Nobel 2013

Esas ausencias que son presencias

Hace pocos días Munro no pudo ir a Suecia para recibir el Nobel de Literatura, y su ausencia motivó una necesaria reflexión del autor.
viernes, 13 de diciembre de 2013 · 21:53

Carlos Decker-Molina
Periodista y escritor 

"Cuando un hombre sale de su habitación, todo lo ocurrido queda ahí; cuando sale una mujer, lo ocurrido sale con ella”.

Dos premios Nobel de Literatura tardíos que no llegaron a Estocolmo a recibir el galardón de manos del rey: Doris Lessing, fallecida hace unas semanas, y la canadiense Alice Munro. Ambas ausencias tienen una fuerza literaria que las hace permanentes.

Tanto el fallecimiento de Lessing como la ausencia de la recién galardonada Munro son la espoleta de un debate sobre la literatura creada por la mujer.
La discusión no tiene lugar sólo en Suecia, se intercambian ideas sobre el tema en España y en Francia. ¿Existe una literatura femenina? No lo sé, me parece que lo que existe es una literatura con una mirada femenina.
Personalmente pienso que aún no he vencido todos los estereotipos de mi generación que se resumía en un barbarismo: "la mujer no imagina, envagina”; o ese tristemente célebre tópico: "Detrás de un gran hombre hay una mujer”, que era la manera de reducir a la mujer a un objeto y a no ser luz sino sombra.
Los miembros de la Real Academia Sueca de Literatura, que escribieron la motivación del premio a  Lessing, no lograron ocultar el prejuicio cuando escribieron: "por su capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria”.
Quienes leen la literatura de Doris Lessing saben que ella luchaba en cada frase por huir de la experiencia femenina para convertirla en universal. Leer El quinto hijo es encontrarse con un alegato crítico sobra la ceguera social. Es una novela que enlaza la larga historia de odio y violencia contra lo extraño, contra lo indeseable por las personas y las instituciones que cierran los ojos ante el "otro”.
O su fabuloso Cuaderno dorado, con diálogos inolvidables, muchos de ellos dichos por nosotros en situaciones similares; un alegato en contra del machismo de la militancia.
Las mujeres literatas abordan los temas (que no tienen sexo) de una manera diferente. Veamos lo escrito por Alice Munro, que se expresa a través de uno de sus personajes: "cuando un hombre sale de su habitación, todo lo ocurrido queda ahí; cuando sale una mujer, lo ocurrido sale con ella”.
Permítanme volver al ayer: pienso que el universo tan complejo de la mujer suele estar caracterizado por su silencio; tiene más preocupaciones que nosotros en el sentido de no gustar, de no triunfar, quizá de no ser aceptada, por elegir mal o simplemente por su ambivalencia.
Incluso las emancipadas hacen trabajo doble. Me recuerda al inmigrante triunfador que para lograr sus objetivos profesionales, tiene que ser mejor que el mejor de los naturales y, a veces, ni eso sirve.
En una edición del The Vancouver Sun (1961) hay una entrevista con Munro que el periodista tituló "Ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos”. ¿Cuál sería el titular de hoy?
El estereotipo aconseja exaltar lo hecho por la Munro porque a pesar de ser escritora ha sido madre. En ese campo,  Lessing dejó a su primer marido con su hijo para militar en el partido comunista; pero al hijo de su segundo marido, luego del divorcio, se lo llevó a África. Entonces había abandonado el partido y escribió Cuaderno dorado.
En Creciendo con Alice Munro, escrito por su hija Sheila, cuenta que cuando sus hermanas y ella entraban en el cuarto de planchar, donde la madre solía escribir, Alice retiraba su cuaderno para dar a entender que hacía algo tan ramplón como la lista de compras. "Mamá quería mostrarnos que nosotras éramos su prioridad”.
En Suecia no faltan mujeres literatas, las hay de las buenas, de las experimentadoras e innovadoras; algunas son feroces feministas seguidoras del manifiesto de Valerie Solana, como Sara Stridsberg, que escribió una novela-ensayo extraordinaria llamada Drömfakulteten (Escuela de sueños), en la que recrea el manifiesto de quien intentó asesinar a Andy Warhol.
Sara entremezcla realidad y ficción, y recupera la vida de la Solana con un lenguaje provocador, pero poético y divertido. El telón de fondo del drama es un Estados Unidos marcado por la violencia, las trampas económicas y financieras.
La prensa y el arte figuran como símbolos del engaño: "Si pudieron mandar un hombre a la Luna, yo podría mandarlos a todos”.
Las Saras Stridsbergs suecas son una réplica de Pippi Långstrumpor (Pippi Calzaslargas), el libro para niños más vendido de todos los tiempos. Pippi es una niña que vive sola en una casa con su caballo y su pequeño mono, tiene un cofre de dinero y es totalmente independiente.
Si hay un personaje en la literatura escrita por hombres como réplica de una Pippi moderna, ésa es Lisbeth Salander (trilogía Milenio), una mujer que no es el viejo prototipo de la figura sueca de almanaque.
La Salander es una flaca, llena de tatuajes, cargada de piercings, bisexual, que no se queda en un rincón esperando que la salve algún hombre. Es triste, seria, golpeada, herida física y anímicamente, pero imbatible.
Los académicos suecos no leyeron en su infancia a Pippi Långstrumpor. Doris Lessing y Alice Munro estuvieron en las listas de candidatos durante varios años. Sus premios Nobel tardíos son un consuelo para sus lectores y un aliciente para las mujeres que escriben. Pero aun así, no deja de dar bronca por lo tardío del reconocimiento.

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