Entrevista

Chile: cambio con continuidad

sábado, 23 de noviembre de 2013 · 19:17

Sergio Molina  Monasterios, periodista boliviano, vive en Chile.

Mapamundi – ERBOL

El periodista boliviano Sergio Molina  radica en Santiago desde hace una década. Desde allá nos permite  contar con una mirada que no sólo entiende la realidad política chilena, sino que la hace comprensible a nosotros, sus compatriotas.
Chile ha vivido una elección histórica, no sólo por la multitudinaria fuerza que levanta ahora a Michelle Bachelet, sino por el clamor ciudadano en pos de reformas en tres campos fundamentales: la política, la economía y la educación. ¿Tendrá la reelecta presidenta la fuerza suficiente para proyectar un nuevo país hacia el futuro? 
 
 Hay quien dice que ha sido una amarga victoria para Bachelet y una dulce derrota para Mathei, ¿estás de acuerdo?
Sí, es una buena definición. Esto proviene de las expectativas que prevalecieron antes de la elección.  Se esperaba que Bachelet gane en primera vuelta, pero no le alcanzó a pesar del enorme respaldo recibido. Como no obtuvo ese triunfo inmediato, hubo una sensación, no de derrota, pero sí de frustración.
Por otra parte, la centro-derecha, con Evelyn Mathei, ha logrado pasar a la segunda vuelta. Si bien ese 25% es inferior a lo que normalmente obtenía esta fuerza política, al permitirle ir a la segunda vuelta, ha sido visto con optimismo.
¿Cómo entender entonces la decisión del electorado?, ¿qué están buscando los chilenos?
El primer dato visible es la estabilidad político-institucional de Chile. Éste no es un país en el cual se den transformaciones radicales o revolucionarias, y ésta es una constante desde la década del 90, cuando se recuperó la democracia. Tiene que ver de nuevo con las expectativas. Desde la izquierda se pensaba que éste era el momento para las grandes transformaciones, pero el electorado no quiso eso. Primero,  porque hubo una alta abstención, sólo votó el 55%. Esto también se debe a que ahora hay voto voluntario, no obligatorio. Por eso es una de las participaciones más bajas en la historia electoral. Quienes estudian el pensamiento de los ciudadanos que se abstienen, saben que éstos no quieren cambios radicales.
En Chile hay un proceso sostenido de modernización, es decir, se acepta la necesidad de cambio, sobre todo frente a un Gobierno como el actual que no cubre sus expectativas, pero los chilenos quieren un cambio con continuidad.
En esas circunstancias, ¿podrá Bachelet cumplir con sus promesas electorales?
Ella ha hecho tres grandes compromisos.  Una redistribución del poder político, otra del poder económico y otra del poder social.  ¿Cómo se lograrían esas tres redistribuciones?  La primera mediante el cambio de la Constitución y sobre todo, del sistema electoral chileno, que margina a las minorías. La segunda, a través de una reforma tributaria que redistribuya mejor los ingresos. Y la tercera mediante un cambio en el sistema educativo, garantizando un mayor acceso para todos. Para llevar adelante estos cambios, Bachelet tendrá que negociar estas transformaciones con la oposición de derecha. No tiene posibilidades de hacerlo sola.
Vayamos por partes. ¿Por qué se quiere cambiar el sistema electoral?
El sistema electoral chileno se denomina binominal. Se llama así, porque cada circunscripción está representada por dos escaños.  Esos curules se reparten, uno para la primera fuerza, y el otro, para el que ha logrado el segundo lugar. El sistema favorece a las dos coaliciones principales. Cada coalición presenta dos candidatos y muchas veces, como es suficiente con estar entre los dos primeros para lograr un curul, la competencia se da entre los postulantes de la misma coalición, porque el que obtiene más votos ingresa al Congreso a nombre del frente. Por ejemplo, en esta elección, para Santiago Oriente compitieron, dentro de la misma coalición, Carlos Montes del Partido Socialista y Soledad Alvear, de la Democracia Cristiana. Ésa fue la verdadera disputa.
  ¿Por qué está desacreditado este sistema de elección?
Porque evita que las minorías puedan quedar representadas.  Te doy un ejemplo.  Una candidata del Partido Progresista de Marco Enriquez-Ominami ganó en una circunscripción, pero la suma de votos de las dos coaliciones principales fue mayor y por ello, los dos curules pasaron a manos de estas dos fuerzas. Esto es lo que se necesita transformar. Por eso hay un consenso en la clase política chilena en que este sistema le resta mucha credibilidad. Por eso creo que ésta será la última elección bajo un esquema binominal extremo como el que existe actualmente. Al menos va a tener que ser moderado para la próxima elección. 
 ¿Cómo es el escenario de posibles acuerdos en el Congreso?
La reforma impositiva es la más fácil de conseguir, para ella sólo se necesita mayoría simple. En cambio, para cambiar la Constitución se requiere de dos tercios, y ello obliga a Bachelet a hacer un acuerdo con la oposición. En el caso de la reforma en la educación, se necesitan cuatro séptimos de los votos congresales, lo cual obliga a contar con algunos diputados y un senador adicional.  Para cambiar el sistema electoral binominal, el nuevo oficialismo necesita tres quintos.
Para cambiar la Constitución, Bachelet necesitaba de un triunfo abrumador y éste no se ha dado. De todos modos éste tampoco es un cambio radical, al contrario, ha sido la tónica en todas las elecciones. Hay que recordar que el actual Presidente carece de mayoría en ambas cámaras y por eso tuvo que negociar con la oposición.

Pese a ello, ¿es posible llegar a una Asamblea Constituyente?

En Chile hay una fuerte demanda en favor de una Asamblea Constituyente, que si bien no está prevista en las normas legales, es posible si hay un acuerdo para ello. Esta demanda social se ha expresado en la convocatoria a marcar en la papeleta la sigla AC (Asamblea Constituyente). Si bien no se puede hacer otra marca en la papeleta, sin embargo, si se ponía AC, era un voto que no podía ser anulado, es decir, era un voto observado pero válido. Un 8% de los electores escribió AC en la boleta. Ese porcentaje puede aumentar en la segunda vuelta.
¿Cómo evalúas la llegada de esta  nueva camada de exdirigentes estudiantiles al Parlamento?
Éste es quizás el dato más importante de la elección. Hay toda una generación nueva de políticos de derecha e izquierda, que reemplazan a figuras emblemáticas de la política chilena. Se trata de un recambio notable. La bancada del Partido Comunista que va a llegar a seis, es la más grande que han tenido hasta ahora. Los comunistas fueron bajo la coalición de Bachelet, y ahora se consolidan como una bancada importante.  Están los dirigentes estudiantiles de 2011 e incluso de antes, algunos eran militantes del PC y participaron en sus listas. Sin embargo,  otros fueron por fuera, se presentaron de modo independiente, como Giorgio Jackson, de la Universidad Católica, el compañero de Camila Vallejos. Es verdad que la coalición de Bachelet no le puso un competidor fuerte y de ese modo lo blindó.
La gran demanda de este grupo es la gratuidad en la educación. En Chile la educación universitaria se paga, y la educación estatal en primaria y secundaria es de muy mala calidad, por lo cual la gente hace todos los sacrificios para matricular a sus hijos en los colegios privados. Por eso el principal logro del movimiento universitario fue convertir a la educación en el tema principal de la campaña.

En Chile hay una fuerte demanda en favor de una Asamblea Constituyente, que si bien no está prevista en las normas legales.

Rafael Archondo
periodista

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