Entrevista

La persona que buscaba Sanjinés

Díalogo con Reynaldo Yujra, protagonista de La Nación Clandestina, la mejor película de Jorge Sanjinés.
miércoles, 20 de noviembre de 2013 · 12:01
Rafael Archondo
periodista.
 
Tejiendo Bolivia – ERBOL

Reynaldo Yujra es el principal actor de la mejor película de Jorge Sanjinés. Se trata de La Nación Clandestina, filme en el que Yujra interpreta el papel de Sebastián Mamani, un aymara que intenta eludir la discriminación mudando de apellido. Esta fuga de la identidad comunitaria lo conduce a cumplir un castigo: bailar hasta la muerte. La escena final es simplemente magistral: Sebastián se reinserta en la sociedad que lo ha sancionado, tomando la forma de asistente anónimo a su propio entierro.  En ERBOL recordó sus primeros pasos en el universo del cine. 
¿Cómo fue su infancia y juventud?
Nací en Carabuco, en la provincia Camacho del departamento de La Paz. Viví en la pobreza,  a orillas del lago Titicaca. Lo que pescábamos no era para nuestro alimento, era para intercambiar en las comunidades cercanas. Mi mamá llevaba el pescado para la gente que es "de tener”. En el campo, no todos somos iguales. Mi mamá cambiaba con chuño, haba o arveja. 
Cuando terminé la primaria, mi papá me llevó al colegio del pueblo para que salga bachiller. Caminaba una hora para llegar.  Antes la educación era represora, cuando llegabas atrasado, el profesor te daba una patada o una palmetada en la mano. De miedo, llegábamos temprano para que no nos pegue. 
Soy de la promoción 1976, cuando Hugo Banzer Suárez era presidente. Él nos apoyó en la refacción del colegio. Mi papá era muy exigente. Un año se decidió por decreto que todos debían aprobar el año, pero él no me dejó pasar de curso, me hizo repetir. "Cómo vas a pasar sin saber”, me dijo. 
Nuestra directora era una monja. Cada semana teníamos que entregar un huevo. Los juntábamos y ella los vendía. Con ese dinero hemos hecho un viaje por toda Bolivia. Hemos salido de La Paz en tren hasta Potosí, nunca habíamos salido antes de nuestro pueblo. Allí fuimos a las fábricas de la cerveza, nos regalaban cerveza en bidones. Luego fuimos a Tarija. Era pequeñito, no como ahora. Las cholitas chapacas eran más sinceras. "No joven, tengo mi marido, si fuera sola con todo gusto”, nos decían. De ahí nos fuimos a Bermejo, hemos llevado música, danza, nos presentamos en el teatro al aire libre. Yo bailaba  quena quena. Después hemos cruzado a Pocitos, Argentina. Dormíamos con una sabanita, los mosquitos no nos dejaban dormir, entonces nos íbamos al río para calmarnos, pero estaba lleno de lagartos, entonces, media vuelta. Fuimos la primera promoción que ha hecho ese viaje.
 ¿Hizo el servicio militar?
 Me sacaron inhábil, pero yo quería ir al cuartel. Del campo mi familia trajo un cordero para regalarle al comandante de otro cuartel, para rogarle que me acepten, pero igual otra vez no me han aceptado. Para mí era una depresión, en ese entonces ir al cuartel era para que te hagan valer. Si no ibas, te trataban de mostrenco, hasta las chicas no te hacían valer.  Era un requisito en el campo. Entonces estaba muy deprimido, y de esa vergüenza no he vuelto al campo, me he quedado en la ciudad a trabajar. 
 ¿Dónde trabajó?
He buscado trabajo como aprendiz, se reían de mí, "cómo pues tan viejo”, me decían. He empezado como albañil, en un edificio. No me gustaron las ceremonias, lo que hacen a veces. Entonces me he ido a trabajar a la panadería de mi tío, era canastero, pero los maestros eran abusivos, hacían resbalar las latas con una pala. Y como tienes que trabajar toda la noche, me he retirado. Luego estaba en un taller de metalmecánica. Te hace llorar ese trabajo, porque el reflejo te agarra y te hace sentir como si tuvieras arena en tu ojo. Mi jefe era un señor Irusta, me pagaba poco. Entonces llegaron los carnavales, quería viajar a mi pueblo  y le digo que me devuelva mi carnet y me cancele mi sueldo. Pero toda su familia casi a palos me ha botado. No me han pagado. Esas cosas he pasado.  La discriminación era fuerte. 
