Entrevista

Luis Rico, el cantor de las penas y las alegrías de Bolivia

Un perfil del reciente ganador del Premio Nacional de Cultura, a partir de evocaciones y referencias a diferentes capítulos de su larga trayectoria.
viernes, 1 de noviembre de 2013 · 14:46
Era julio de 1991 y el invierno orureño parecía más duro de lo habitual.
En el viejo paraninfo de la Universidad Técnica de Oruro no cabía un alfiler, y en los pasillos se abarrotaban saquillos y cajones de víveres, pues la consigna era no pagar entrada pero sí llevar un aporte para los cubanos que empezaban a pasarla mal debido a la caída de la URSS.

Yo soy del sur  /del continente americano / traigo en la voz / la canción de mis hermanos / gente que va / con la mirada en el futuro / sabiendo que / las fronteras no son muros…

Ésta y muchas otras piezas cantó esa noche Luis Rico, pero recuerdo sobre todo el contundente final de la referida…: "Latinoamérica… es mi ¡país…!” con el vozarrón inconfundible del cantautor tupiceño.
Era octubre o noviembre de 1998. Tras varios días de pegar afiches y acudir a radios y canales a promocionar, por fin había llegado la hora de festejar los 30 años de trayectoria musical con un recital en el Teatro al Aire Libre de La Paz.
Más de cinco mil gargantas corearon aquella noche dos docenas de temas, pero no se me quita de la cabeza la emoción de escuchar a pocos metros del artista una canción ya emblemática:

Desde Oruro vengo, palomitay, / paso a Caracollo. / Vengo a decirte, palomitay, / que por tu amor lloro…

Era a fines de los años 60 en Potosí, Oruro, La Paz. Después de años de deslumbrar con su voz y guitarra privilegiadas a familiares y amigos -guitarreadas y festejos con cuecas, huayños y música popular…- y a punto de egresar de economista, llegó el giro drástico y definitivo: "Me voy a La Paz para ser cantante”. Así empezó todo.

Era la tarde del pasado viernes 25 de octubre. Luis Rico, de 67 años, no podía creer lo que alguien le informaba por teléfono: su inagotable e invaluable labor había sido reconocida con la mayor distinción que otorga el Estado boliviano a los cultores de las artes, a los pensadores, a los forjadores de cultura: el Premio Nacional de Cultura.
- Haciendo una retrospectiva, cómo ve al joven cantautor que salió de Tupiza hace casi medio siglo… cómo lo recuerda, con qué sueños, deseos, búsquedas, decisiones…
- 1964. Bachiller en el año escolar clausurado por el golpe de Estado de René Barrientos, me embarqué en el tren que pasaba por Oruro, El Alto y bajaba hasta la ciudad de La Paz.
Venía ilusionado en conseguir una beca para estudiar fuera del país, pero tuve que optar por una beca de la Universidad Tomás Frías de Potosí.
Allí estuve tres años combinando el estudio de las grandes teorías económicas con la bohemia universitaria hasta que me sorprendió la masacre de la noche de San Juan.
A partir de esa noche entendí el problema de Bolivia. Dejé la universidad y opté por cantar la realidad del país acompañando las penas, las alegrías y las esperanzas del pueblo trabajador.

Ponchito antiguo, / ojota chueca / sombrero roto, quemado al sol / corre el changuito por el asfalto, / indiferente ante el dolor…

- ¿Y cómo se ve ahora a sí mismo, ya experimentado y con todas las vivencias que enfrentó en tantas décadas de labor artística?
- He cumplido mi promesa con los trabajadores visitando todo el país, buena parte de América Latina y un buen pedazo de este mundo cantando en los escenarios más humildes y en grandes espacios como el Alte Oper de Frankfurt, el Conservatorio de Sydney, el Folket Hus de Estocolmo y el Constitutional Hall en Estados Unidos.

- Sé que es difícil, pero le pido escoger dos o tres momentos trascendentales tanto para su vida personal como artística… es decir, experiencias, dentro o fuera del escenario, que lo forjaron como hombre, como artista y que considera cruciales.
- Mi matrimonio con Cecilia Costa para hacer familia con Daniela y Paola, mis hijas; Lucas, Ignacio, Joaquín, mis nietos; Antonio y Fernando, mis yernos, ha sido el pilar de esta aventura para viajar por el mundo, siempre con el pasaje de regreso a la Bolivia del permanente desafío.
Y el encuentro con Benjo Cruz, que en 1970 me invitó a volver a La Paz a cantar las canciones de amor a Bolivia.

