Ojo de Vid

La narrativa marrana de Todros Halevi

Un descubrimiento. El autor reseña un extraño y muy bien logrado libro, Edén en el altiplano, publicado el año pasado en Bolivia.
sábado, 23 de noviembre de 2013 · 19:43

Ramón Rocha Monroy
 (El Ojo de Vidrio)
Escritor

 "Todros decide inaugurar el género de Narrativa Marrana desde una complejidad aún mayor: es no sólo monoteísta: judeo-católico, sino también animista”.

Me sorprendió recibir un libro de Todros Halevi titulado Edén en el altiplano (Edición del autor, 2012, 284 pp.), que es parte de la colección En un lugar de La Mancha Ediciones y corresponde a los géneros Literatura Judía Sefardí / Narrativa Marrana Contemporánea / Autobiografía Criptojudía / Marranos Indianos y Conversos Andinos, entre otros.
Me encantó su prosa cuidada, su contacto minucioso con el mundo andino y la cultura colla en una hacienda de Puno, el parentesco de esta cultura con nociones contemporáneas de física cuántica, genética y biología molecular, y la capacidad del narrador de contar su niñez y crecimiento entre dos culturas sin los artificios a los cuales nos tiene acostumbrados la literatura adrede, abundosa en recursos técnicos pero más vacía de contenido que este libro de colección.
Sin embargo, allí no terminan las sorpresas, porque detrás de Todros Halevi, de los Halevi Benveniste, pertenecientes a la Casa real de Judá, que en décima generación, hacia 1660, aparecen como Medina en el nuevo mundo, se esconde nada menos que Javier Medina (filósofo y fundador de la memorable editorial Hisbol).
 O bien Javier se esconde detrás de su verdadero nombre sefardí, Todros Halevi, en un ejercicio narrativo cargado de significados filosóficos entre el logocentrismo racionalista de Occidente y las manías de limpieza, asepsia y asco, detrás de los cuales hay que buscar el monoteísmo, y el animismo holístico, por decirlo así, que es propio de la cultura colla o aymara, tan sabio y mentalmente superior como cualquier pueblo civilizado.
Edén en el altiplano es un libro cautivador, pleno de sabiduría de los confines, escrito por un sefardí que se sentía hasta hacía poco tan excluido como los gays y lesbianas, otra gente que hoy sale del placard, pero que ha decidido revelar su identidad de judío converso o marrano, cuya astucia por siglos, como las de gays y lesbianas, consistía en pasar desapercibido, hasta que Todros decide inaugurar el género de Narrativa Marrana "desde una complejidad aún mayor: es no sólo monoteísta: judeo-católico, sino también animista, por el lugar de su nacimiento: un ayllu-hacienda del altiplano húmedo que bordea el lago Titicaca”.
A cada paso hay páginas memorables en este libro misterioso como El Golem, de Gustav Meyrink, o Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, pero hecho con una conciencia insomne que recupera desde niño una doble identidad monoteísta y animista, occidental y aymara, racional e intuitiva, en páginas tales como la descripción del Pan de los Siete Cielos en comparación con la t’ant’awawa; el capítulo de los piojos, símbolo de miseria para Occidente y de riqueza para los aymaras, la misteriosa gallareta y la significación de los textiles, que no me canso de leer por esos apuntes sobre el tejido, que es el corazón de la civilización andina.
Todros recuerda que en la sierra las niñas aprenden a tejer casi a la misma edad en que los varones aprenden a manejar el lápiz. A partir de esa constatación se compara de modo sugestivo el lápiz con el huso y el arte de hilar, que es privativo de las mujeres y cuyas hebras deben seguir las manecillas del reloj porque hilar a la izquierda atrae la mala suerte.
Y entonces la conclusión de Todros Halevi: "Primera lección de cosmología que aprende una niña andina en la edad en que yo también aprendía a dibujar el Alef”.
Otra página memorable, entre muchas, es la que habla de Wayra o el viento del altiplano, palabra que, como todas, no sólo tiene significado sino produce sensaciones: el gran personaje de la infancia de Todros, el emperador de la temporada, el espíritu de la tierra, que al convertirse en viento fuerte, en terral, en remolino, saca su rostro maligno de Wayra y se convierte en saxra, una fuerza de la naturaleza que rompe el equilibrio previo a su aparición.
Es común decir en el Occidente católico que el remolino de viento trae al diablo en su interior; pero aquí viene la reflexión de Todros, que le enseñó un religioso: dia-bólico es nada más que lo opuesto a sim-bólico, su contrario.
Y aún más: "En mi léxico privado del aymara -cuenta Todros- wayra está ligado a sajra y ésta a las energías de disfunción, fragmentación, expansión; así, se me juntaría, décadas más tarde, con la noción de fermión: una partícula de spin semientero que verifica, justamente, el Principio de Exclusión de Pauli”
Vida maravillosa la del niño Todros, entre el racionalismo de su padre y la sensibilidad para captar lo colla, de su madre. Qué imaginación de ella para copar el tiempo libre de sus niños con trabajos atractivos; qué talento de él para ver el revés de las cosas, como es el caso de la etiqueta de los polvos de hornear Royal, que traían otra lata similar, más pequeña, que traía otra, más pequeña, y otra y otra en un abismo sin fin.
Pues el padre decía que delante de la primera lata había una más grande, que no veíamos, y delante de ésta, otra más grande y otra más grande en otro abismo sin fin. Y qué respeto del niño por los silencios de padre y madre, cuando escuchaban una revelación y preferían asimilarla y no comentarla.
La conciencia temprana de ese niño criado en la intersección de tres culturas, la aymara, la quechua y la castellana, tenía que fijarse en la ceremonia del despioje para deslindar, décadas más tarde, dos concepciones del mundo. (…)
En este ejercicio de deconstrucción del logocentrismo racionalista y del monoteísmo, Todros apela a la biología molecular y se asombra de que los intestinos estén llenos de bacterias; que los ácaros conviven con nosotros en pestañas y cuero cabelludo; que el trébol tiene en sus raíces bacterias fijadoras de nitrógeno y los árboles, hongos simbiontes diferentes.
"Los animistas -dice Todros- pareciera que son más conscientes de este continuo simbionómico que nosotros los monoteístas (…). Para ellos, por ejemplo, no hay malas yerbas que haya que extirpar”, pues conviven con todas ellas, y lo mismo sucede con los animales, desde la llama hasta el piojo.
El libro que comentamos es un descubrimiento "de los pliegues psíquicos de un súbdito piadoso, que estudia la gnosis y mima las tradiciones y que convive con un ciudadano racionalista, agnóstico y liberal, que también, ciertamente, soy”.
Uno de esos pliegues es la ternura con que recuerda los cánticos sefardíes de su madre: Mordejai manda decir que se avise a todo el mundo en Adar catorce y quince es el día de Purim / Viva yo, viva el rey, viva todo Israel. Viva reina Esther que nos dio tanto placer…
Todros Halevi anuncia varios nuevos títulos: en Narrativa Marrana contemporánea: ¡Shemah Israel!, A la sombra del templo de Salomón, Viaje a Germania y Retorno a Sefarad.
En Ensayos: Diálogos Marranos 1. Kabbalah conversa; Diálogos Marranos 2. Don Quijote / Sancho Panza. En Diario: Cuando el Tiempo se vuelca. En Cuentos: Cuentos de Posoconi.

Comentarios