Publicaciones

El camino de una novela

La editorial Caballo de Troya publicará la novela El profesor de literatura, del paceño Christian Vera. Reproducimos (unimos) tres reseñas a modo de adelanto.
viernes, 27 de diciembre de 2013 · 22:18

Ideas

"Esto es lo que ha conseguido el colegio en todos estos años de esfuerzo: la sordera. Todos los alumnos tienen mínimas capacidades de atención”.

¿Se puede ser profesor en un colegio sin morir en el intento? De la existencia de este libro, El profesor de literatura, del boliviano Christian Vera, tuve noticia a través Quintín, crítico y comentarista argentino al que merece la pena leer, aunque uno nunca o casi nunca esté de acuerdo con lo que dice, interpreta u opina.
Quintín es, además de crítico que va "por libre”, un hombre enfadado. Más enfadado con el optimismo de la voluntad que con el pesimismo de la inteligencia, pero en cualquier caso ejerce de ciudadano enfadado y de crítico literario que admira, por ejemplo, la alta cursilería literaria de W.G. Sebald y es muy reticente, sin embargo, frente a la sequedad lúcida de ese otro gran enfadado con el mundo que es V.S. Naipaul.
Recordaba el susodicho a propósito de cierta "literatura escolar” el daño que según Kurt Vonnegut podía provocar la escuela como mortífera arma de destrucción masiva, y proseguía hablando de las ideas de Ivan Illich acerca de la conveniencia de construir una sociedad desescolarizada, a fin de escapar de la dictadura del profesorado.
Y finalmente decía: "Aunque es un libro pleno de humor, más cercano a Vonnegut que a Illich, Vera le da toda la razón al austríaco-mexicano: el camino de la escuela sólo conduce a su propia degradación”.
Y ocurrió entonces que leímos la novela y que decidimos publicarla y que hablamos con el editor y con el autor, y éste aceptó las muy magras y enjutas condiciones económicas que le ofrecimos, y fue así como se llegó a este libro que pronto usted tendrá en sus manos; así que no lo deje caer, ábralo, léalo y disfrútelo y si además tiene usted hijos o padres o nietos en edad escolar, déselo, que acaso su lectura les haga bien. Que de eso debería tratar la literatura: de la lectura como bien común, de herramienta contra el daño. (Texto de Constantino Bértolo)

La mala educación
(texto de Quintín)
Empecemos este viaje en el norte: Indiana, Estados Unidos, 1973, donde transcurre Desayuno de campeones, de Kurt Vonnegut, que se acaba de reeditar en castellano.
Ese año, Quino dejó de publicar Mafalda. Era hacia el final de la era de las utopías, y los lectores se imaginaban un mundo sin guerras, sin hambre, sin injusticia social, sin imbecilidades totalitarias, hasta sin escuelas.
En la página 151 de Desayuno de campeones se lee que Patty Keene, camarera de un local de hamburguesas, se disculpa por no emplear la palabra correcta con un cliente.
Dice Vonnegut: "en la escuela, siempre la alentaban a disculparse. La mayor parte de la gente blanca de Midland City era insegura al hablar. (...) Eso era porque sus profesores de lengua hacían muecas de disgusto, se tapaban las orejas, los reprobaban, etcétera, cuando no hablaban como aristócratas ingleses anteriores a la Primera Guerra Mundial”.
Si Vonnegut advertía al pasar sobre el daño que podía provocar la escuela, Ivan Illich, exsacerdote católico nacido en Viena en 1926 y refugiado en su heterodoxo centro de estudios de Cuernavaca, México, publicaba dos años antes La sociedad desescolarizada.
Más allá de divisiones políticas, ideológicas y morales, la idea del aprendizaje se había cristalizado (y lo haría aún más desde entonces) en una demanda de más educación obligatoria y una asignación creciente de recursos a las instituciones compulsivas que la sostienen.
Illich propone ir en la dirección contraria, y considera el sistema educativo una iglesia funesta de la que el Estado debe desprenderse en lugar de estar al servicio de su infinita voracidad.
Los argumentos de Illich son fascinantes porque muestran que hace 40 años todavía se podía tomar distancia de la uniformidad de creencias y la desigualdad de resultados que la sociedad impone en sus ciudadanos mediante el sistema escolar, y hasta se podía impugnar la idea misma de la niñez en la que se basa la maquinaria infernal de la educación.
Ahora avancemos en el tiempo y bajemos en el mapa hacia el sur. Nos detenemos en La Paz, en 2012, cuando el poeta Christian Vera (1977) publica Click –que ahora se publicará bajo el nombre El profesor de literatura-, su primera novela, en la que un profesor de literatura se propone volar el colegio en el que enseña.
Hijo de una profesora, habitante desde el nacimiento del establecimiento, el protagonista -que compensa su magro salario vendiéndoles a los alumnos drogas para que puedan aprobar los exámenes- es el vehículo perfecto para describir a qué ha llevado la derrota de las ideas de Illich en un enclave del Tercer Mundo: a convertir la escuela en un aguantadero, en una fuente de violencia, de intolerancia y de resentimiento.
Aunque Click es un libro pleno de humor, más cercano a Vonnegut que a Illich, Vera le da toda la razón al austríaco-mexicano: el camino de la escuela sólo conduce a su propia degradación.
"Esto es lo que ha conseguido el colegio en todos estos años de esfuerzo: la sordera. Todos los alumnos tienen mínimas capacidades de atención, están hartos de todas esas motivaciones escolares que los infantilizan o que subestiman su inteligencia”.

Gota a gota
(texto de contratapa)
En El profesor de literatura no cabe la trascendencia o tal vez la trascendencia se le chorrea, gota a gota, a través de esos pantalones anchos que lleva puestos y que le dan aspecto de hombre ridículo, de atributos relativos: el aspecto de alguien que no es un adolescente pero tampoco un adulto.
Tiene el aspecto de hombre desprolijo, con la barba crecida, los lentes hechos con una montura de plástico café, el pelo todo enmarañado simulando ser un pospunk melancólico o un ser que no se peina muy a menudo, hace meses que quiere raparse completamente y simular que es un enfermo psiquiátrico, pero cree que todavía no es el momento.
Mientras el profesor se presta a ingresar al colegio en el cielo las nubes forman un bloque gris impecable. Sin embargo, el profesor visualiza cómo un rayo de luz perfora la nube y se proyecta en la copa de un árbol muy antiguo. Quiere escribir un haiku que vencer la luz, pero no sabe cómo hacerlo. No sabría cómo hacerlo.

Confidencial

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