Poesía

Osorio, las gordas y las Magníficas

El autor, uno de los más reconocidos críticos de poesía en el país, elogia el nuevo libro de un joven vate orureño.
miércoles, 20 de noviembre de 2013 · 12:40
Juan Carlos Ramiro Quiroga
 Escritor
 
1. Acaso nunca aconsejé en vida leer un libro. Lo hago ahora. Las Magníficas -lo excelso del branding & merchandising de belleza en Bolivia- deberían leer el libro Yo, gorda (Santa Cruz de la Sierra, El Deber, 2013), del poeta P.E. Osorio A. ¿Por qué hago este pedido? No lo sé. Quizás porque tiene el toque de clase de un producto sofisticado y delicado para este sector.  No lo digo por ironía.

 
2. Si la ciudad de Santa Cruz de la Sierra es por antonomasia la plataforma de la moda y belleza de Bolivia. Yo, gorda le viene como anillo al dedo o como una corona a la reina o como un bouquet a la casadera. No es más que el libro de una estética de conducta, el manual secreto, la regla de oro, ese perfume delicadísimo que esconde en su bolsón, no alguna modelo, sino "la” modelo. Tal vez Kim Kardashian o Sofía Vergara, divas de la voluptuosidad o del reposo.
 
3. Alguna vez, todas, absolutamente todas las mujeres han fatigado algunos gimnasios en procura de tener el cuerpo dotado de hermosura, sinuoso, sensual. Ninguna se ha sustraído a este desfallecimiento femenino, y han fatigado los espejos al tratar de encontrar o detectar aquellos defectos del cuerpo: esa llantita, ese rollito, esas feas estrías en la piel se han convertido en cuestión de Estado.
 
4. Yo, gorda va por ahí. Primero es un diario personal. Luego un marketing estético. Y, finalmente, un guión de belleza. Al parecer, el libro de Osorio tiene un único fin: quemar grasas corporales, rebajar de peso, y adelgazar en tiempos de obesidad o bonanza. ¿Cómo se hace o se logra eso? 
 
5. Desde el punto de vista personal, Yo, gorda es una batalla perdida, fatalista, casi mítica, contra la gula -uno de los pecados originales- a través de dietas rigurosas. La pérdida de peso se planta como un ideal a alcanzar, pero que los ajetreos de la existencia balancean en su justa medida. En realidad, quien quiere enflaquecer no quiere hacerlo. Es un pretexto poético para permanecer en el anonimato, acomodado en el no-ego de las masas sociales. No hay compromiso porque hay estabilidad, modorra y hasta cierto bostezo.
 
6. Desde la perspectiva estética, Yo, gorda oferta el principal producto de la belleza humana: la templanza, continencia, abstinencia corporal. Es decir, el fascinante mecanismo del adelgazamiento. Está mostrado ahí como la tierra prometida, como el lugar de las realizaciones plenas para aquella desdichada que no soporta su humanidad: es decir, la imagen que uno desea tener y poseer por siempre. La mayor empresa poética para quien pretende enflaquecer sería desaparecer, como Felipe Delgado. 
 
7. Desde la línea de la belleza, Yo, gorda deja en claro que pertenece al imperio de los sentidos y del deseo. Enmarca o empaqueta, con precisión de un cirujano plástico, todos los avatares y sufrimientos a los cuales se enfrenta quien desea quemar grasas, quien ha hecho de la pérdida de peso el más alto significado de su existencia. No obstante, el desdén y la degradación corporal exceden en aquel proceso de las realizaciones poéticas.
 
8. En la línea de ¡Oh hada cibernética! de Carlos Germán Belli, aunque con claras diferencias, Yo, gorda pertenece a los grandes libros de la poesía. No sé si es perfecto, no sé si es fascinante, pero algo me dice que tiene esas cualidades poéticas de sobra. Dios sabe que cuando leí por primera vez los poemas de Osorio, en hojitas que me proporcionó Jessica Freudenthal, quedé impactado no sólo por la concisión de sus palabras, sino por el tratamiento pulido del tema a través de la ironía. "Éste es el diario íntimo de Las Magníficas”, me dije aquella vez.

 
9. No recuerdo cómo conocí a Osorio. Alguien me llamó, no sé si fue él en septiembre de 2009. Cuando lo vi en la ciudad de La Paz sólo quería hacerle comer unos bifes a las brasas. No quemar grasas, sino aumentarlas. Y pasé un mediodía increíble a su lado, bebiendo una jarra de limonada, y con la sorpresa de que había nacido en Oruro, que era amigo de Sergio Gareca, y que trabajaba en la ciudad de los anillos, desde la juventud. Mi admiración por su poesía siempre fue sincera.
 
10. Osorio ha nacido en Oruro en 1985 y radica en Santa Cruz de la Sierra desde 2006. Ha sido incluido en la antología Cambio climático, panorama de la joven poesía boliviana (primera edición: Fundación Simón I. Patiño, La Paz, abril de 2009).

Confidencial

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