Letra sincrónica

Cosmópolis y los límites del control

Un intertexto entre dos películas, Cosmópolis, de David Cronemberg y Los límites del control, de Jim Jarmusch.
sábado, 23 de noviembre de 2013 · 19:38

Cuando vi Cosmópolis (David Cronenberg, 2012), no sólo recordé algunas otras películas del director (Videodrome,  Existen Z); también trajo a mi memoria otra película: Los límites del control (2009), del director estadounidense Jim  Jarmusch.
La construcción episódica de ambos filmes es casi idéntica. Tanto así que, si dejamos dialogar ambas tramas, abrimos la puerta a una ola de insospechados sentidos, a un terreno en el que la fe y la ciencia dialogan definitivamente.

Episodios codificados
La trama de Los límites del control se resume así: el protagonista, un hombre solitario y estrictamente disciplinado (Isaach de Bankolé), tiene una misión que él mismo se ha propuesto -pues no responde a ningún jefe-.
Para realizar dicha misión debe moverse en una red de contactos que manejan un discurso secreto y la más alta discreción.
El héroe se encuentra con diferentes personajes a lo largo de su viaje. En cada encuentro ocurre el intercambio de una caja de fósforos. En las cajas hay un papelillo con códigos numerales-alfabéticos. El protagonista los lee, se los come y continúa su viaje, sabiendo ya el próximo paso.
Los encuentros del protagonista con los demás personajes suceden bajo ciertos códigos y gestos secretos. Por ejemplo, el personaje de Bankolé siempre pide dos cafés expresos y espera sentado en algún lugar (un restaurante, un sitio de avión, la cafetería de un tren). Sus interlocutores lo reconocen por esa extravagancia de tener dos tazas de café frente a él.
El interlocutor recién llegado se sienta junto al protagonista y habla sobre un tema específico (música, pintura, sexo, danza, cine, ciencia, alucinógenos). El protagonista escucha callado. Cuando el interlocutor termina su monólogo, el héroe saca una caja de fósforos y realiza el intercambio.
Esta escena básica de encuentros y monólogos se repite una tras otra en toda la película. Son pequeños episodios hechos con la misma estructura, y su sucesión arma la trama.
En algún momento llegamos a creer que la película sólo es un campo para escenificar esas charlas de café. Sin embargo, un indicio mantiene la tensión: un helicóptero.
Entre charla y charla, entre monólogos, artes e impulsos, aparece siempre un helicóptero, cada vez más cerca. Ese mínimo síntoma nos hace saber que el protagonista se dirige hacia una oculta pista de aterrizaje.

Episodios herméticos
En Cosmópolis, los episodios tienen una estructura muy parecida. En primer lugar, el protagonista, Eric Packer (Robert Pattinson), también mantiene conversaciones secretas con diferentes personas.
Packer siempre tiene un interlocutor frente a sí y habla con él o ella sobre diferentes temas (seguridad, decodificación tecnológica, arte, finanzas, sexo, salud, memoria). Conversación tras conversación, como en el filme de Jarmusch, se arma la trama.
A diferencia del personaje de Jarmush, Pattinson encarna a un personaje público que toma decisiones cruciales en la privacidad de su limusina. Bankolé, en cambio, es un anónimo silencioso que opera sus transacciones en lugares públicos.
La diferencia entre los escenarios y aquella similitud entre las conversaciones cara a cara con diversos especialistas, revelan el antagonismo entre ambos personajes.
Bankolé en Los límites del control es activo, pero espera en silencio a sus interlocutores. En cambio, en Cosmópolis el protagonista es pasivo, es llevado en limusina, pero no espera, pues él va donde están sus interlocutores y conversa con ellos a como dé lugar. Los interlocutores de Cosmópolis se sienten casi obligados a hablar, los de Los límites... lo hacen por voluntad.
El marcial Bankolé de Los límites del control posee un saber: ha comprendido que el universo no tiene centro. Todo lo que hace este hombre se inspira en la misión de eliminar cualquier tipo de control fuera del suyo propio, más aún aquél que se ejerce desde lo oculto.
En cambio, el gurú financiero y tecnológico de Cosmópolis se mueve dentro del campo del control, allí donde recibe soldados que confían ciegamente en él para darles órdenes de una misión que nadie más que él, Eric Packer, conoce plenamente.
El antagonismo de los protagonistas se hace particularmente obvio cuando comparamos ambas películas. Ambos parecen diseñados para encontrarse.

Saber y control
Cosmópolis está basado en la novela homónima de Don de Lillo, a la que Cronenberg ha sido fiel -con algunas omisiones-, claro, pero fiel a su aliento. Por otro lado, Jarmusch ha utilizado el título de un ensayo de William Burroughs para nombrar a su película.
En tal ensayo Burroughs dice que "cuanto más hermético y aparentemente eficaz es un sistema de control, más vulnerable se hace”, porque puede ser "completamente desorientado y destrozado por sólo una persona que falsificara el calendario de control”.
En Cosmópolis el protagonista es amenazado de muerte por alguien que ha vulnerado su sistema de control. El camino que recorre Packer durante la película lo lleva al encuentro con ese vengador, quien en principio le había hecho perder su billonaria fortuna.
La sabiduría hermética que Packer utilizaba para crear sistemas infalibles de producción de capital no conseguía materializar la fórmula matemática para comprender las asimetrías e irregularidades propias de la naturaleza, y eso lo lleva al desastre.
Packer es asesinado por pretender ser dueño de un saber secreto y por ocultarlo para ejercer control sobre quienes lo ignoran.
Por otro lado, en la película de Jarmusch, al final conocemos la misión del protagonista: asesinar al presidente de Estados Unidos -oculto en un rincón inhóspito del mundo-.
El personaje de Bankolé ha vulnerado, a partir del código oculto en las charlas de arte, en las visitas a museos y bares, el sistema de control que protegía al Presidente.
Ambas películas terminan con el encuentro del protagonista con el antagonista. En Los límites del control el némesis del héroe es el Presidente, poderoso y cínico. En Cosmópolis el asesino de Packer es un pobre diablo carcomido por el fracaso y la miseria.
Diríamos que el Presidente en Los límites del control es una caricatura de Packer, y el vagabundo de Cosmópolis una copia grosera del personaje de Bankolé.
El juego de espejos entre ambas películas permite imaginar un encuentro cataclísmico entre el personaje de Bankolé y Eric Packer, entre el que decodifica los límites del control en el silencio de las artes y quien los lleva a una complejidad cifrada en la más alta tecnología.
¿Cómo sería ese encuentro, esa conversación? ¿Sería acaso un encuentro amoroso o amistoso mínimamente? Tal vez un encuentro entre la fe y la ciencia, en la que se revela un tercer elemento.

 "Los interlocutores de Cosmópolis se sienten casi obligados a hablar, los de Los límites... lo hacen por voluntad”.

Alan Castro Riveros
 Escritor

Confidencial

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