El último mestizo

Más páginas de mi diario

Un particular vistazo a la coyuntura.
viernes, 1 de noviembre de 2013 · 14:56
Estarás de acuerdo conmigo, querido diario, en que soy un desordenado total respecto de mis lecturas y mis anotaciones. Si digo, por ejemplo, que últimamente he estado encontrándome con ciertos raros amigos, en realidad ha sido hace algunos años.
Y si comento alguna observación respecto del Canal Siete, se refiere al mes pasado. Entonces, digo, ¿esto que escribo es un diario o qué?
Con esta salvedad, quiero acordarme ahora de don Henry Miller, su amorcito de Anaïs Nin, o viceversa, quien decía a propósito de las lecturas: "leer es corroborar”.
Viene esto a cuento porque uno de esos amigos raros que frecuenté hace tiempo es don Federico Nietzsche. Y cómo no voy a corroborar expresiones como ésta:
"El espíritu de contradicción, las calaveradas, la desconfianza alegre, la ironía, son signos de salud. Toda forma de absoluto es del dominio de la patología”.
El comentario es de usted, futuro lector de estas páginas. Lo que viene luego sí será objeto de mi reflexión: "La locura es rara en los individuos; en los grupos, en los partidos, en las naciones, supone la regla de ciertas épocas”.  
Y es el caso de mi país, en esta época. Porque yo no estoy loco, o por lo menos aún me controlo. No es ninguna novedad que les diga que andamos mal, señores. Que el poder no sólo envilece sino enloquece. Abra un periódico, escuche la radio o póngase a ver en la tele algún informativo y basta.
"Desde 2006 dejamos de ser mendigos”, dice por ejemplo el periódico oficialista. Y en el conflicto entre vendedoras de un mercado y agentes municipales, al comentar el periodista que varios agentes resultaron heridos, la vendedora dice: "Entre ellos nomás se han herido pues, al querer quitarnos nuestras mercaderías”.
Esto no puede ser locura individual, ¿no es cierto? Tiene que ser colectiva, inclusive el caso de una señora que quería vender bien baratito su departamento de un edificio.
 No lo puedo creer, me dije yo, esto es una ganga. Y me fui corriendo a ver esa maravilla.
A una cuadra pude explicarme el bajo precio. El edificio tenía una rajadura de por lo menos diez centímetros de ancho y cinco metros de largo. Luego, ya en el lugar y después de visitar el departamento, le digo a la dueña: "pero el edificio está rajado, señora”. "No, me dice, no es rajadura, lo que pasa es que el edificio se ha movido”.
Esto no es cosa del presente, pues la época de locura viene de hace más de una década. Me estoy acordando de un titular de prensa de aquellos negros años: "Campesinos voladores”, donde se explicaba cómo ocurrió que algunos campesinos resultaron heridos de bala, cuando las fuerzas del orden sólo habían disparado al aire. Si a los campesinos no se les hubiera ocurrido andar volando, por lo menos a unos 20 metros del suelo, ninguno hubiera resultado herido.
Y ya que estamos hablando de farándula, quiero compartir contigo, diario querido, mis observaciones sobre el proceso de cambio, o mejor dicho, sobre las vueltas que da la vida.
Allá por los años 2006 y 2008, todos recordamos cómo el Gobierno estaba decidido a terminar, cueste lo que cueste, con las fuerzas separatistas del oriente boliviano, encaramadas en la dirigencia cívica y en el empresariado blanco, extranjerizante y cavernario.
Inclusive, simbólicamente, las fuerzas del bien, respetuosas de la Pachamama y el medio ambiente que conforman una unidad en el cosmos, en el otro extremo del país degollaron y liquidaron públicamente a unos cuantos perros flacos e indefensos.
Y las fuerzas del bien vencieron, ya que un lustro más tarde, en ocasión del último festejo de la efeméride cruceña, no extrañamente, pero cosa que antes era de mal gusto, por colonial y servil a las fuerzas imperiales, podíamos ver a toda hora por el canal oficial de televisión (la voz y el espacio de los eternamente humillados y despreciados indios) los desfiles de las siempre y justificadamente llamadas magníficas: las más bellas y despampanantes mujeres de Santa Cruz.
¿Qué había pasado? Pues, como lo dijo un sesudo artículo de opinión de uno de los forjadores del proceso, la revolución había llegado finalmente al oriente boliviano y se consolidaba en todo el territorio nacional.
Ya estoy dudando para mi capote si con esto ya la locura ha llegado a mi individualidad. Buscaré otra frase salvadora de mi amigo Federico. ¿Qué tal ésta?: "No nos gusta ya tanto nuestro conocimiento desde el momento en que lo comunicamos”.
O mejor acabo con esta otra, que nos haga olvidar el mal sabor de boca que queda después de tantas noticias absurdas: "Lo que se hace por amor se hace siempre más allá del bien y del mal”.

Con lo que podrán ver mis futuros lectores, cuando este diario sea público, que estas frases son precisamente del libro cuyo título se colige por sus últimas siete palabras de la cita.

Manuel Vargas
Escritor

 "Allá por los años 2006 y 2008, todos recordamos cómo el Gobierno estaba decidido a terminar, cueste lo que cueste, con las fuerzas separatistas”.

 

 


   

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