La obra narra la vida en el campo

Utama, donde convive el amor con la sequía y el cóndor cae de la cima

El filme nacional tiene las actuaciones de personajes que viven en el campo. Llevan sus vidas a la pantalla grande.

Gente & Lugares
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La Paz - jueves, 29 de septiembre de 2022 - 0:00

“Ya se nos está acabando el agua”, comenta Sisa. Su voz es una afirmación vestida de lamento. El rostro de la mujer octogenaria está lleno de arrugas así como la tierra donde pisa está surcada de grietas; arriba el cielo es celeste sin ninguna nube a la vista. El destino de esta historia está marcado por la sequía de agua, pero no de amor.

Utama es una historia que conmueve. Mezcla el amor eterno (aquel que da batalla a la muerte), la crisis hídrica y la migración del campo a la ciudad. Además tiene a tres protagonistas que van siempre adelante, a pesar de lo árido del camino.

Los personajes

Luisa Quispe interpreta a Sisa —nombre que, demás está escribirlo, es un guiño a la rebelde Bartolina Sisa— tiene el don de la paciencia. Pero, incluso como el agua que baja del cielo, a veces la paciencia se agota. En determinado momento de la película se escucha: “El silencio no siempre es bueno”. Es ella el bastión de la casa. Gracias a su férrea voluntad su hogar de adobe no se viene abajo.

José Calcina en la pantalla grande es Virginio —el nombre hace referencia a Virgilio, conocedor del Infierno y el Purgatorio en la Divina Comedia— arrastra los pies en busca de una respuesta a la enfermedad que no le deja respirar en paz y el agua que falta a la comunidad.

Santos Choque es Clever, el nieto de los ancianos. Es la representación de la ciudad que va al campo. Al comienzo de la historia, el joven en el almuerzo da la misma atención al teléfono móvil que a su comida; luego, el cariño a los abuelos gana a la tecnología. Es un citadino que busca ayudar a sus abuelos que viven en el pueblo lejano de su padre.

Clever les pide migrar y por eso en cierto momento su abuelo Virginio le grita: “De aquí yo no me muevo”. Pero ¿acaso la ciudad siempre debe ser nefasta para el pueblo? O será que los citadinos no saben “leer las señales”, ésas que indican que el mejor destino es donde uno quiere estar y no donde uno debe estar.

Los actores naturales —ya lo sabía Jorge Sanjinés, quien en sus primeras películas trabajó con aquellos que sufrieron las dictaduras y gracias a él revivían sus historias en primera persona— tienen una ventaja sobre quienes estudian para actuar... ellos no mienten ante la cámara, no se convierten en personajes. Virginio y Sisa únicamente se comportan tal y como son. Su vida salta a la pantalla grande con naturalidad.

Las miradas perdidas al cielo, la rabia que grita a través de la impotencia no es actuada, es un recordatorio de su pasado en el cual algunos días vivieron sin agua. Todo es natural y fluye.

Todo fluye como el telón de música que acompaña Utama, un telón delicado y con sentimiento, colocado por el maestro Cergio Prudencio.

La lección del cóndor

En la cinta, Virginio narra una historia. Cuenta que cuando el cóndor siente que está viejo y que ya no sirve para volar, entonces se sube a la cima de la montaña, encoge sus alas y se lanza a las rocas. Muere.

Para no vivir hasta morir los vecinos de aquel pueblo olvidado migran allá donde hay agua y servicios médicos. Van donde ya no es necesario trabajar y sólo hay que sentarse a esperar lo inevitable.

El destino del cóndor parece que es una metáfora de Virginio. Porque él se ve débil, apenas agarra fuerzas para llevar a sus llamas al campo y ya casi le pesan un mundo los baldes de agua. Poco queda de aquel hombre fuerte que era antes, quizás sólo aquella fotografía que pilla en un cajón secreto y donde se ve a sí mismo. Esa foto es un tesoro de sus recuerdos, un tesoro que vale oro.

“No iré a morir a un hospital”, reclama. Mira a las montañas y habla a la muerte. El destino quizás no sea parecido al del cóndor viejo. Quizás él merezca una muerte tranquila.

El final siempre es el principio. La imagen de las llamas arreadas con cariño y el cielo celeste de fondo se repite. Eso sí, ahora se escuchan algunos truenos que llegan a destiempo.

29
Premios
internacionales tiene el filme que se presentó en festivales fuera del país.

La película nacional está desde hoy en las carteleras del país

La ópera prima de Alejandro Loayza se presenta desde hoy en las salas más importantes del país. Utama es la película boliviana más premiada de los últimos años, hasta ahora obtuvo 29 galardones en los festivales internacionales en los cuales se presentó.

La película nacional filmada en la comunidad potosina de Santiago de Chuvica fue elegida para representar a Bolivia en las candidaturas para los premios Óscar y Goya de la versión 2023, dos de los más importantes encuentros cinematográficos del mundo.

Utama ya se presentó en salas de Francia, Grecia y Chipre, entre otras naciones. Se prepara su estreno comercial en Alemania, España, Italia, Reino Unido República Checa y en salas de otros países.

Es una coproducción de Bolivia, Francia y Uruguay, que contó con el respaldo de Ibermedia. Santiago Loayza y Marcos Loayza son parte de la producción de la cinta nacional.

Utama cuenta con las actuaciones estelares de Santos Choque, José Calcina y Luisa Quispe, además de pobladores de Santiago de Chuvica. El guion es de Alejandro Loayza Grisi, la música de Cergio Prudencio, la fotografía de la uruguaya Bárbara Álvarez.


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