Una bióloga y una metalmecánica triunfan en un mundo de hombres

Reyna resalta en un espacio de fierros y construcción, mientras que Kathrin fue incluida entre las 10 mujeres más importantes de la ciencia en la región. Ambas son bolivianas y una de sus metas es enseñar.

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Bolivia - miércoles, 27 de julio de 2022 - 5:00

Kathrin simula una travesía en el campo cuando está trabajando.

Se conocieron hace poco, pero ambas ya planean actividades conjuntas para sus organizaciones. Una es apasionada de los fierros y experta en metalmecánica, la otra se desenvuelve a campo abierto de día y de noche buscando nuevas especies de murciélagos. Reyna Quispe y Kathrin Barboza tienen actividades diferentes, pero están unidas por el objetivo de demostrar la capacidad de las mujeres en diferentes ámbitos.

Ambas se encontraron gracias a la campaña de Sedal “El rosado es sólo un color, lo que significa lo defines tú”. Se trata de una campaña apoyada por ONU Mujeres, Plan Internacional Bolivia y Pro Mujer que busca potenciar el perfil de mujeres destacadas en diferentes ámbitos y que tienen características que las convierten en líderes.

En entrevista con Página Siete hablaron de desafíos, de sueños y obstáculos superados recordando los años en que sí se veían exitosas, aunque aún no veían claro el camino para llegar a esa meta. Reyna es representante de la Asociación de Mujeres Constructoras de La Paz (Asomuc).

Ellas fueron elegidas entre otras mujeres destacadas, como Sinchy Díaz y Omaira Saucedo, la bombera Daniela Vera, la corredora de motos Suanny Martínez y la constructora Natividad Velasco, todas ellas reconocidas por sus logros al incursionar en ocupaciones que típicamente fueron lideradas por hombres.

Pasión por los fierros

“Hay estereotipos que se han formado y normalizado con el tiempo, pero yo creo que el pensamiento de la sociedad puede cambiar. Las mujeres no somos débiles y creo que por eso nos han designado como embajadoras en esta campaña. Me puede gustar el rosado, por ejemplo, y ser fuerte igual”, expresa Reyna, joven que trabajó muchos años en diferentes empresas y ahora es consultora. Es ella quien se adjudica los contratos convirtiéndose en su propia jefa.

Los edificios, avenidas, puentes o cualquier otra construcción que vemos ya no son solo resultado del trabajo de muchos hombres, pues la incursión de las mujeres es evidente.

“Todavía vemos el letrero que dice ‘Hombres trabajando’, pero también hay mujeres que estamos en la construcción. Al momento de buscar datos no encontramos la cifra de cuántas mujeres se dedican a la construcción. Según la Organización Internacional del Trabajo hay más de 200 mil mujeres en Bolivia dedicadas a la construcción, pero hay muchas que trabajan con sus esposos y no son reconocidas como albañiles, sino como ayudantes, siendo que ellas ya están trabajando”, explica la joven que ha dado una decena de talleres junto a sus compañeras de la construcción.

Reyna tiene las manos malheridas debido a su labor de cada día. Se ve las manos preocupada no por la apariencia ni el dolor, sino porque dice que pronto volverá a alzar sus herramientas y se pregunta si las heridas perjudicarán. Las ve una y otra vez, pero termina en una risa larga y una confesión: me gusta mi trabajo, no lo dejaría por nada.

A futuro la joven se ve con un taller propio, hay muchos instrumentos que comprar, personal que contratar y contratos que revisar. Aún vive con sus padres y estudió en la universidad pública. No tiene hijos y no están en sus planes. Habrá tiempo para todo, especialmente para ser feliz. Es una de las más jóvenes del grupo, pero ya es la referencia para otras más jóvenes aún.

“Entre muchas nos podemos apoyar. Es mejor demostrar con tu trabajo lo que haces, lo que eres. Yo me he sentido discriminada muchas veces, pero sabemos que no estamos solas”, dice. Reyna está aprendiendo de restauración, forjado en metal, restauración en construcción y ya habla de una maestría. Todo eso espera expresarlo en talleres con sus compañeras.

En busca de murciélagos

El murciélago boliviano nariz de espada, o Lonchorhina aurita, nombre usado en estudios de trabajo, estuvo desaparecido por más de 70 años. Tras su hallazgo, años atrás, no se supo más qué ocurrió con él y no se conocieron teorías sobre su extinción.

Pero en 2006 Kathrin Barboza lo volvió a encontrar mientras realizaba su tesis junto a su compañera en la cueva de San Matías, en Santa Cruz. Tras ese redescubrimiento, el murciélago entró en la lista de especies en peligro y se creó el primer santuario natural que protege a estos animales en Latinoamérica.

Kathrin Barboza vive en un avión, dice entre bromas, pues ahora es una de las científicas bolivianas con mayor trayectoria, aunque es joven. Trabaja entre Santa Cruz y Cochabamba, realiza consultorías. No es una mujer que espera que alguien le dé su lugar, ella misma se da un espacio y reconocimiento para que su entorno también lo haga.

“Yo no me lo creía, pero dijeron que me estaban buscando a mí y sentí mucha alegría”, recuerda del momento en que fue premiada por el influyente L’Oreal-Unesco para Mujeres en la Ciencia. Entre 100 mujeres del mundo, ella estaba en la lista de diez científicas.

Kathrin gusta del campo, donde debe estar hasta semanas porque está realizando investigaciones. Cuando tiene que convivir con un grupo de personas, llegó a sentir mucha tensión y tuvo que trabajar en ello. “A mí me encanta lo que hago, soy muy feliz y disfruto lo que hago porque sé que es un aporte a la conservación”, expresa sin dejar de sonreír.

La joven boliviana es una de las referentes de la ciencia en el país. Sus investigaciones son una guía para mujeres y hombres jóvenes que estudian biología.

Ella también ha sentido discriminación, pero no por su condición de mujer, sino por ser joven.

“Muchos que trabajan en escritorio no conocen lo que es estar en el campo. Es un desgaste físico, mental y emocional”, cuenta cuando se le pregunta si alguna vez tuvo que ser fuerte y exigir sus derechos.

En esos casos ella no dejó que le paguen como auxiliar o ayudante, sino como profesional que es y a partir de esas escenas todo lo que siguió fue lleno de éxitos.

Diferentes caminos, mismo fin

Aunque ambas mujeres tienen intereses diferentes, las dos coinciden en que sus talentos tienen que servir para la formación de otras mujeres.

Entre risas, planes y una buena relación, ambas recomiendan no dejar de confiar en el talento de las mujeres y olvidarse de roles de género, pues no existen.

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