Ensayo

Periodismo cultural en la era de las posibilidades

Fragmento de la ponencia presentada en Recargados. Literaturas marginales y cibercultura, encuentro efectuado en días pasados en Sucre.
viernes, 8 de noviembre de 2013 · 19:16
 Gabriel García Márquez nunca utilizó una grabadora para hacer una entrevista periodística y confió siempre ciegamente en su memoria y los apuntes que alcanzaba a esbozar mientras charlaba con el interlocutor de turno.
Jesús Urzagasti, gran escritor y no menos notable periodista cultural boliviano, comentaba que le costó mucho pero logró finalmente hacer la transición de la máquina de escribir -con la que se inició en la redacción de Presencia en los años 70- a las precarias computadoras con disquete, primero, y luego a las PC.
No es que el Nobel colombiano repudie la tecnología, o que en algún momento el vate chaqueño haya dejado de disfrutar del sonido de las teclas; simplemente, cada uno siguió su instinto, se decantó por lo que, en su momento, más le convenía en términos de eficiencia y garantizaba mejor la calidad de su trabajo.
Y es que creo que de lo que se trata es de adaptarse a las posibilidades que da la tecnología de cada época, aprovecharse de éstas, servirse, apoyarse… sin que ello signifique -valga la aclaración- renunciar a las bondades insustituibles de lo viejo y lo convencional: hojear de adelante hacia atrás y de atrás para adelante una buena novela, disfrutar del olor, la textura y otras sensaciones fetichistas del libro impreso; o, por poner otro ejemplo, escribir poesía a lápiz y papel.
Al hablar de suplementos literarios en la era digital, o lo que es lo mismo ¿cómo los avances tecnológicos afectan a la relación periodismo-literatura?, se me ocurren algunos factores y variables que paso a detallar, siempre a partir de la experiencia personal de siete años en el periodismo cultural.

I Posibilidades infinitas de acceso a la información y a las fuentes
Aunque ejercieron con varias décadas de diferencia, ¿podrían acaso Urzagasti o el Gabo, en sus años de reporteros, entrevistar a literatos o artistas no de otros países… siquiera de otras ciudades, sin moverse de sus escritorios, en pocos minutos…; procesar al instante el material, encontrar información de contexto y antecedentes, elegir de entre miles de fotografías de archivo, enmarcar el trabajo en un formato periodístico premaquetado e instantáneo, enviarlo a prensa y verlo en sus manos a primera hora del día siguiente?
Hasta hace no muchos años era necesario todo un despliegue planificado y coordinado, junto a dosis de buena suerte, cuando no recursos económicos y humanos a disposición, para lo que hoy en día está al alcance de un teclado, un click y una buena conexión online.

II Posibilidades infinitas de llegada a los lectores
Luis Antezana dirigió en los años 70 la célebre revista literaria Hipótesis. Nunca fue fuerte de Bolivia el contar con una buena red de librerías, así que entonces Cachín y Gustavo Soto recurrieron a un método decimonónico que aún entonces estaba en vigencia: la distribución por correo vía suscripción.
¿Cuánta gente se suscribiría mensualmente a Hipótesis?... es más, ¿cuánto de tiraje tienen hoy en día los suplementos culturales dominicales…  o las revistas independientes? En contrapartida, ¿cuánta gente puede acceder hoy en día a una página web, un blog literario bien surtido, bien promocionado y con la suficiente calidad para ser comentado y recomendado? Las posibilidades, con esta última herramienta, se incrementan exponencialmente.

III Posibilidades de promoción, generación de lectores potenciales
Mientras escribo estas líneas, abro una ventana de internet, ingreso a Twitter y Edmundo Paz Soldán, a miles de kilómetros de distancia, en Ithaca, Nueva York, comparte desde su cuenta @edpazsoldan "la delicia de releer los cuentos de Rubem Fonseca”.
Poco antes, promocionaba un artículo suyo sobre el libro David y Goliat, de Malcolm Gladwell, y remitía al blog elboomeran.com para leerlo completo; y poco después, por la misma red social, intercambiaba expectativas con el escritor cruceño Maximiliano Barrientos (cuya cuenta es @Hotel_insomnio) sobre la nueva película de Juan Carlos Valdivia.
"Antes, para tener referencias de lo que pasaba afuera, en cuanto a libros, autores o tendencias del mundo de las letras y las artes -me dijo una vez el buen Jesús Urzagasti- tenía que esperar que una o dos veces al año algún amigo me traiga periódicos o revistas de Argentina o México”.
Y ni qué decir de cómo y con cuánto de retraso se enteraban, en décadas pasadas, los lectores bolivianos, de cómo les iba a los pocos escritores nacionales que cruzaban las fronteras.

IV Negar, rechazar o limitar a la tecnología, otra posibilidad
Pese a las indudables ventajas, no todos comulgan por completo con las innovaciones que la era digital aportó a las letras o al periodismo.
El español Javier Marías es conocido por ser uno de los pocos autores de primera línea que confiesa abiertamente su aversión por la tecnología y que no pierde la oportunidad de contar que no sólo no le gusta navegar en la red, sino que sigue redactando en máquinas de escribir eléctricas (que compró por docenas, repuestos y todo, cuando era inminente que dejarían de fabricarse).
Más allá de los suplementos literarios o páginas culturales de periódicos, que con todas sus limitaciones permiten de todas maneras la difusión de lo que hacen o les pasa a unos pocos privilegiados, ¿qué de los lectores de a pie que no siempre pueden comprar uno o varios ejemplares… o desde el otro lado, ¿qué de los literatos que no tienen libre acceso a estos formatos?
El escritor alteño Roberto Cáceres parte de esta premisa para definir y defender al blog literario: "su mayor utilidad -dice- es ayudar al escritor a escribir mejor, y a opinar y expresarse sin necesidad de ir a tocar las puertas de los periódicos y sin el peligro de que le censuren”.
Pero si entendemos a los blogs literarios como revistas virtuales, podemos hallar no sólo pros, sino también varios contras.
La escritora cruceña Giovanna Rivero me dijo, en una entrevista de mayo de 2007:
"Me resisto a crearme un blog. Es un último gesto de privacidad, como el acto instintivo de  cubrirse los ojos para que la luz no golpee la retina. Creo que no toleraría el contacto permanente, cotidiano con los potenciales lectores. Quizás se trata de una sociopatía o fobia a la vida mediática… pero, por otro lado, tampoco toleraría entrar a mi blog y descubrir que nadie lo ha visitado, que ningún alienígena de la blogósfera se ha interesado por explorar mi mundo”. Han pasado seis años e ignoro si desde entonces Giovanna cambió de opinión.
Finalmente, otro "contra” o desventaja de la tecnología ligada a la literatura es la ligereza y la ausencia de filtros y autocensura. Humberto Quino opina: "Los blogs abrieron un compartimiento de la realidad donde anidan los bienintencionados (los que fabrican revistas con indigestas lecturas), los exhibicionistas suburbanos, los ególatras de corcho y otras aves de mal agüero”.

"Recobrando la noción -continúa Quino- de que la escritura es un arduo trabajo, hecho con paciencia y hasta dolorosamente… raras veces con alegría, dudo que el libro o las publicaciones literarias sean algún día sustituidos por los blogs o cualquier engendro en soporte digital”.

 Martín Zelaya Sánchez

 "Pese a las indudables ventajas, no todos comulgan por completo con las innovaciones que la era digital aportó a las letras o al periodismo”.

 

 

 

 


   

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