Yareta, la extraordinaria sobreviviente de los Andes

Su resina es usada en medicinas tradicionales para la tos y como antimicrobiano; su sobreexplotación la señala como especie en peligro en el Libro Rojo de la Flora Amenazada de Bolivia.

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La Paz - sábado, 12 de noviembre de 2022 - 5:00

La yareta o llareta, cuyo nombre científico es Azorella compacta, pertenece a la familia Apiaceae; es una planta arbustiva que se asemeja a un cojín de color verde, tupido y duro, que tiene su distribución en las altas montañas de la Cordillera Andina de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.

Es una de las plantas de crecimiento extremadamente lento, constituyendo en una de las especies más longevas que habita el planeta Tierra. Mide, en promedio, unos dos metros de ancho por un metro de altura. Es típica de los ecosistemas subnivales y de la Puna. Tiene una distribución altitudinal que va desde los 3.800 a 5.200 m sobre el nivel del mar, se la considera como una de las plantas leñosas arbustivas que crece a mayor altura en el planeta junto con el árbol de la queñua.

Su distribución es muy amplia, pero tiene poblaciones muy fragmentadas en el espacio andino y tiene una fragilidad causada por el hombre que la ha sobre-explotado casi hasta la extinción. Tuvo una disminución continuada por la explotación para uso como combustible para procesar el cobre de Chuquicamata, Chile, bórax o ulexita en Bolivia y purificación del azufre en los dos países, especialmente en la Cordillera Occidental Andina o Volcánica. Su desarrollo es lento y la regeneración natural es muy limitada o casi ausente en zonas donde se han extraído las yaretas. Su hábito corresponde a una planta arbustiva leñosa perenne, que formando almohadillas convexas de color verde intenso, crece principalmente sobre rocas, tiene una gruesa raíz leñosa con forma de un cono invertido, follaje muy compacto con hojas diminutas y apretadas que se observan en la superficie y tienen una forma estrellada, las hojitas son triangulares y carnosas de un milímetro de ancho y largo, con una disposición imbricada formando una estructura dura y masiva.

Estudios indican que la planta de yareta florece después de unos 14 años. Son flores amarillas de pequeño tamaño, en umbelas, que tienen de una a cinco flores. Fruto pequeño, ovoide con costillas. También produce una resina amarillenta que puede encontrarse en la superficie de la planta, especialmente en la época seca, que le proporciona poder calórico, es muy demandada por la población porque tiene varias cualidades medicinales.

Las condiciones climáticas de la macrorregión andina y altiplánica, donde se desarrolla la yareta, son zonas montañosas y que tienen la característica de ser una puna árida en el sur, y semiárida hacia el norte.

En la vegetación del área donde crece destacan plantas de ambientes secos con escasa cobertura de la vegetación debido a las bajas temperaturas y precipitaciones. Entre las formaciones destacan los arbustos resinosos o matorrales abiertos denominados tholas; macollos de gramíneas denominados pajonales; bosques abiertos con árboles dispersos de queñua (especialmente en la zona del Sajama) que alternan con cojines de yareta. La cobertura vegetal disminuye latitudinalmente, es decir, cuando más al sur más baja la cobertura vegetal y baja la precipitación pluvial, el tamaño de las plantas también disminuye y también es reducida la biodiversidad vegetal.

Los yaretales crecen principalmente en las laderas rocosas de las montañas que tienen exposición norte y oeste. Crecen las plantas en forma esparcida con una densidad promedio de unas 70 plantas por hectárea, cubriendo una superficie, en lugares no intervenidos, de un 7% de la superficie. El crecimiento de la yareta es muy lento, estimándose una velocidad de 1.4 mm/año; estimándose que algunas plantas que tienen unos 4 m de largo y 1,60 m de alto pueden tener una edad de más de 4.000 años. La fórmula, extracción intensa/lento crecimiento, precipitó el escenario de su casi extinción especialmente en la zona sur.

Debido a sus características principales: estructura leñosa y ubicación geográfica, se transforma en algún momento en material de combustión utilizado de manera local y doméstico e industrial. Tiene un alto poder calórico, se quema lentamente y casi no desprende humo. El consumo industrial fue muy alto en un pasado reciente. La yareta se utilizaba en caleras, carboneras, borateras y en minas de azufre de Perú, Bolivia y Chile.

Hasta principios del siglo XX, el advenimiento de la expansión económica, expresado en la industria minera local, hizo que su extracción aumentara en intensidad y cantidad, lo cual produjo que en los cerros de la región casi no se dejara rastro de ellas. Las herramientas que utilizaron las cuadrillas, o grupos de “yareteros” durante el periodo de extracción de yareta, no variaron de manera drástica, la pala, picota, chuzo o barreno y hachas se usaron en las labores extractivas.

