Ciudadanía

Participación de carne y hueso

¿Cómo y con qué se come la “participación corresponsable”? Es más: ¿existe?, ¿es posible? Aquí algunos ejemplos inspiradores.
viernes, 13 de diciembre de 2013 · 21:46

Abdel Padilla
periodista 

"Corresponsabilidad”,  palabra clave. Si uno es responsable de sus actos, puede avanzar; pero si uno es corresponsable, puede lograr cambios en su entorno”.

Dicen ciertos expertos municipalistas que en Bolivia lo que menos falta son manifestaciones de participación ciudadana, y que, al contrario, hay un "exceso” de ella, aunque relacionada con acciones de demanda sectorial o de protesta "hasta las últimas consecuencias”.

En esta ocasión no nos referiremos al tipo participación vinculada a los ámbitos jurídico y administrativo de nuestro armazón constitucional, sino al tipo de participación de a pie, aquella desprovista de vínculos gremiales o políticos; una participación más "humana” y mundana, más de carne y hueso.
Para ello, lo primero que uno debe tener claro es que –al menos desde el marco institucional– no es suficiente potenciar las instancias y canales de participación o empoderar a la gente para que su voz sea escuchada con más fuerza, sino también cualificar ese proceso.
Es decir, afinar la puntería para que los eventuales interlocutores alcancen sus objetivos y los de su comunidad en el marco del respeto mutuo y común, pero también de corresponsabilidad.
 "Corresponsabilidad”,  palabra clave para intimar con la participación ciudadana de a pie. Si uno es responsable de sus actos, puede avanzar; pero si uno es corresponsable, puede lograr cambios en su entorno.
En consecuencia, la participación corresponsable es una participación consciente, solidaria, responsable, permanente y comprometida.
Preguntarán ustedes: ¿cómo y con qué se come la "participación corresponsable”? Es más: ¿existe?, ¿es posible?
Desde luego que existe y late en nuestra sociedad y a ritmo sincopado, pero es aún poco perceptible porque sus manifestaciones no son del todo visibles y porque sus protagonistas las trabajan dentro de las cuatro paredes de un aula, en una posta de salud alejada de frontera, en los secretos de un Servicio Legal Integral Municipal (SLIM), en las confidencias de amas de casa o a puertas cerradas de una Alcaldía.
Hasta aquí la perorata. Vamos con ejemplos y testimonios de vida reales a desandar los caminos abiertos por ciudadanas y ciudadanos bolivianos que un día, inspirados en una idea, decidieron valientemente hacer algo más que el resto, salirse del libreto sin incurrir en ilegalidades, darse el gusto de mejorar su calidad de vida y la de su entorno, sin pedirle permiso más que a su propia conciencia y a su creatividad.
Éstas son algunas de las historias de ciudadanas y ciudadanos trabajando, construyendo Estado.

Aplazo para la hora boliviana
Se tiene la impresión de que los directores de colegios públicos son el eslabón más pasivo entre los actores del proceso educativo al ser su labor mayoritariamente administrativa. Obviamente, ésta es una generalización y hasta un prejuicio.
Para muestra cientos de botones y uno que brilla con mérito propio en el municipio de Yotala, en Chuquisaca. Y es que al profesor Julio Galeán se le ha metido a la cabeza erradicar la tristemente célebre hora boliviana; y, luego de dos años de brega, lo está logrando, al menos en su entorno: el colegio Gregorio Pacheco, del cual es director.
A esta unidad educativa, todas y todos, maestras y alumnos, llegan, al menos, 15 minutos antes del timbrazo inicial. Del control y el incentivo se encargan dos muñecos creados como parte de la iniciativa –El Yotaleñito y La Yotaleñita–, que son representados por los propios alumnos.
El concepto se ha diseminado entre la comunidad y se complementa con actividades de educación comunitaria e intercultural, como el cuidado de un huerto y el apoyo a un elenco estable de teatro juvenil.
El contagio es tal que el gobierno municipal no descarta convertir a Yotala en el municipio más puntual del país.

Parto seguro, amigable
e intercultural
El dar a luz es un acto sublime para toda mujer, pero el momento del parto puede ser un todo un trauma, más si el ambiente es agreste e inamistoso.
Les sucedió a las mujeres del municipio de Guarayos, donde el 70% proviene de comunidades indígenas. Las mujeres se quejaban por el trato de los galenos y las enfermeras y, en consecuencia, rehuían el dar a luz en un hospital.
Hoy la realidad es distinta, gracias a un proyecto coordinado con la Central de Mujeres Indígenas de Guarayos, que luego de haber denunciado casos de "violencia obstétrica”, logró que médicos y pacientes intercambien sus visiones y posiciones. El resultado: el trato mejoró y se conformó un comité en pro de la medicina tradicional y el parto seguro e intercultural, que entre otras cosas asegura la presencia de una partera durante los alumbramientos.

Por una vida sin violencia
El municipio de Sucre tiene reservados para el siguiente año 75.000 bolivianos para aplicar la técnica del Teatro del Oprimido a parejas en situaciones de violencia. La decisión es fruto del esfuerzo de los siete SLIM de esta ciudad, que este año aplicó esta técnica –que permite simular situaciones de violencia familiar pero en la que el agresor y la víctima cambian de actitud– a más de una decena de parejas que lograron salir del círculo de la violencia aunque  no todas restablecieron su matrimonio.
Y es que las iniciativas también pueden y deben partir de servidores públicos, y cuando éstas tienen eco en la institucionalidad del gobierno municipal, el círculo se cierra.
Una cadena de jóvenes
Si hay algo vivo en el entramado ciudadano son los jóvenes. Participan a su manera y con ideas propias, y lo hacen por sobre los prejuicios de los adultos. En Chayanta, Potosí, un grupo de jóvenes se capacitó para capacitar a sus pares en temas de interés general, como alcoholismo.
El entusiasmo se reflejó entre los pobladores y el gobierno municipal, que comprometió 10.000     bolivianos para fortalecer la cadena de jóvenes capacitando a otros jóvenes.
 
Quién lava los
platos en casa
Quienes ya respondieron esta incómoda preguntita, se habrán percatado que lo que viene está relacionado con roles. Un grupo de mujeres y hombres en Tarija cuestionó las funciones y responsabilidades familiares, y a través de ello todo una estructura de roles asignados socialmente a unas y otros.
El resultado: hombres y mujeres sensibilizados, ellos asumiendo roles que se suponían no asumían y ellas con más tiempo para participar de otros ámbitos, como el político.
Tarija, Guarayos, Yotala, Sucre y otros 80 municipios estarán representados desde el miércoles 11 al viernes 13 de diciembre en un evento auspiciado por el PADEM y la Cooperación Suiza, denominado Ciudadanas y Ciudadanos Trabajando. Un encuentro inédito para tomarle el pulso a la participación ciudadana más allá de los discursos.

 

 


   

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