Coca amarga

Apolo dejó de ser la reserva natural y paradisiaca, para convertirse en “un centro para convertir coca en cocaína”, según el propio Presidente.
viernes, 25 de octubre de 2013 · 15:29

Juan Carlos Salazar
Periodista 

No le debe el nombre al dios de la mitología griega, pero algo tiene de paradisiaca. Las guías de turismo la describen como una región de hermosas llanuras y valles surcados por ríos y lagos cristalinos, flora y fauna exuberantes, con bosques que se extienden desde el Yuyo hasta el Madidi, una zona rica en oro e hidrocarburos y un clima envidiable durante todo el año. Pero Apolo  dejó de ser lo que era.  Ahora, según el propio presidente Evo Morales, "es un centro para convertir coca a cocaína”.

Aphullu pampa ("pampa grande”, en quechua), Phullu pampa ("pampa de toros”) o Polo   pampa ("pampa del tigre”) -sus probables denominaciones originarias- saltó a las primeras planas de la prensa nacional e internacional el 19 de octubre a raíz de un cruento operativo de erradicación de cultivos ilegales de coca. "Es una masacre, cuatro muertos. Es la primera vez que el Estado ingresa a esta zona de Apolo y que se asume una decisión firme de luchar contra el narcotráfico. Éstos son los costos”, resumió el ministro de Gobierno, Carlos Romero.
Esa madrugada, poco antes de que saliera el sol, decenas de efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) ocuparon la comunidad de Miraflores, ubicada a 20 kilómetros del pueblo de Apolo. Llegaron sigilosamente, unos a pie, otros a bordo de vehículos especiales, a través del monte y de la brecha que une a ambas localidades con la misión de erradicar los cocales excedentarios.
Según el Gobierno, los militares fueron "emboscados” por cocaleros "ligados al narcotráfico”, en una acción que dejó cuatro muertos y 14 heridos de bala. "Hay muchos elementos que dan cuenta de la participación de extranjeros. Hemos señalado que se trata posiblemente de súbditos peruanos y si hay colombianos o no, la investigación lo tiene que establecer”, afirmó el ministro Romero, quien informaría después sobre el hallazgo en plena serranía de dos carpas que, a juicio de los fiscales a cargo del caso, pertenecían a un "campamento armado”, donde se habría planificado la resistencia a las labores de erradicación.
El propio presidente Morales dijo que la emboscada tuvo una planificación de tipo militar y que recibió apoyo armado de presuntos traficantes desde el Perú. "Aquí ha habido una planificación militar”, declaró en Tarija. "Hay versiones de compañeros de base, hermanos indígenas y de algunas autoridades sobre reuniones en zonas fronterizas, de cómo se habría trasladado armamento del lado peruano”, agregó. Sin embargo, en una declaración posterior, dijo desconocer la supuesta presencia de cárteles de la droga  en la región.  "No sé si son cárteles, la investigación lo demostrará”, sostuvo.
Los pobladores de Miraflores dieron otra versión de los hechos. Según su testimonio, los militares allanaron sus viviendas, maltrataron y vejaron a sus mujeres y provocaron a los comunarios, pero no supieron explicar  las circunstancias en que se produjeron las bajas, todas del bando militar y ninguna de la población civil.  "Algunos estaban vestidos de civil para que nosotros nos confundiéramos y nos agarraran, entonces entre ellos han comenzado a pelear”, declaró uno de los pobladores, Jorge Cubo. La misma versión sostuvo un dirigente de los cocaleros de la región, Hernán Salas, quien declaró a radio Fides que los policías y militares "entre ellos han peleado y entre ellos se han disparado”.
De acuerdo con el maestro de la escuela local, René Cuqui, los militares ingresaron a las casas por la fuerza, mientras las mujeres y los niños descansaban. Dijo que los sacaron a empujones y les hicieron formar contra los muros de la escuela.
