Cosas de ciudadanos

¿Cumpliendo obligaciones o defendiéndonos del Estado?

viernes, 08 de noviembre de 2013 · 18:00
Es más bien frecuente que ciertos remedios sean peores que las enfermedades que los inspiran.
La informalidad de los ciudadanos con el cumplimiento de, por ejemplo, sus obligaciones tributarias originó, en su momento, que se diseñaran estrictas medidas de fiscalización que ayudaron, por un lado, a mejorar los ingresos del Estado por concepto de pago de impuestos y, por otro, a  educar a los ciudadanos sobre esta obligación.
 Sin embargo, algo se perdió en este trayecto y al parecer fue el equilibrio.
Sucede que considerando que el universo de contribuyentes no se ha incrementado, las estrictas normas que deben atender los contribuyentes (profesionales y asalariados especialmente) en el pago de sus impuestos -por salarios u otros ingresos- son cada vez más "persecutorias”.
Hay varios ejemplos. Una ciudadana denunció a Página Siete hace pocos días que fue sujeta a una fiscalización por sorteo en la empresa en la que trabaja y aunque no se la encontró culpable de delitos como la compra de facturas falsas, tuvo que pagar una onerosa multa por facturas que no podían ser "cruzadas” por el Servicio de Impuestos Nacionales, ya sea porque las mencionadas empresas no existen o porque no se podían subsanar los errores.
 Hay más ejemplos, como errores en el llenado de formularios y otros que son objeto de onerosas multas que no sólo deben ser pagadas sin derecho a réplica o corrección de parte del contribuyente, sino que son objeto de intereses diarios en caso de demora en su pago.
Siempre que hay derechos, deben haber obligaciones; y el país claramente ha evolucionado positivamente en el empoderamiento por parte de los ciudadanos de sus derechos y en la demanda al Estado para garantizarlos; pero, claro está, se debe también exigir el cumplimiento de obligaciones.
Sin embargo, las medidas que se adopten para ello debieran ser formuladas y aplicadas con el equilibrio que se precisa para no convertirse en expresiones policíacas, persecutorias y autoritarias que ponen al Estado no como el protector del ciudadano que debiera ser por definición, sino como el enemigo del cual hay que cuidarse.
Otro ejemplo es el del criticado "impuesto a los regalos”, que obligará a todo pasajero que ingrese al país a tributar sobre los obsequios que traiga para sus familiares, esto con el objetivo de "combatir el contrabando hormiga”. ¿Remedio o enfermedad?

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