Campañas electorales

viernes, 25 de octubre de 2013 · 15:23

Machi Mirón

 

Uno de los aspectos que más cambió en este "proceso de cambio” es el hecho de que algunos candidatos ya hubieran comenzado sus campañas a un año de las elecciones presidenciales, algo que nos aconseja  tomar recaudos pertinentes, pues todo parece señalar que llegaremos a los comicios saturados de tanta perorata.                                                    
Como no podía ser de otra manguera, quien comenzó tal jueguito fue el oficialismo al preparar un acto que supuestamente se limitaría a señalar a los que encabezarían sus listas, aunque -dado el bullicio generado por los medios estatales- todo nos llevó a suponer que se trataba de un sonado cierre de campaña.                            
El acto se prolongó a los días subsiguientes, ya que el presidente Evo no dejaba de referirse al tema en cada acto que participaba, lo que no extrañó demasiado pues no éramos pocos los que imaginábamos que las entregas de canchitas de césped sintético se multiplicarían.                              
Aunque nunca pensamos que ya de entradita su excelencia cometería la primera introducción de extremidades inferiores, al ocurrírsele instruir a sus ministros que invirtieran el 50% de su tiempo en apoyar la campaña, pedido que obligó a los aludidos a aclarar cuán sacrificados son, pues trabajan 32 horas y 23 minutos al día.
Justo en esos días llegó la gran sorpresa, por lo menos en La Paz, pues una mañana nos encontramos con una ciudad empapelada con carteles multicolores que aseguraban que hay militares con miedo y militares sin miedo, lo mismo que policías, artistas, profesores, jueces, empresarios y así sustantivamente, como diría don Ramón.                                  
Ante semejante despliegue busqué entre todos estos avisos alguno que mencione a los alcaldes, pero todo fue inútil, ergo -a riesgo de que se me acuse de masista- terminé asegurándome que hay publicidades con ingenio y publicidades sin ingenio. Por lo que reparé en que a veces la falta de miedo puede ser perjudicial.                              
Donde sí entreví mucho miedo fue en aquel funcionario que -dadas las presiones oficialistas para que el gobierno municipal castigue severamente y en dólares a quienes no habían tenido miedo de ensuciar las paredes de la ciudad– aseguraba que se estaba evaluando el daño causado para aplicar la multa correspondiente.                             

Pero hete aquí que la gota que colmó el balde la puso el capo del Movimiento Sin Miedo, quien aseguró que don Evo sólo es el inquilino de la casa de Gobierno, por lo que la ministra de Comunicación lo acusó de racista. ¡Uh carah! ¿No será que ahora se le ocurra iniciarle un juicio sólo para demostrar que también hay ministras sin miedo?

 ¡Uh carah! ¿No será que ahora se le ocurra iniciarle un juicio solamente  para demostrar que también hay ministras sin miedo?

 

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