"Estábamos durmiendo, escuchamos ruido abajo, reventaba el gas y en una casa nos hemos encerrado entre varias mujeres y niños. Policías, con diferentes armas, por la ventana el gas lo metieron, han pateado la puerta y han entrado a la casa, a los niñitos de sus manos los han sacado, los han botado”, relató a su vez una de las mujeres, Lía Sullka Llipachi, al enviado de Página Siete, Sergio Mendoza.
Lía dijo que los efectivos de la FTC les ordenaron que se bajaran sus "faldas y sus interiores” y se llevaron detenidos a sus esposos. Algunos comunarios que se encontraban trabajando en un monte próximo, al escuchar el alboroto bajaron a la cancha de la escuela para ver lo que sucedía. "Al ver a las mujeres y a los niños lo grave que lloraban, ya no se podía aguantar, entonces hemos agarrado nuestras armas, ondas, machetes y palos para defendernos, pero se han escapado a una casa”, declaró Jorge Cubo.
Fue el momento en que, según Cubo, los efectivos empezaron a lanzar gases lacrimógenos. Aprovechando la situación, las mujeres y los niños se escaparon y llegaron más comunarios. Los militares se tumbaron al piso y comenzaron a disparar.
El líder de los cocaleros de Apolo, Gregorio Cari, declaró a la agencia Associated Press (AP) que los productores vigilaban sus tierras para evitar que las tropas destruyeran los sembradíos de coca y que los agentes lanzaron gases lacrimógenos y dispararon a las casas de sus compañeros.
"Tengo el informe que los compañeros han sido provocados”, afirmó, pero no respondió a la acusación de que los cultivadores usaron armas de fuego.
Morales eximió de toda responsabilidad de la violencia a los productores de coca al afirmar que sus "hermanos” campesinos "nunca planifican acciones de carácter militar”. "Sigo convencido, después de algunas informaciones preliminares, de que hay extranjeros que están operando, utilizando a algunos dirigentes (campesinos), lamentablemente”, declaró en Tarija.
Morales dijo que, durante mucho tiempo, Apolo "era intocable, nadie podía entrar” sin correr riesgos, pero que era obligación del Gobierno "sentar presencia del Estado, soberanía en esas fronteras” con Perú. "Seguramente esto nos va a obligar a  trasladar a algunos regimientos o crear puestos militares en las fronteras”, agregó. Admitió que, tras el sangriento operativo de Apolo, "tenía mucho miedo que algunos militares y policías reaccionen por sus camaradas muertos”.
El Mandatario admitió que la política de erradicación "concertada” de los sembradíos excedentarios no ha tenido éxito en Apolo debido a la resistencia de algunas comunidades. Morales  destacó que su Gobierno logró acuerdos con el 80% de los productores, pero  que "un grupo minoritario no quiso ni concertación, menos registro”, lo que le pareció "algo sospechoso”.  "No podemos aceptar que haya libre cultivo de coca, ni permitir la libre plantación porque sabemos que una parte se desvía” al narcotráfico, subrayó.
Gregorio Cari  se quejó del trato que reciben los productores de Apolo de las autoridades gubernamentales. "Hay muchas diferencias con nuestro sector. El Gobierno nos acusa de opositores y por eso recibimos malos tratos, siendo Morales un cocalero como nosotros”, declaró a la agencia Associated Press. "Difícil entender para los pobladores de Apolo que ellos deben cumplir la ley y erradicar, mientras que en el Chapare no erradican y se los protege”, comentó a su vez Samuel Doria Medina.    

La emboscada de Apolo trajo a la memoria los "cazabobos” del Chapare. El Movimiento Al Socialismo (MAS) pidió no comparar Apolo con Chapare. ¿Qué cuando Evo Morales era dirigente cocalero (sigue siendo) no usaban armas letales? ¿Y los cazabobos?", preguntó el analista Andrés Gómez Vela en su cuenta de Twitter. "Escucho en Erboldigital a Humberto Flores, hijo del dirigente cocalero de Apolo Julián Flores, y es como si hablara Evo Morales hace años”, comentó en otro mensaje. Cosas del tiempo.

La emboscada de Apolo trajo a la memoria los "cazabobos” del Chapare. El Movimiento Al Socialismo (MAS) pidió no comparar Apolo con Chapare...

 

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