En el caso de Chile, con la explotación de la yareta en la región de Antofagasta, provincia el Loa en la zona de la mina donde se ubica Chuquicamata, donde se explotaba cobre, la yareta era el material de combustión con una forma de explotación intensiva sin darle tregua al crecimiento de la planta. Se estima que la mina de Chuquicamata, entre los años 1915 a 1958, los calderos de la mina habrían consumido 0,5 millones de toneladas de yareta para derretir el cobre hasta que se agotó. Posteriormente, se explotó la yareta originada en las montañas del territorio boliviano, que era trasladada en camiones, con una capacidad de hasta 10 toneladas. En un taller participativo en la localidad de Quetena Chico, los campesinos indican que “...los chilenos empiezan a ingresar muy seguido y del 40 al 60 han arrasado con plantas (de yareta), pues diariamente salían camiones grandes para la fundición que había en Chile...”.

En vista de su uso indiscriminado en diferentes periodos en el sudoeste de Bolivia, las reservas de yareta de carácter comercial (diámetro mayor a 35 cm) prácticamente se agotaron a mediados del siglo pasado.

Asociado a la utilización de la yareta para la explotación del cobre, se presentó también para la explotación del azufre en la cordillera volcánica Andina.

En cuanto al refinamiento del mineral, podemos señalar que entre los años 1940-1960 el procesamiento con el cual se limpiaba el azufre consistía en fundir el material en hornos alimentados con yareta. La forma en que se realizaba era someter a altas temperaturas el material con el fin de separar el azufre de los otros componentes. La basura o escoria caía, mientras que el azufre puro se separaba. El azufre es utilizado para la fabricación de ácido sulfúrico.

El proceso de lixiviación con ácido sulfúrico es un proceso mediante el cual se trata de disolver el metal valioso de cobre en una solución, la cual es llamada solución rica y es tratada para obtener el metal de cobre casi puro.

Actualmente, las poblaciones de yareta son discontinuas, aisladas, dispersas y de baja densidad en general.

Tomando en cuenta la utilización indiscriminada de la yareta en diferentes periodos y usos, nace la imperiosa necesidad de tomar acciones orientadas a su sustitución como combustible en las industrias de ulexita o bórax y azufre, caso contrario, los miles de años acumulados en la biomasa de las escasas yaretas aún existentes se habrán convertido irremediablemente en humo y cenizas.

Para aumentar la gravedad del problema, en las últimas décadas ha surgido otro tipo de amenaza para los ambientes altoandinos: el calentamiento global. Esta nueva amenaza ha tenido un efecto inmediato sobre la disminución del agua de los glaciares.

Las amenazas indicadas comprometen la integridad funcional de las tierras altas, que dependen de la existencia de suelos estables y de una cobertura vegetal natural íntegra, poniendo en riesgo la complejidad de tipos funcionales e interacciones que ocurren en las plantas, así como el conjunto de la biodiversidad de los ambientes altoandinos.

* Artículo publicado originalmente en la revista Iqueique , año IX, No. 1, del 30 de septiembre de 2022.

“Como leña fue utilizada para los ferrocarriles a vapor especialmente en el siglo pasado y en minería”.

Singularidades de la yareta

Apariencia. Tiene un aspecto extraño como de una película de ciencia ficción, con una disposición apilada de varios cojines verdes redondeados, muy juntos o encima uno de otro cuando la planta es adulta.

Ecorregión. Es una planta adaptada a condiciones de vida extremas que desarrolló características de acomodo en el ecosistema, su propia identidad natural, a través de la evolución de miles de años. Es una de las plantas leñosas que crece a mayor altura en el planeta.

Longevidad. Cada cojín vive cientos de años. Su crecimiento es extremadamente lento. Algunos datos sugieren que los más antiguos ejemplares de yareta son tan viejos como las famosas sequoias. Algunos magníficos ejemplares germinaron y crecieron cuando los egipcios estaban construyendo pirámides y a la fecha aún sobreviven.

Densidad. Una planta sobre la cual uno puede sentarse o pisarla sin hacerle mella. Un explorador de comienzos de 1900 cuenta que un tiro de pistola rebotaba en la superficie.

Usos. Su resina es usada en medicinas tradicionales para la tos y como antimicrobiano. También cura hematomas, inchazones, luxaduras y dolores de muelas. Sus flores en infusión y la resina son excelentes para combatir la diabetes, ya que disminuye los niveles de azúcar en la sangre.

Calidad. Es una planta que en el fuego arden bien o que tienen “buena calda”, que aguantan más o duran más, no se apagan rápido y que puede arder en fresco o incluso cuando está mojada. Casi no genera humo.

Conservación. Está categorizada como especie en peligro en el Libro Rojo de la Flora Amenazada de Bolivia (2012). Enfrenta un riesgo muy alto de extinción en estado silvestre.


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