Análisis

Élites decadentes

Ayo afirma que perseverar en la dicotomía entre élites criollas decadentes antagónicas a élites aymaras e indígenas audaces es inexacto.
martes, 19 de noviembre de 2013 · 10:47
Diego Ayo
politólogo
 
Empieza a ser muy usual hablar del despegue económico de nuevas élites de piel morena. Ello definitivamente merece ser relevado.  Y es que en verdad hay un conjunto de nuevas y audaces élites andinas que van copando el mercado con múltiples tentáculos que tienen presencia en mercados de Shanghái, Arica y/o Miami con la misma intrepidez que alcanzan mercados internos desde la Zona Franca en Pando hasta Villazón, pasando por la Huyustus, el Barrio Bonito en Santa Cruz o la Cancha en Cochabamba.
 Sorprendente, sin dudas, más aún si a esta nueva geografía económica se agrega la Feriada de la Salada en Buenos Aires, cuyos comerciantes andinos suministran mayoritariamente los alimentos para esta populosa ciudad. 
Sin embargo, esta realidad de incuestionable empoderamiento económico aymara/quechua, viene de la mano de una tesis no menos contundente: las élites tradicionales criollas, en este escenario de despunte andino, no pueden ser otra cosa que "élites decadentes”. Sí, al hablar de ellas se hace referencia a aquellas élites, cuyo único "mérito” habría residido en lucrar del Estado durante más de medio siglo desde la Revolución del 52 y  que hoy estarían en retirada.
 Si ha habido algo que ha popularizado esta imagen dual –élites en ascenso frente a élites decadentes- es la excelente película de Juan Carlos Valdivia, Zona Sur, cuyo guión gira en torno a la compra que una señora de pollera hace de la mansión de una señora de clase blanca. Esta última quebrada y su par andino en un estado de auge económico ascendente. 
¿Real? Claro, pero no por ello extrapolable a otras familias de similar extracción. En verdad, esta imagen visualizada de forma fascinante en el filme de Valdivia termina convirtiéndose en una caricatura sólo parcialmente cierta. Empero, cabe enfatizar que lo que proyecta Zona Sur ha generado algunos seguidores no sólo en el mundo del audiovisual sino en el mundo académico. Acaba de publicarse bajo el auspicio del Programa de Investigaciones Estratégicas de Bolivia, el PIEB, el libro coordinado por el antropólogo Nico Tassi, Hacer plata sin plata, que alienta esta tesis: nuevas élites intrépidas surgen en forma simultánea al declive de otras "élites decadentes”. 
¿Cuán cierta es esta postura? Considero que el concepto de élites decadentes suena más a recurso conceptual arguediano -recordemos el "pueblo enfermo”- que a una categoría elaborada a  base de datos empíricos. Un espíritu arguediano a la inversa: si antes los "enfermos” eran los indígenas, hoy los "decadentes” son esas élites criollas. No hay duda que el concepto gusta, en especial en círculos autoproclamados como progresistas. Sin embargo, cabe mencionar que muchas de esas élites decadentes gozan de muy buena salud y han logrado incursionar en múltiples actividades lucrativas: nuevas empresas cerveceras, por ejemplo Saya Beer; empresas de servicios de belleza desde clínicas de transplante de cabellos –Hair Recovery- y/o ropa de exportación con atuendos típicamente andinos, por ejemplo Artessano y/o empresas constructoras desperdigadas por todo el país, todas ellas manejadas por estos decadentes ciudadanos.
En mi criterio, como se dijo, la notable película de Valdivia Zona Sur termina siendo un poco estereotipante. Yo creo que si habría Zona Sur 2, la misma señora decadente invertiría su plata en montar un gimnasio, hacer un edificio en San Miguel o algo así pero no se la comería o chuparía. Creer ello es puro prejuicio. En suma, faltan datos que muestren una imagen más compleja y real, evitando la caricaturización realizada más ideológica o de deseo, que verdadera. 
Concluyo afirmando que si "antes” la economía tenía rasgos dominantes monoétnicos –de esa casta criolla que los autores del libro mencionado citan como decadentes-, hoy la realidad es menos compacta. Es una realidad más diversa. No es nuevamente monoétnica, aunque del lado aymara/andino, como parece mostrar el trabajo citado. No, lo que se ve es que sí estamos a puertas de consolidar una economía plural. Muy diferente de  como quiso delinearla el MAS, pero no por ello menos versátil. 
Se trata pues de una economía que se ha vuelto pluriétnica –diversos grupos socioculturales que lucran en diversos nichos- y sólo tenuemente interétnica  –sociedades empresariales entre aymaras y criollos, por ejemplo-, pero no de supremacía de algunos audaces frente a otros en retirada. 
Creo que perseverar en esa dicotomía entre élites criollas decadentes antagónicas a élites aymaras e indígenas audaces es, no sólo inexacta, sino peligrosa. Evita visualizar la verdadera contradicción existente que no es entre criollos decadentes e indígenas prósperos sino entre aquellos ricos y aquellos pobres, sean de la extracción socioétnica que sean, con especial énfasis, por la novedad, en la relación existente entre ricos de piel morena frente a muchos pobres con similar tonalidad pigmentocrática. 
Un racismo invertido, aunque sugerido elegantemente a través de textos académicos, puede terminar por invisibilizar este riesgo real.

Un espíritu arguediano a la inversa: si antes los "enfermos” eran los indígenas, hoy los "decadentes” son esas élites criollas.

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