Desde lejos ya regreso / ya te tengo en mi mirada / ya contemplo en tu infinito / mis montañas recordadas…

- Le pido ahora enfocarse en Bolivia de los años 60 y 70, siempre tomando como referencia su trayectoria artística.
- En 1965 conocí a Los Jairas, a Alfredo Domínguez, a Gilbert Favre y a Violeta Parra. En 1971 acompañé al general Juan José Torres como fundador del Departamento de Cultura de la Prefectura de La Paz. En el golpe de Estado de Banzer sufrí la clandestinidad, la prisión y la tortura por defender a la Universidad Mayor de San Andrés.
En 1980, relacionado con Marcelo Quiroga Santa Cruz, con Luis Espinal, con la Federación de Mineros, con la Central Obrera Boliviana, opté por el exilio en México, lo que me permitió conocer todo Centroamérica a través de sus cantores populares.

- ¿Cuándo consolidó su carrera, su vocación de escribir y cantar al país, a los bolivianos, a la vida…?
- A partir del Festival Varadero 81, en Cuba, donde conocí a Silvio Rodríguez, a Amaury Pérez, a Mercedes Sosa. Luego, cuando pude cantar en el Auditorio Nacional de México con Alfredo Zitarrosa, Alí Primera… o en el festival Abril, en Managua de 1983, junto a Daniel Viglietti, Gabino Palomares, Amparo Ochoa, Nicomedes Santa Cruz, los hermanos Mejía Godoy y Manuel Capella… fue entonces que sentí que mi canto se proyectaba en el continente latinoamericano.

El chango norte potosino / ya se ha marchado a las Europas / se fue buscando su destino / así cantando viejas coplas. / Con su charango se fue feliz / sentado en un transatlántico / atrás dejó lo altiplánico / cuando por fin llegó hasta París.

- ¿Puede escoger algunos pasajes, algunas experiencias específicas que le propició su vocación de cantautor, de artista que trabajó siempre junto a la gente?
- Mi participación musical en el calendario minero acompañó siempre la lucha de los trabajadores. Mis viajes por la zona yungueña, la defensa de la coca como instrumento para mitigar el hambre de los trabajadores del campo y las minas.
No volverán a sangrar / las calles del campamento / ni se escucharán lamentos / en las noches de San Juan / y si nos quitan el pan / a fuerza de dictaduras / nuestra lucha será dura / por pan y por libertad....

Posteriormente, gracias al entrañable Luis Ramiro Beltrán y las giras por todo el país, pudimos consolidar la democracia y empezar a hacer la pedagogía de la democracia participativa que hoy disfrutamos.
Basados en estos logros hemos propuesto al actual Gobierno hacer pedagogía musical anticorrupción, con escasa respuesta.

Hoy estamos contentos haciendo pedagogía artística informal para jóvenes con síndrome de Down con esperanzadas ideas para el futuro, quedando pendiente hacer un disco para niños mientras llega la edad ideal de mis nietos.

- ¿Qué le dio la vida a Luis Rico? 
- Una familia que me quiere, que sostiene mis 45 años de canto y más de seis décadas de vitalidad aferrado a mi guitarra. 

- ¿Qué cree que Luis Rico dio, aportó (y seguirá haciéndolo) a este país, a este mundo…?
- Mis canciones, que hablan de los mineros, de las palliris, de los campesinos, del medio ambiente, de los mártires de la recuperación de la democracia, de los afrobolivianos, de la historia de Bolivia, de las mujeres bolivianas, de la migración y del retorno a Bolivia. 

- ¿Se anima a mencionar algunos nombres de hombres y mujeres que hayan sido fundamentales en su vida? 
- Mi padre, que tocaba su guitarra para olvidar su excesivo patriotismo por la frustración de la Guerra del Chaco. Mi madre, que supo parir, criar, alimentar y educar a sus diez hijos.
 Puso la mesa, / sirvió a los niños, / cambió pañales, / cortó los panes, / limpió de nuevo mesa y cocina. / Le dio a Mercedes la medicina; / pidió su turno en los lavaderos. / Talló vestidos y pantalones, / miró la ropa tendida al sol, / como si ayer no se hubiera hecho. / La misma friega todos los días, / se caminaba de nuevo el trecho. / Sintió la vida como prisión, se le escapaba todo lo hecho.

A Liber Forti, el último anarquista de América Latina. Al escritor Juan Rulfo (Pedro Páramo y El llano en llamas), a quien tuve la oportunidad de conocer en México en 1981, y a Matilde Casazola, mi tabla de salvación en esta locura de vivir con el canto comprometido.

- ¿Por cuáles actos, obras, aportes quisiera ser recordado en la posteridad?
- Por todas las canciones de las que soy compositor e intérprete; tanto por la más amorosa, como Tanto te amé, como por la más dolorosa, como Quince puñaladas.


Martín Zelaya Sánchez

 "...Y el encuentro con Benjo Cruz, que en 1970 me invitó a volver a La Paz a cantar las canciones de amor a Bolivia”.

 

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