Fin del sistema de seguridad

El autor reflexiona sobre el nuevo rol que le corresponde a las Naciones Unidas para preservar la paz mundial, además de las reformas en su Consejo de Seguridad.
viernes, 25 de octubre de 2013 · 15:15
Si este 2013 no tiene cambios trascendentales hasta que finalice, se lo podrá calificar como uno de los más difíciles desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, que generó no solamente una histeria colectiva semejante al  ataque a  Pearl Habor, sino también más de 3.000 víctimas en los atentados, las guerras de Irak, Afganistán, la de Siria y todas sus consecuencias devastadoras en la economía mundial.
¿En qué fundamento el supuesto fin del vigente sistema de Seguridad Colectiva implantado en el planeta al finalizar la Segunda Guerra Mundial con la Asamblea General de la ONU y el Consejo de Seguridad, representado por las cinco naciones triunfadoras en esa conflagración bélica?
Considero que la seguridad colectiva nacida de las conferencias de Yalta, Teherán y Postdam, entre 1944 y 1945, ha sido derogada en la práctica y será reemplazada por una remozada ONU ya que el derecho a veto del Consejo de Seguridad impidió castigar a Al Asad y el delito del uso indiscriminado de la fuerza en contra de su inerme población en el atentado del 13 de agosto de 2013 en el que murieron más de 1.300 personas por el ataque con gas sarín.
Y ahora, ¿que van a hacer los amantes de la paz, incluido el papa Francisco, Bill y Hillary Clinton, el expresidente Carter, Malala de Pakistán y una larga lista de estadistas, gobernantes, primeros ministros, organismos no gubernamentales y ciudadanos de a pie que están en contra de la guerra como instrumento para allanar las diferencias?
¿Qué vamos a hacer ahora que Vladimir Putin se ha desenmascarado para favorecer con sus acciones en el Consejo de Seguridad a Al Asad, Kim Jong II, Irán y su programa de enriquecimiento de uranio y los pocos pero fuertes países bolivarianos que son rebeldes no sólo al orden mundial, sino también a la convivencia civilizada de los seres humanos?
Pienso que si el Consejo de Seguridad (excluida Rusia), es decir Estados Unidos, Inglaterra, Francia y China no se ponen las pilas para rediseñar el hueco en el sistema de seguridad colectiva, la falta de castigo a Al Asad determinará la emergencia indeseada de una nueva pero diferente Guerra Fría en la que nuevos dictadores sanguinarios seguirán atentando contra la estabilidad y la paz y nos podrían llevar a la antesala de otro gran conflicto internacional.
La propuesta para reformar a las Naciones Unidas  debe considerar ampliar el Consejo de Seguridad de  los actuales cinco miembros a 10 permanentes, es decir uno más por continente. A saber: Japón por Asia, Brasil por América, Sudáfrica por África, Alemania por Europa y Australia por el continente integrado por Australia y Nueva Zelanda. Los miembros no permanentes deberían pasar de los 10 actuales a 15 miembros no permanentes, a partir de la Asamblea General de 2014, y ampliar sus funciones de los actuales dos a tres años.
Los 15 miembros no permanentes adicionales deberían ser escogidos bajo el criterio de cantidad de población, crecimiento económico e influencia política, económica y social de esa nación en su región.
De esa manera, se podría  pensar en que América esté representada por tres países: Canadá, México y Chile; Europa por Italia, Holanda y España; África por Egipto, Tanzania y Nigeria; Asia por India, Indonesia e Israel y Nueva Zelanda, dejando a elección de la Asamblea General a dos naciones que podrían ser países árabes entre los que podrían estar Irán, Arabia Saudita o Pakistán.
Asimismo, el derecho a veto debería ser eliminado definitivamente del Consejo de Seguridad, reemplazándolo por la adopción de una mayoría calificada de siete votos (sobre 10 posibles) para adoptar resoluciones sobre asuntos muy importantes como intervenciones armadas por razones humanitarias, sanciones económicas, políticas, económicas y militares y otras que apruebe la Asamblea General por encargo de los más de 200 países miembros.
La paz mundial debe seguir siendo el objetivo primordial de las Naciones Unidas, pero una paz cimentada en la convivencia pacífica y  civilizada de las naciones, el respeto a las diferencias sociales, económicas, políticas y religiosas de los países, así como la proclamación y el respeto a los derechos civiles, sociales y políticos de nuestras poblaciones.

 Sólo la reforma del Consejo de Seguridad y su ampliación a 10 miembros permanentes y 15 no permanentes  sentará las bases para lograr dicho objetivo humanitario definitivamente y otros que pudieran surgir en el camino.

La paz mundial debe seguir siendo el objetivo primordial de las Naciones Unidas, pero una paz cimentada en la convivencia pacífica y  civilizada de las naciones.

 

Confidencial

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