No se puede negar que se está pagando una deuda histórica

miércoles, 20 de noviembre de 2013 · 12:12

Andrés Gómez:

   ¿Por qué podemos hablar hoy de un Estado benefactor?

Primero, porque hay excedentes como para que el Estado pueda cumplir esa tarea. Segundo, porque es una evolución del propio Estado, de un Estado neoliberal a un Estado constitucional democrático, que tiene como prioridad por supuesto el resolver problemas sociales; tercero, porque era una deuda histórica que tenía el propio Estado, la República, con gran cantidad de gente, particularmente con los indígenas. Y hay un cuarto factor: es como un interés político (del Gobierno) para sostenerse en el poder.
¿Del otro lado podemos identificar a un Estado severo, como piensan algunos?
Eso es lo que llama la atención. En la medida en que el Estado -a través del Gobierno- asume un papel discriminador contra alguna gente,  por ejemplo, que cuestiona determinadas políticas de gobierno, pero simpatiza con el partido gobernante. 
Entonces, hay una actitud de descalificación, de pretender ahogar a un medio de comunicación, como Página Siete por ejemplo. Entonces, ésas son actitudes de un Gobierno intolerante. Es decir, reproduce en cierto modo lo que hacían los neoliberales, hace tiempo, con un sector como los indígenas.
Hay visos de eso en algunos niveles del Gobierno contra ciertos sectores. Es decir, se repite la historia, pero en sentido contrario, y eso por supuesto que devalúa los principios constitucionales, la nueva era del Estado constitucional. Eso debiera preocuparnos mucho.
En cuestión de estrato social, ¿a quiénes identifica entre los benefactores y a quiénes entre los que padecen al Estado severo? 
En el primero no se puede negar que están quienes  viven en el área rural, y eso es muy bueno y debe aplaudirse y ser resaltado. De un modo u otro se les está pagando una deuda histórica. Probablemente con el tiempo se vea que no debe ser así o que debiera invertirse de otra manera, pero lo importantes es que  les está llegando de manera directa. También están las poblaciones suburbanas o  chicas, que igualmente  reciben beneficios.
Pero en las ciudades es donde ya no llegan directamente  estos beneficios... Quienes viven en las ciudades tienen más contacto con la información, algunas personas tienen mayor formación -ya sea universitaria o escolar-, tienen más lectura de realidades, más lectura de contextos. Además, son personas que han trabajado  en la construcción de la democracia. Eso hace que sean más críticas. 
Por tanto, para estos sectores la democracia no es ya solamente  económica, cultural o de redistribución de recursos, sino es una democracia de construcción de valores democráticos, fundamentalmente de respeto a la Constitución (...). 
Algunos sectores que se animaron a criticar al interior del Gobierno tienen una vida imposible y han sido expulsados o marginados (lo mismo con los opositores, que al menos hasta hace un tiempo se creía que lo tenían bien merecido). ¿Por qué?, porque se han opuesto; no han hecho lo que tenían que hacer cuando eran gobierno.
 Algunos se opusieron  al proceso constituyente, pero ahora esa figura está cambiando. Se los está comenzando a ver como víctimas de un régimen con un espíritu estalinista. 
Ojo, no es todo el régimen. En el MAS hay una corriente muy democrática que está preocupada, y hay una corriente muy fundamentalista, radical, estalinista, que por supuesto quiere seguir llevando adelante esa política; y está la corriente indigenista, que está arrinconada. En algunos niveles  de autocrítica han señalado que el proceso ha sido capturado por Álvaro García Linera, Carlos Romero y Juan Ramón Quintana.

 

 

 


   

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