que, en Rodeo, una comunidad del municipio de Icla situado a 102 kilómetros de Sucre, “la madre había estado acechando a un burro”. Presuntamente la gente del lugar intentó cazarla y, en ese afán, la hembra escapó y dejó a sus tres cachorros atrás. Por versión de uno de los chicos, se supo que uno se quedó en el campo, otro fue vendido y Uma, a la que en ese momento sus captores llamaron Kiara, fue atrapada. Todo esto pasó dos semanas antes de que ésta fuera llevada con la pata quebrada a la ciudad.

Inicialmente estas personas dijeron que no sabían de la lesión, pero en un video que colgó uno de ellos en su estado de WhatsApp, se vio a Uma con la pata enyesada mientras alguien jugaba con ella como si se tratara de un gato doméstico. Aunque supuestamente se rompió la extremidad en una caída, uno de los muchachos admitió que durante la supuesta cacería “le habría llegado una pedrada o algo así”, dice Laura Lagrava.

De animales domésticos a fauna silvestre

Esta administradora de empresas se hizo parte de la Protectora de Animales S.A. de Sucre hace seis años. Este grupo de jóvenes inició como una organización para velar por los animales domésticos, pero desde hace tres años se vio obligada a hacerse cargo de fauna silvestre. Sucre, capital de Bolivia con alrededor de 282 mil habitantes según proyecciones del INE, no cuenta con un centro de custodia para estas especies.

Jairo Gutiérrez, secretario departamental de Medio Ambiente y Gestión de Riesgos, dice a La Región que, ante esta situación, una vez rehabilitados, estos animales son liberados en su hábitat. Los que están condenados a vivir en cautiverio son derivados a centros de custodia de otras regiones. El año pasado se atendió 15 casos, entre ellos, “cóndores y loros”. Respecto al presupuesto anual que se tiene para estas situaciones, “no supera los 20 o 30 mil bolivianos (alrededor de $us 2 mil a $us 4 mil), solo para curaciones, cuidados y derivaciones”.

“La deficiencia como departamento es la falta de un centro de custodia. Estamos evaluando (la construcción). Es un pedido de diferentes sectores. Hemos tenido una reunión de acercamiento con el Gobierno Municipal de Sucre”, asegura por su parte Jorge Rodríguez, jefe de Recursos Naturales y Medio Ambiente, para quien el nuevo Plan Operativo Anual (POA) 2023 contemplará la contratación de un veterinario.

Respecto a la cachorra de puma, dice que la Gobernación tuvo conocimiento y que, “en coordinación con la Protectora de Animales se ha dado el apoyo correspondiente”. Sin embargo, actualmente se debe la cuenta de la cirugía a la veterinaria, por lo que el informe de lo sucedido aún no se emitió. “Tenemos ciertos recursos, no son muchos, conversamos con los proteccionistas (para decirles) que en primera instancia podíamos hacernos cargo, pero nos vamos a reunir (nuevamente) para pagar el saldo”, promete.

Tanto en este como en otros casos como el de un mono que fue rescatado cuando cabalgaba en el lomo de un perro, así como dos parejas de cóndores que fueron envenenados y una paraba frente roja (Ara rubrogenys) que fue criada cuatro años en la oscuridad y alimentada con galletas de agua, tuvieron que estar en domicilios de los voluntarios.

Muerte de un cachorro

Uma pasó sus últimos días en una veterinaria, rodeada de bolsas de agua caliente y alimentada con una jeringa cada dos horas para ver si lograba vencer el cuadro de malnutrición que enfrentaba. Los pumas -explica el biólogo Mauricio Peñaranda- son los mamíferos grandes que más problemas tienen con las comunidades campesinas de Chuquisaca después de los loros y los zorros. A diferencia del oso jukumari (Tremarctos ornatus) y el jaguar (Phantera onca), estos animales han sabido acostumbrarse al entorno del ser humano. “Pensaría que gran parte de su dieta depende de animales domésticos: cabras, ovejas, perros, burros, caballos, gallinas”, explica el experto en mastozoología, quien ha trabajado en diferentes regiones del departamento.

Sin embargo, debido a su amplia distribución, esta especie no está catalogada como vulnerable a la extinción. Por ello, cuando se mata a un individuo no se guarda tanto reparo como con el oso o el jaguar, que sí son considerados como “vulnerables”, lo cual no exime de responsabilidad a quienes incurren en tráfico o tenencia ilegal de fauna silvestre.

Quizá por eso los responsables de la Gobernación asistieron solo un día antes a verla. Mientras, Laura y Mauricio, quienes junto al veterinario se turnaron las 24 horas durante cinco días para asistir a la cachorra, aún lamentan la pérdida.

“Cuando se decidió operarla porque ya no se podía esperar más, el veterinario nos dijo que el hueso era como arena. Ahí se empezó a poner mal, llegó a tener 34 grados de temperatura, ya no comía, por lo que había que alimentarla cada dos horas con jeringa. La primera noche el veterinario la pasó en vela. La segunda noche lo hizo Mauricio. El resto lo hice yo”, recuerda Laura.

Finalmente, el 10 de mayo la cachorra murió. Mauricio le había puesto el nombre de Uma, que en idioma quechua significa cabeza o jefe, porque en la vida silvestre, la especie está catalogada en esa jerarquía. “También porque durante esos días, ella fue la jefa por la que vivimos todo el tiempo”, recuerda Lagrava. Con ese sentimiento, tras el fallecimiento, los voluntarios decidieron buscar un lugar con una linda vista, lo más parecido a su hábitat para enterrarla.

“Teníamos la esperanza de salvarla, pero su cuerpo entero estaba muy mal. Yo aún sigo sufriéndola, pensé que iba a salir”.
Voluntaria, Laura Lagrava
“La deficiencia como departamento (Chuquisaca) es la falta de un centro de custodia. Estamos evaluando (la construcción)”.
Gobernación, Jorge Rodríguez
“Cuando se decidió operarla porque ya no se podía esperar más, el veterinario nos dijo que el hueso era como arena”.
Voluntaria, Laura Lagrava
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