Análisis

En octubre murió el Estado

Mamani sostiene que a la muerte de un Estado nació otro: los poderes barriales se territorializan y se yerguen como otro Estado.
viernes, 1 de noviembre de 2013 · 14:17
Otro Estado nace en la ciudad de El Alto en octubre de 2003. Aunque el 17 volvimos al actual Estado con: ni venganza, ni olvido, ¡justicia!
Éste está dado en el contexto de la masacre del MNR, dirigida por Gonzalo Sánchez de Lozada. En aquel año se produce un nuevo derramamiento de sangre aymara y de los relocalizados mineros. En los barrios de Santiago II, Cruce Villa Adela, Villa Ingenio, Río Seco, Ballivián, alrededores de Senkata, junto la naciente Universidad Pública de El Alto, se cometen asesinatos por balas del Ejército. Ante este hecho, la gente responde con ocupar el espacio físico urbano, donde cavan zanjas, levantan barricadas, y ocupan plazas y calles para evitar todo espacio y movimiento al Estado-Gobierno.
Ante esta realidad, los tanques de guerra y los soldados que habían osado disputar a matar, no pueden entrar al territorio de los barrios.
Las calles polvorientas y avenidas sin asfalto se habían convertido en charcos de sangre de gente joven, de los vecinos, y mujeres, también de los niños y niñas. Esta  matanza también se vive en Senkata el día 12 de octubre, cuando una caravana militar tiene la orden de transportar gas domiciliario a la ciudad de La Paz. Hecho que deja un reguero de cuerpos tirados en la avenida 6 de Marzo y sus adyacentes y en el sector de la Ballivián. El Estado boliviano se baña nuevamente de sangre aymara o qulla, dando sentido a su genealogía colonial.
En el sector sur de El Alto vi cómo un alteño caía herido delante de nosotros, esto es en la avenida Estructurante. El Ejército disparaba ráfagas de ametralladora en cualquier dirección y también lo hacía desde los helicópteros. Como huella de esto quedan hasta ahora postes de luz con balas impactadas.
Es ante esta realidad política y militar que las juntas vecinales se convierten en los nuevos gobiernos territoriales para cuidar la vida y no permitir que el gas saliera por Chile a Estados Unidos. Unas 400 juntas vecinales (hoy son 609) se han convertido en gobiernos barriales para autogobernarse por sí mismas mediante las interrelaciones territorializadas de la ciudad levantada. La Fejuve ya no tenía en este contexto poder de mando sobre los barrios y sus juntas vecinales. Las juntas vecinales desautorizan a la Fejuve a hablar a nombre de la ciudad de El Alto. Los barrios se convierten en el núcleo duro del levantamiento y sostén del mismo. Estos poderes barriales se territorializan y se yerguen como otro Estado.
Miles y millones de aymaras y mineros se organizan en diferentes niveles dentro de estos territorios para protegerse de las balas del Ejército y finalmente para derrotar a la dictadura neoliberal. Aunque hoy los autores materiales e intelectuales de aquel hecho no tienen sentencia ni están encarcelados, como Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Sánchez Berzaín, que viven en los Estados Unidos. Y allí incluso hablan de la defensa de la democracia.
Este nuevo sistema de gobiernos urbanos barriales, ¿sobre qué se fundan? El hecho fundante de éstos son los turnos, rotaciones, asambleas y la creación de servicios de contrainteligencia, y el grito de la multitud, ahora hecho en un otro Estado.
Es en este sentido que el Estado boliviano había muerto. Porque ha sido derrotado política y militarmente. Sus sistemas de vigilancia, el control del territorio, la natalidad y todo el sistema de símbolos no tenían sentido. El poder del barrio en su sentido social y su legitimidad están dados en la rotación en el poder y los turnos en tanto fundamento de las acciones colectivas.  Y esto está conectado con la lógica o sistema del poder de los ayllus andinos, porque la ciudad de El Alto tiene una gran relación lógica y práctica, además que sus habitantes vienen de los ayllus y comunidades.
¿Qué significa rotar y los turnos? Para no cansarse y no hacer grandes esfuerzos individuales o colectivos, la rotación se convierte en el hecho práctico de este poder. Rotar en el poder y el control del territorio por rotación son hechos reales porque todos y todas asumen ese hecho. Todos y todas actúan. Y todos y todas se turnan en distintas actividades. Y todos y todas controlan ese poder.
Es un poder social de Nosotros, diferente al poder de Ellos. Se diría que el poder de Nosotros es rotativo y el poder de Ellos es elitista y caudillista. Ahí está el quiebre histórico de la lógica liberal del poder, incluida la llamada socialista, que se funda en el culto a la persona del líder. Ninguno de estos dos sistemas tiene el sentido de compartir el poder, sino es la de concentrar éste en un grupo privado y particular. Son esta práctica y visión las que han sido derrotadas. Aunque las mismas han vuelto de modo real hoy con discurso de izquierda y la revolución.
Así el sistema del ayllu, el poder compartido y rotatorio se inscriben entre los territorios del norte y los territorios del sur de la ciudad de El Alto. Aquí el poder es disperso entre toda la gente porque desde ella hace que cada actor sea el actor de este poder. Aquí el hecho es que si no tenemos el poder, ¿cómo podemos actuar? En el pensamiento político aymara, el poder o la libertad no se negocia ni se cede ante nadie. Cada uno y en comunidad mantiene este poder como fuente fundante de la libertad y del poder compartido o binario.

Si una parte tiene el poder y otra parte no tiene, entonces entramos a la muerte civil de la política. Y ahí está el nacimiento de otro Estado. Un Estado radicalmente diferente al Estado boliviano. Es el Estado del ayllu andino. Su lógica es el autogobierno de la vida y del poder compartido.

Pablo Mamani
sociólogo

El poder del barrio en su sentido social y su legitimidad está dado en la rotación en el poder.

 

 


   

60
1

Comentarios

Otras Noticias