El premio de cultura

El premio de cultura
viernes, 1 de noviembre de 2013 · 11:23
Machi Mirón
Confieso que la decisión de conceder el Premio Nacional de Cultura 2013 al cantautor Luis Rico no dejó de sorprenderme. En verdad siempre supuse que esta distinción –que considero importante para el desarrollo de esa actividad– estaba limitada a gestores e impulsores de la cultura, en un país donde tal tema siempre fue postergado.                                                    
Algunos conceptos en torno a este tipo de premios llevan a suponer que un premio nacional de cultura estaría limitado a estratos más bien  académicos, no a un campo como la música popular, aunque según uno de los jurados, cuenta sobre todo la trayectoria y la obra que legó a la sociedad quien fue distinguido.                              
La decisión no sólo me desorientó, también me alegró profundamente. Que una figura de la canción popular reciba un premio de este rango muestra que hay intenciones de cambiar conceptos que no son privativos de Bolivia. Creo que maestros como Violeta Parra, Chabuca Granda o Eduardo Falú no recibieron reconocimientos similares.                              
En el caso de Lucho Rico, tengo la impresión que en su elección tuvo mucho que ver con su tarea para incorporar al campo de la música a jóvenes con síndrome de Down, hecho excepcional, pues aún hay conceptos enraizados en nuestra sociedad que golpean su autoestima. Ergo, buscó engrandecer un factor humano a través de la música.
En verdad, lo que conozco de él me da material para encuadrarlo como activista en Derechos Humanos, objetivo al que parece haber apuntado su decisión de elegir el género de canción que desarrolla. Ya muy joven, había optado por el campo del teatro que, en su natal Tupiza, lo acercó al trabajo del maestro Líber Forti.    
En el campo de la música optó por la canción social –tal vez lo correcto sería llamarla testimonial– un sendero álgido en esa época si tomamos en cuenta que en nuestros países ese oficio era una especie de condena a persecuciones y represiones aunque, pese a ello, él persistió en su canto.                                  
Pienso que un referente de su obra es  Los chiriguanos del sur, un testimonio que nos permite reflexionar sobre las condiciones de vida de un sector social que gran parte de los bolivianos preferimos ignorar. Un párrafo aparte para la música que se engarza bellamente a lo conmovedor de aquellos textos.                             

Luego vendría su apoyo activo a los indígenas del TIPNIS, otro referente de los conceptos de vida que carga a través de la canción popular. En verdad, son rostros de un trabajo múltiple que impulsó el sueño por un mundo mejor, hecho que justifica plenamente la concesión del premio.

Que una figura de la canción popular reciba este premio  muestra que hay intenciones de cambiar conceptos que no son privativos de Bolivia

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