Debate

Aguinaldo

El doble aguinaldo es, según Ayo, una forma de reconocer a buenos profesionales que, sin embargo, reciben salarios “bajísimos”.
viernes, 29 de noviembre de 2013 · 21:19
Diego Ayo

politólogo

No creo en ninguna movida política del Gobierno. O, para ser más claros, no creo que en la mente de nuestras autoridades esté inserta la noción de "bien común”, que no es otra cosa que hacer las políticas teniendo presente la necesidad de beneficiar a todos. No lo creo. Una de las características del evismo es la búsqueda del poder a como dé lugar. El objetivo es la preservación del poder, sea al costo que sea: electoralizando la democracia, pisando a la Pachamama, olvidando los derechos humanos y sacando del camino a lo que se venga con cara de cuestionar el prorroguismo.
En ese ambiente, ni todas las poco didácticas explicaciones del ministro Arce ni las siempre poco creíbles palabras de Evo Morales sobre que se "debe dar más a los más pobres”, ni menos el conjunto de apologías escritas últimamente, me van a convencer de las bondades del doble aguinaldo. Es una medida electoralista. Y sepa usted lector que se vienen más, muchas más.
Hago esta introducción para que no se dude de mi opinión. Sin embargo, es otro mi objetivo, vaya paradoja: creer a veces, sólo a veces, que el proceder gubernamental, con todo lo demagógico y anti-democrático, es el correcto. O, para ser más exacto, no es el más correcto, sino es el menos incorrecto. No hay dudas que desde el punto de vista del "manual del buen gestor público” este tipo de políticas son desatinadas, sin embargo, desde la realidad, tal cual es, cruda y dura, quizás no lo sea tanto.
Me explico. Y lo hago desde mi experiencia personal. Tengo un par de amigos que tienen una excelente formación profesional y una amplia experiencia laboral y que, aún a pesar de estos laureles, sus salarios son bajísimos. Trabajan en dos empresas privadas cuyo nombre me abstengo a revelar, pero que no son de aquellas que indudablemente se verán perjudicadas. Sé que hay muchas que deben luchar tenazmente contra la infinidad de dificultades que señala la variada gama de reportes internacionales (Doing Business, Índice de Libertad Económica, Frazer Institute, etcétera). Y a todas ellas se suma esta medida inconsulta. Insisto, las empresas a las que me refiero no son las grandes (cervecería o San Cristóbal) pero no son aquellas que al cancelar este soterrado impuesto van a quedar fregadas. No.
Dicho esto, queda por decir que nunca en su historia estas empresas han ganado tanto. De acuerdo a lo comentado por ambos amigos, "sus” empresas han facturado, ya como ganancias líquidas de fin de año (descontando sueldos y aguinaldo), 105 mil y 230 mil dólares, respectivamente.
Ninguna de ellas paga más de 800 dólares en salarios. En realidad ninguna de ellas paga más de 400 dólares y sólo en los casos de los gerentes la cosa sube a 600, 700 y 800 (ya con algunos años). La que gana 105 mil tiene 12 empleados. Mi cálculo es simple: si les sube el salario de 400 a 600 y a los gerentes a 1.000, o sea, como promedio 200 dólares per cápita, el dueño de la empresa va a tener que cancelar casi 30.000 dólares más por año a sus empleados. En ese escenario, "sólo” le quedaría 75.000 de ganancia. Haciendo el mismo cálculo para la segunda empresa, el resultado es contundente: en vez de ganar 230 mil dólares se quedaría con 160 mil. ¿Qué tal? Nada mal en mi criterio. O mejor dicho, excelente. La cosa queda más equilibrada y los empresarios siguen lucrando.
Empero, no lo han entendido así estos señores que inmediatamente: a) han subido los costos de sus servicios, b) han renunciado ellos mismos como gerentes generales a su doble aguinaldo, c) han invitado a su personal a imitar tan noble actitud en nombre de la empresa que "es de todos” (aquí Evo se queda corto), d) van a despedir a algunos empleados, e) han señalado que harán algunos recortes en el pago de los salarios para el siguiente año, y ya como corolario tragicómico f) han dicho, por debajo (o sea sus empleados) que este año no habrá panetones navideños (a 50 bolivianos por panetón por 12 empleados: ¡600 bolivianos! ahorrados). Eso quiere decir que los jodidos son los consumidores, los mismos empleados y, claro, los panetoneros. Hay que decir que, de yapa, la medida es políticamente útil para estos empresarios. Ya saben que aquellos empleados que no renuncian a su doble aguinaldo deben ser removidos ("los revoltosos”); y saben, por lo mismo, quienes son leales y podrán quedarse.
En suma, me pregunto yo, ¿se puede dialogar algo con este tipo de señores? Lo dudo. Por ello, ni por un segundo creo en la sensibilidad del Gobierno al aplicar esta medida, pero me queda claro que creo menos en la avaricia no menos abusiva de quienes lucran pero no redistribuyen. Por ello, queda la interrogante: ¿no le quedaba al Gobierno más que esto? Si la respuesta es positiva, el balance es deprimente: si se lo hace dialogando, no se redistribuye ni medio centavo, y si se lo hace sin diálogo, se cae la democracia y se consolida el presidencialismo imperial evista. Por eso exijo que si estos caballeros no dan panetones, al menos den chocolates "sapito”.  

Es otro mi objetivo, vaya paradoja: creer a veces, sólo a veces, que el proceder gubernamental, con todo lo demagógico y anti-democrático, es el correcto.

 

 


   

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