Después he entrado a otro taller, pero de un chileno, él era diferente, me pagaba puntualmente. Hasta ahora le voy a visitar. A lo así, de pronto llega un señor para pedir que realicemos un caballete. Nos decía si no podríamos alcanzar a hacerlo en una semanita.  Quería rápido, aunque sea sin pintar. "¿Para qué es esto?, le pregunté. "Es para ir a cazar loros a los Yungas”, me dijo.  No me decía para qué era. Cuando un día me dice: "Maestro, ¿no quisieras trabajar con nosotros?”.  Yo de digo: "Depende cuánto me pagas”. Entonces "te haremos una prueba en el estudio”, me dijo. "¿Qué será estudio”, yo decía. Fuimos a un edificio. Ahí una puerta chiquita se abre, se cierra y parte... Era la primera vez que estaba en un ascensor, si recién he llegado del campo... Ahí entramos a la oficina y él entra y dice: "Beatriz, he encontrado a la persona que tanto buscaba”. 
Ese señor era Jorge Sanjinés.
Sí.  El papel protagónico de la película era para un profesor, ya estaba incluso su traje a medida, era pequeño, conmigo ha tenido que agrandarlo. 
Entonces Jorge dice: "Félix, alistámelo un proyector y cárgamelo Ukamau y YawarMallku. Y solito me deja, en ese cuarto oscuro, mirando la pantalla. "¿Qué te ha parecido?”, me pregunta. Yo no sabía ir al cine, me acuerdo que antes he visto el King Kong, que agarraba en la mano a una mujer, ésa era mi primera película. Yo pensaba, "¿el trabajo será eso?, ¿mirar todo el día las películas?”.   
Después me da un textito para que me aprenda de memoria, y al día siguiente contarlo. Me he aprendido como si fuera una recitación. "Está bien, te vamos a dar medio tiempo, vas a estar leyendo los libros”, me dijo. Como era de metalmecánica, hemos ido construyendo una grúa, una giratoria, 180 grados, con pesos, así hemos ido mejorando.  Jorge me hablaba de temas sociales, hasta que me ha dicho que me meta como actor, pero yo, nada, nada, "no voy a poder”, le decía.  Me ha dado el guión, "andate, lee y de ahí hablamos”, ahí descubrí muchas cosas que me han pasado, entonces he aceptado, "ya, lo voy a hacer”. 
Ya no me decían Reynaldo, me decían Sebastián, "tienes que meterte en el personaje”, me recomendaban, pero cómo me voy a meter, ¿voy a volver a nacer?, ¿o qué? … recién entendí.  Empezaba a practicar con radio-grabadora, los llantos… mi papá ha escuchado, ¿quién es ese borracho?, me preguntaba. Yo no le avisé nada.  No sabían que era actor de cine. 
¿Cuánto tiempo duró el rodaje? 
Fueron ocho semanas, no seguidas, con recesos.  La maquilladora me tenía que convertir a una edad elevada, entonces ponía un liquido y se volvía arrugada mi cara, pero no podía sacar el color de mi piel, entonces arrancaba, me ardía, incluso ha llorado porque no le salía como ella quería. Yo tampoco quería. Entonces Jorge me dijo: "Mirá, si tú no quieres hacerlo, no hagas, pero vamos a contratar un actor profesional y vos vas a pagarle”. Eso me ha animado más, esas experiencias me han servido, le agradezco mucho a Jorge por llevarme al campo del cine.
Los que trabajaban detrás de la cámara me decían "estrella de cine”, y eso me molestaba, para mi era un insulto, me ponía mal, no entendía. Pero cuando se estrenó la película he llegado a entender qué era eso, todo el mundo me reconocía, gente de otros países.  Incluso me negaba a firmar autógrafos. Dentro de mi cultura, no sé que es eso. Después hemos ido a los colegios, ya no podía ni escribir, tanta gente, no sólo era firma nomás, había que escribir alguna dedicación.
¿Cómo ha cambiado su vida después de la película?
La película ha tenido mucha aceptación, ha sido importante para recuperar nuestra identidad. Sin nuestra cultura seríamos un pueblo desarmado.  Llamó a la reflexión a la sociedad para que reconozcamos de dónde somos. La mayoría de los bolivianos tenemos una abuela aymara o quechua, y con cambiar el apellido no cambiamos el color o la sangre, hay que asumir nuestra identidad. 
Jorge me ha enseñado no ser materialista ni individualista, a practicar lo colectivo y comunitario. Me ha abierto los ojos.  Yo invitaría a todos a mirarse a un espejo, para ver si estamos resentidos o aburridos con lo que somos. Soy autodidacta, persona humilde, no soy altanero o creído, a pesar de que sé que he hecho un aporte al cine boliviano.

 

Me ha abierto los ojos.  Yo invitaría a todos a mirarse a un espejo, para ver si estamos resentidos o aburridos con lo que somos.

 

 


   

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