Análisis

2013: un modelo para armar

viernes, 27 de diciembre de 2013 · 22:10
Isabel Mercado
El año pasó volando. Es lo que se dice en tiempo del vértigo globalizador que envuelve a todos. Pero, así rápido como fue el 2013, trajo lecciones y reflexiones que quedan como herencia para los años venideros, los más cercanos y los que vendrán. Sobre todo para el país.
Fue, el 2013, un año en que se dieron pasos trascendentales en Bolivia, pero también se advirtieron rezagos monumentales; un año en el que se tuvieron buenas nuevas, pero también hechos que dibujaron espacios de crisis no resuelta, de riesgo y de fragilidad de la democracia que servirán para proyectar el camino próximo.
Empezamos recuperando dignidad ante la parálisis de las negociaciones con Chile por una salida soberana al mar cuando el país presentó una demanda ante la Corte Internacional de La Haya. El fallo es incierto y así sea favorable, no garantiza que dejemos la mediterraneidad.
Acabamos con la vista al infinito, siguiendo el rastro del primer satélite boliviano en órbita y, aunque no se sabe -o no se entiende aún- cuáles serán los beneficios concretos, también es una expresión de que los tiempos de dependencia y retraso tecnológico del Estado boliviano quieren ser superados. Pero, con estas buenas nuevas, quedan los sabores amargos de lo no resuelto. La crisis de la justicia ha llegado al límite: no sólo por la ineficiencia, sino por la falta de transparencia e independencia del Poder Judicial que se evidenciaron con la muerte de José María Bakovic (con 76 juicios encima) y las fugas del senador opositor Roger Pinto y el norteamericano Jacob Ostreicher. Pero, no es todo: la crisis carcelaria es también la fotografía de una justicia que no responde a las necesidades democráticas más elementales y que representa un riesgo para el Estado de Derecho que deberá enfrentarse cuando antes.
 Finalmente, 2013 ha sido el año que vivimos en violencia. Aunque las expresiones de inseguridad ciudadana han ido creciendo junto a la urbanización del país y las deudas de la democracia en cuanto a empleo, servicios y otros, este año fuimos testigo de un clima de descomposición social que se tradujo en cantidad y calidad: más crímenes y más crueles. La mujer y los niños siguen siendo los blancos preferidos y a pesar del esfuerzo en dictar normas para sancionar la violencia, se constató que no es suficiente con las leyes sino con acciones que partan desde la cultura política y ciudadana para atacar y transformar las relaciones entre ciudadanos.

El que se avecina será un año eleccionario, en el que es probable que la atención se concentre en la clásica pugna por el poder y el voto. Por eso el modelo que nos deja este año: un modelo de lo que somos capaces de hacer y también de lo que no podemos dejar de resolver...

 El 2013 fue  un año en que se dieron pasos trascendentales en Bolivia, pero también se advirtieron rezagos monumentales.

Confidencial

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