Semblanza

La saga de los Quiroga Santa Cruz

José Antonio Quiroga se perfila como una figura clave en el futuro inmediato del proyecto unitario opositor.
sábado, 23 de noviembre de 2013 · 19:27

Juan Carlos Salazar
periodista

José Antonio Quiroga recuerda con una sonrisa las sorpresas que le deparó el 5 de marzo de 2002, el día que le colgaron al cuello la guirnalda de una inesperada  proclamación electoral y le robaron la billetera mientras lo levantaban en hombros para celebrar una candidatura no consentida. Fue una jornada digna de una comedia de equivocaciones más que de un acontecimiento histórico. Evo daba el primer paso formal hacia la conquista del Palacio Quemado y Quiroga le decía ¡no! a su invitación para que lo acompañara en el viaje como compañero de fórmula, en un momento de tensión apenas disimulado por el manto de mixtura y confeti.
Por entonces, el sobrino de Marcelo Quiroga Santa Cruz era un político joven, relativamente poco conocido, pero con un largo recorrido en los movimientos de resistencia a las dictaduras militares. Había abrevado la política en el hogar de su tío, a quien acompañó en su exilio de Buenos Aires y México, cuando aún era estudiante universitario, y se había formado bajo el mismo pensamiento ideológico, pero sobre todo había asimilado el rigor del análisis y la ética de la praxis política que caracterizaron la militancia del líder socialista.
Se incorporó a la lucha política muy joven, a mediados de la década de los 70, en plena dictadura banzerista. "Veintiocho tipos armados allanaron mi casa en Cochabamba en abril de 1976 para apresarme pero no me encontraron”, dice al recordar la época de la persecución. Tuvo que escaparse a La Paz y refugiarse en el colegio San Calixto. Convivió 40 días con los jesuitas, hasta que el arzobispo Jorge Manrique le consiguió un salvoconducto para viajar a México. A finales de 1977 acompañó a Marcelo desde México en su retorno clandestino a Bolivia. Viajó con él hasta Lima, desde donde se trasladó a La Paz para preparar la llegada de su tío. Marcelo entró a La Paz por el Desagüadero semanas antes de la huelga general que encabezó Domitila Chungara a favor de la amnistía política.
En 1980 retornó a México para cursar la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) . Allí lo sorprendió el asesinato de Marcelo, el 17 de julio,  a manos de los paramilitares de Luis García Meza y Luis Arce Gómez. De inmediato se incorporó a la Comisión de Apoyo a la Dirección Interna del Partido Socialista 1 (PS-1), creada en el exilio para apoyar la conducción clandestina de Roger Cortez en Bolivia.
Sin embargo, a su retorno a Bolivia con la democracia, optó por abandonar las filas del PS-1, debido a su división interna, para dedicarse a sus actividades como editor. Fundó la editorial Plural, una de las más grandes de Bolivia. Se mantuvo como analista político en diversos medios de prensa, pero, de hecho, dejó la militancia partidaria, hasta que el líder cocalero lo tentó a finales de febrero de 2002.
Evo lo visitó en su oficina para ofrecerle la candidatura vicepresidencial. "No había tenido antes mucho trato con él, excepto por la publicación de mi libro Coca-cocaína: una visión boliviana, en 1987,  que me permitió un acercamiento con los cocaleros y su líder”, recordaría años más tarde.  Quiroga le hizo una serie de preguntas sobre su programa, la estructura de su partido y su política de alianzas. Le respondió que era "antiimperialista, anticapitalista y antineoliberal”; que la organización era vertical, dependía de los sindicatos, y él rendía cuentas a un congreso;  en cuanto a las alianzas, prefería caminar solo, hasta donde pudiera llegar. "Mi respuesta es negativa”, le dijo días después, dando por zanjada la "negociación”.
A pesar de ello, Evo lo invitó a la proclamación de su candidatura presidencial. En pleno acto, Filemón Escóbar, por entonces su principal asesor político, le pasó un recado: "José Antonio acaba de aceptar la invitación”. Quiroga, que se encontraba en el estrado como invitado, no lo sabía. Evo interrumpió su discurso, dijo que tenía una "buena noticia” e invitó a Quiroga a hacer uso de la palabra.
Quiroga pensó que era una oportunidad para explicar su negativa. "El MAS puede jugar un rol muy importante en la democratización de este país a condición de que se democratice internamente”, alcanzó a decir. Evo le quitó el micrófono y propuso desafiante: "Como nos pide democracia, ¡levanten la mano los que quieren que sea candidato a la Vicepresidencia!”. Lo demás es historia.
José Antonio compareció al día siguiente ante la prensa para aclarar la situación. Lo hizo solo ante la negativa de Evo a comparecer de manera conjunta. Evo estaba enojado y acusaba a Filemón de haberlo engañado, pero intentó convencer a Quiroga. "Cuando la asamblea te elige, no puedes decir no”, le dijo. "Eso será en tu sindicato, pero yo no soy miembro”, le respondió. Evo insistió al ofrecerle la Alcaldía de La Paz y una banca en el Senado, pero la negativa, tomada como desaire, devino finalmente en ruptura.
Un año después, en octubre de 2003, Quiroga fue uno de los inspiradores de la huelga de hambre que contribuyó al derrocamiento de Sánchez de Lozada e indirectamente al empoderamiento de Evo Morales. Después de la convocatoria a la Asamblea Constituyente, el Movimiento Sin Miedo (MSM), para entonces aliado del MAS, lo propuso como candidato por La Paz, pero el propio Evo vetó su postulación. Sin embargo, se postuló como candidato independiente bajo la sigla del Movimiento Bolivia Libre (MBL). La polarización entre el MAS-MSM y Podemos trituró sus aspiraciones.
Corría el año 2005. Para entonces, Quiroga había hecho una primera propuesta para la formación de un "frente amplio”, en un esfuerzo que logró incorporar al MSM y seis alcaldes, entre ellos René Joaquino, pero el intento murió ante la deserción de Juan Del Granado, que terminó aliándose con el MAS.
Ocho años después, Quiroga reaparece como uno de los principales gestores de un nuevo intento unitario, bajo el mismo nombre de Frente Amplio, para enfrentar a Morales en 2014. Se lanzó con un grupo de intelectuales y militantes de la izquierda independiente, como Loyola Guzmán. Ha logrado sumar a diversas organizaciones políticas regionales y, en la más sonada incorporación, a Samuel Doria Medina.
Hombre-puente, promotor de diálogos y generador de acuerdos, es también una persona de consenso. Acaba de renunciar a la dirección del quincenario Nueva Crónica y Buen Gobierno, una de las propuestas más interesantes del periodismo boliviano, para dedicarse de lleno a la política. Su nombre se perfila como una figura clave en el futuro inmediato del esfuerzo unitario. Es la saga Quiroga Santa Cruz.

Evo daba el primer paso formal hacia la conquista del Palacio Quemado y Quiroga le decía ¡no! a su invitación para que lo acompañara en el viaje como compañero de fórmula.

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