Entrevista

La pretensión de ir a retratar otra cultura es ridícula”

Juan Carlos Valdivia, director de Ivy Maraey, sostiene que su nueva producción “es una película de la que la gente sale y empieza a pensar”.
viernes, 1 de noviembre de 2013 · 12:23
Tejiendo Bolivia – ERBOL

Es su cuarta película y ha logrado reinventarse como casi nadie en Bolivia al mando de un rodaje.  Además de dirigir, Juan Carlos Valdivia protagoniza, junto a Elio Ortiz, Ivy Maraey (Tierra sin Mal).  Llena el papel de un ser confuso y contradictorio, aunque, a su vez, auténtico y honesto. Con él conversamos en ERBOL, en el programa de las mañanas sabatinas: Tejiendo Bolivia. Esto fue lo que nos dijo.
¿Por qué se dice en la película que "el cine es un arma de destrucción”?
Estamos rodeados de miles de cámaras, cámaras de seguridad, hay tantas historias que hay que contar, hay tantas cosas sagradas y no hay nada que se deje en paz. Son cosas muy delicadas, que están en el alma de los pueblos.
¿Y por eso no quisiste destruir la cultura guaraní?
Creo que no. Me di cuenta de que no debía filmar la historia de Kuruyuqui, por ejemplo. Que lo hagan ellos. Yo no me siento capacitado para hacerlo, más bien decidí hablar del guaraní de hoy y eso es lo que está en la película.
¿Ivy Maraey es una película sobre los guaraníes o sobre ti?
Yo quería hacer una película sobre ellos, pero terminé haciendo una película sobre mí, me pareció lo más honesto, porque estaba en el rango de lo que yo podía hacer.  Creo que la pretensión de ir a retratar otra cultura es ridícula. Ya no estamos en el siglo XIX, en la época de los exploradores europeos.
¿Tuviste esa pretensión en algún momento?
La tuve al principio. Pero la película es lo que dice su personaje: es la bitácora de mi naufragio, de mi ignorancia. El personaje que yo hago sufre un cambio, yo he sufrido ese cambio. Tú no puedes conocer a nadie si no te conoces a ti mismo. Si no tienes la apertura de mostrarte, entonces cómo esperas que el otro se muestre. Entonces yo empecé diciendo: yo me voy a mostrar a ver si con ese gesto logro que los otros se muestren. Ha tomado mucho tiempo ganarme su confianza, pero al final ellos han participado, se han abierto y han compartido cosas de su cultura.
¿Aprendiste a hablar guaraní?
 Sí, es una lengua muy difícil. Ellos dicen que la hablo como el Goni hablaba español, era de esperar.  Me pareció que un intento de aprender el idioma era muy importante, porque la riqueza de la cultura guaraní está en su lengua.
Sin embargo, la película muestra una tensión permanente entre los dos mundos.
Sí, hay toda una negociación sobre cómo relacionarnos. En la película están extrapoladas las identidades, porque se habla con preferencia de cómo somos diferentes y no cómo somos iguales. Y es más bien a partir de esas diferencias como podemos relacionarnos y convivir. Creo que uno de los problemas del mundo es justamente ése. No queremos ni comer ni vestir igual, hay un movimiento contrario a la globalización. Entonces, la pregunta es cómo podemos construir una sociedad donde somos diferentes y nos respetamos.
 En la película, ¿reivindicas el derecho de ser "blanco” en un país de "indios”?
Yo amo este país, me encanta. Tengo una fascinación por el mundo indígena, pero soy lo que soy. Ponerme un poncho no va a cambiar mi esencia.  No me voy a poner un disfraz para agradar a los demás. Soy lo que soy.  
Mi personaje es como Hamlet, siempre confuso, con una nube en la cabeza, un montón de rollos. No va como una aplanadora, cuestiona el hecho mismo de ir al Chaco. Eso es muy contemporáneo. Todo lo que escribe, lo des-escribe.
Me he dado cuenta después de Zona Sur que puedo articular un discurso y un estilo propios y me atrevo a hacerlo, porque creo que antes estaba tratando de encajar en algún estilo cinematográfico. Sin embargo, ahora empiezo a sentir que tengo una voz propia y no le tengo miedo.
¿De alguna manera estás criticando con ello el cine de Jorge Sanjinés?
Yo lo respeto mucho, creo que estoy andando en el camino que él abrió. Sanjinés es también una persona que se ha atrevido a ir al otro lado. Él le ha dado una identidad y un norte al cine boliviano. Sin embargo, estamos en otro momento. Yo siempre he sentido que las nuevas generaciones de cineastas me estaban pisando los talones y que si no me ponía las pilas, si no hacía algo distinto…  Hay también una urgencia en mí para estar vigente.
Mientras tu personaje escribe, los guaraníes hablan. ¿Hay una tensión entre la cultura oral y la escrita?
Todas ésas son llaves que el público tiene para entender la película, pero a veces, también, a las películas no hay que entenderlas, hay que sentirlas. Hay que estar abiertos a maravillarse con las cosas. Ésta es una película de la que la gente sale y recién ahí empieza a pensar. Yo he trabajado para que eso sea así. No es un drama, es una pieza. El drama refuerza las emociones, el llanto, el miedo. Esta película no es así. Todo transcurre de una manera muy natural, es como mirar el mundo con una lupa. Es como tener cierta intimidad, ver las cosas en detalle.  Y es verdad. La cultura guaraní es oral, no visual. Todo se transmite en esas largas reuniones en las noches, o cuando los abuelos se quedan con los niños mientras sus padres trabajan.  Ellos les cuentan todas esas historias.  Y entonces el narrador puede agregarle algo de su propia cosecha, puede reinventar el mito. Eso es lo que mantiene viva una cultura. En cambio, cuando fijas la imagen, petrificas y entonces esto ya no es posible. Las culturas necesitan usar esos mecanismos de reinvención.
La película rompe muchos mitos sobre el otro y eso sólo ha sido posible por los varios años de estar con ellos. Hemos roto un poco la solemnidad, ese respeto que viene de la culpa. Yo no tengo culpa de nada y como no tengo, por qué no voy a hablar sobre lo que veo y lo que siento. En el momento en que se rompe el hielo se puede hacer eso.
Al final de la película, los jóvenes guaraníes terminan mostrándote su película, ya están en un plano horizontal, como colegas. ¿Vamos como país hacia eso?

Para mí esa parte es un poco el futuro. Eso es lo que creo que va a pasar y debería pasar en Bolivia. Tenemos que ir al otro, no para convertirte en él, sino al menos para entenderlo.

Rafael Archondo
periodista

"Eso es lo que creo que va a pasar y debería pasar en Bolivia. Tenemos que ir al otro, no para convertirte en él, sino al menos para entenderlo”.

 

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