Morir en Apolo

Las muertes son sólo eso: el recuento de las acciones. En el caso de Apolo es más evidente que nunca.
viernes, 25 de octubre de 2013 · 15:31

Isabel Mercado
Periodista

El Doqui  tuvo que quemarse las pestañas durante más de 10 años para aprender a salvar vidas. Eran las vidas de otros, claro, quizá por eso no pudo con la suya.

Michael Olivares, el Doqui, graduado de la Universidad de San Simón de Cochabamba en 2010 como médico cirujano, había hecho su año de provincia en Chimoré, en el trópico cochabambino. Fueron unos pocos meses, pero los suficientes como para establecer lazos con ese paraíso terrenal llamado Chapare.
Quiso volver, y nada más oportuno que el contrato que se cerró el jueves 17 de octubre de 2013 que  lo convirtió en miembro de los Servicios Médicos en Campamento de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) del Chapare. Su tarea era cuidar la salud de los integrantes del cuartel antidroga de Chimoré; pero, ni bien hubo terminado de tomar el pulso a los soldados, vino la primera misión: acompañar al grupo de erradicadores a Apolo en la región de los Yungas de La Paz, el sábado 19 de octubre.
Olivares no sabía mucho de viajes ni incursiones militares, así que cargó con lo que creyó necesario en el maletín de médico que era parte de su indumentaria diaria. No se preocupó por los cascos ni los chalecos antibalas (nadie lo hizo, en rigor).
Sintió, sin embargo una pequeña incomodidad: "Tengo miedo”, le dijo a Mayomi, su esposa, en la última comunicación que mantuvo antes de que una bala le sellara la frente. Se habían casado hace pocos meses y tenían un bebé recién nacido.
Tenía miedo. Y el miedo se siente, se huele;  se hermana con lo desconocido.
Otros, sin embargo, se fortalecen en el miedo, aprenden a acariciarlo todos los días, con la paradójica esperanza de que no sea el último. El subteniente Óscar A. Gironda Porrez, el policía Jhonny Reynaldo Quispe Chura y el suboficial Willy Yucra Mamani, también ingresaron a Miraflores con temor. Se olía. No era una erradicación más.

Miraflores, un camposanto
A 20 kilómetros de Apolo está Miraflores. Allí se concentró la misión de erradicar cultivos ilegales de coca que hace tiempo ya dejaron de ser "excedentarios” para convertirse en "totalitarios”; es decir, perdieron toda racionalidad para copar prácticamente todo el vasto territorio de la zona de Apolo, que, además es una reserva natural, presuntamente protegida por el Estado.
La región, que forma parte de los espacios legales de cultivo de la hoja para el consumo tradicional, hace años que es un foco de conflictividad y riesgos. Riesgos que al parecer se subestimaron al enviar una tropa militar que fue recibida con disparos mortales.
¿Fueron esas mismas tropas, con sus muertos a cuestas, las que inmediatamente acometieron contra la población civil en Miraflores, reprimiéndola con una ferocidad que sólo tiene  antecedente en Chaparina?, ¿fueron cocaleros los que "esperaron” la llegada del destacamento militar para acabar con sus integrantes?, ¿hay grupos irregulares en la zona que operan con el narcotráfico dando uso a esa coca que excede cualquier cálculo posible? Son, por supuesto, más las preguntas que las respuestas. Y las que se dan, no consiguen satisfacer las dudas. ¿Si existen campamentos armados, como sostuvo el ministro de Gobierno, Carlos Romero, es solamente ahora, con más víctimas, que se descubren?, ¿cuántas facciones de cocaleros existen en la región de Apolo que alimentan una guerra interna que ahora sólo muestra sus primeras evidencias?

La violencia puertas adentro
La muerte es su expresión más cruda. Pero, la violencia tiene mil rostros. Unos peores que otros.
A las cinco y media de la mañana las familias de los productores de coca se aprestaban para desperezarse cuando fueron sorprendidas por la presencia de los erradicadores. "Estábamos durmiendo y se entraron a mi casa, a mí me patearon, me empujaron y   mi esposo se escapó arrastrándose. Luego,  para proteger a mis hijos, yo me escapé junto a mis hijos a mi huerta”, cuenta una mujer cocalera.
En medio de todo este infinito misterio, no se sabe si fue antes o después de la muerte de los cuatro integrantes de la  FTC; tampoco se sabe si era parte de la orden o si los colonizadores de estas casuchas de Miraflores fueron "seleccionados” para ser reprimidos. Se sabe tan poco...
Dicen los testimonios que los erradicadores arrearon a las mujeres como si fueran animales de casa en casa hasta llegar a "amontonarlas” en la escuelita. "Nos amontonaron a todas, ahí nos dijeron ‘éste es el voto de Evo Morales, ahora voten por Evo Morales’, nos hacían hacer flexiones, nos hacían saltar como a soldados, nos gasificaban, nos decían ‘sáquense sus ropas, sáquense sus calzones, esto es el Evo, esto su Presidente les mandó’, así se expresaban”.
Se sabe muy poco.

Los muertos de la erradicación
El Doqui  Olivares, el policía Quispe y los militares  Yucra y Gironda murieron en Apolo. Con todo, no son las primeras víctimas de la campaña de erradicación que intenta el actual Gobierno. Ya en  septiembre de 2006 dos campesinos murieron, varios fueron heridos y siete policías tomados como rehenes en un enfrentamiento armado entre agricultores y fuerzas de la Policía y el Ejército en el Chapare.
La muerte de los agricultores fue confirmada el 30 de septiembre por el entonces comandante de la Policía de Cochabamba, Raúl Benavente. Éste dijo que el enfrentamiento se produjo cuando efectivos de la Fuerza de Tarea Conjunta fueron "emboscados” por gente del lugar cuando se aprestaban a iniciar su labor de destrucción de cocales.  
¿Se trataba, entonces, de grupos irregulares?, ¿existe la probabilidad de que, también en el Chapare, existan grupos armados desde 2006?

El único obituario
Tenían destino. Las balas que se dispararon tenían ya previsto su trayecto y cuando impactaron en los cuerpos habían, de antemano, cumplido su cometido.

No se sabe quién las ayudó a hacerlo. Si fue trampa, emboscada o enfrentamiento. Es un misterio,  y aunque se clame justicia y se discutan versiones, poco importa ya: son las víctimas, las que  fueron elegidas por las balas y su destino para quedar allí, en lo que se creyó era una misión y terminó siendo una guerra que, como todas, tiene sus muertos.

¿Fueron esas mismas tropas, con sus muertos a cuestas, las que  acometieron contra la población en Miraflores, reprimiéndola con una ferocidad que sólo tiene  antecedente en Chaparina?

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