Matasuegra

Derecho a volar

El proyecto de reforma del Código de Familias ha sido denunciado como discriminatorio por la colectividad LGBT de Bolivia.
viernes, 27 de diciembre de 2013 · 21:45

Willy Camacho
escritor 

Es lamentable que los legisladores sean incapaces de ejercer su labor sin despojarse de prejuicios, preconceptos ni creencias religiosas.

 Durante las últimas semanas, los legisladores han socializado los proyectos del Código de Familias (CF) y del Código del Niño, Niña y Adolescente (CNNA), que a primera vista representan un avance concreto en materia jurídica y tendrán, una vez aprobados y puestos en vigencia, impacto social e incluso económico, beneficiando a grupos vulnerables de la sociedad boliviana.

El primero fue recibido con entusiasmo, mientras que el segundo provocó polémica, especialmente por los artículos referidos al trabajo infantil y a la definición de niñez, que había sido considerada desde el nacimiento hasta los 12 años, lo cual fue rechazado por legisladores y grupos contrarios a la legalización del aborto, quienes, finalmente, consiguieron que la redacción fuese modificada y se ampliara la definición para proteger y garantizar los derechos del infante desde el momento mismo de su concepción.
La cobertura mediática a tales reacciones fue decisiva para que los legisladores modificasen sin demora el artículo quinto del CNNA, como también para que el presidente Morales recibiera y escuchara los reclamos de los niños trabajadores, tras lo cual manifestó su "opinión personal” al respecto, dejando claro que no está de acuerdo con que el trabajo infantil sea eliminado.
Lamentablemente, los medios no dieron igual espacio al grupo que se manifestó contra el nuevo Código de Familias, denunciando que esta norma discrimina y vulnera los derechos de las personas con orientación sexual distinta a la heterosexual. Digo "lamentablemente”, porque con esto se evidencia el carácter conservador de la prensa nacional (salvo contadas excepciones), que de manera velada toma partido por mantener el statu quo regido por la tradición dogmática judeocristiana (en todas sus variantes). Pero es aún más lamentable que los legisladores sean incapaces de ejercer su labor sin despojarse de prejuicios, preconceptos ni creencias religiosas, habida cuenta de que Bolivia es un Estado laico y, además, que la actual Constitución Política, en el artículo 14, expresa claramente que se "prohíbe y sanciona toda forma de discriminación fundada en razón de sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género (...)”, y garantiza "a todas las personas y colectividades, sin discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio de los derechos (...)”.
En el proyecto del nuevo Código de Familias se establece que la unión libre de parejas se registrará en los Servicios de Registro Cívico (Sereci), sin que sea necesaria la intervención de un juez, ni tampoco la convivencia probada de dos años o la declaración de testigos, entre otros requisitos que la norma actual exige. Esto, obviamente, es destacable por varios motivos, pero los beneficios y virtudes del CF se esfuman, al menos para un sector de la sociedad, cuando los proyectistas optan por mantener un requisito indispensable para el registro de la unión libre: la diferencia de sexos.
Así, el CF discrimina a las parejas homosexuales (gays o lesbianas), privándolas del reconocimiento legal que les otorgaría los mismos derechos que gozan las parejas heterosexuales. Y esto es sólo un ejemplo de cómo, hasta la fecha, los derechos constitucionales de la colectividad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgénero (LGBT) son ignorados o, mejor dicho, legalmente anulados, sin tomar en cuenta sus reclamos, válidos y justos más allá de cualquier visión moral o religiosa.
Con celeridad, los legisladores corrigieron un artículo del CNNA, tras las protestas de los grupos contrarios al aborto, pese a que éste no tenía nada que ver con el tema; sin embargo, no actuaron de la misma manera cuando la colectividad LGBT protestó por la evidente intención discriminatoria del CF. Al parecer, nuestros representantes padecen una miopía moral que les impide leer –y por ende, entender– la "vanguardista” Constitución plurinacional.
Si bien opositores y oficialistas comparten culpa por la violación permanente de los derechos constitucionales de muchos bolivianos y bolivianas LGBT, el partido de Gobierno es el principal responsable, pues su mayoría aplastante en el Legislativo le concede el poder para reparar semejante injusticia. Por otra parte, el MAS debería ser coherente con su discurso, uno de cuyos pilares es la reivindicación y defensa de la diversidad. ¿O es que don Evo y compañía consideran que la diversidad se refleja exclusivamente en diferencias étnicas?
El nacimiento del Estado Plurinacional fue posible gracias a la confianza del pueblo en el discurso del cambio, un discurso revolucionario que prometía inclusión e igualdad, respetando la diversidad. Pero, casi una década después, los LGBT se han dado cuenta (si no lo supieron siempre) de que la promesa no iba dirigida a ellos, que el puño heterosexual los seguirá golpeando, sea zurdo o diestro.
En septiembre de 1986, en una concentración masiva de la izquierda chilena, Pedro Lemebel, escritor y activista LGBT, leyó su manifiesto "Hablo por mi diferencia”, cuyas líneas finales dicen: "Yo no voy a cambiar por el marxismo / que me rechazó tantas veces / No necesito cambiar / soy más subversivo que usted / No voy a cambiar solamente / porque los pobres y los ricos / a otro perro con ese hueso / Tampoco porque el capitalismo es injusto / en Nueva York los maricas se besan en la calle / pero esa parte se la dejo a usted / que tanto le interesa / que la revolución no se pudra del todo / A usted le doy este mensaje / y no es por mí / yo estoy viejo / y su utopía es para las generaciones futuras / Hay tantos niños que van a nacer / con una alita rota / y yo quiero que vuelen compañero / que su revolución / les dé un pedazo de cielo rojo / para que puedan volar”.
Las palabras del cronista chileno bien podrían servir para interpelar al Estado boliviano y a quienes hoy lo dirigen, porque allá y acá, antes y ahora, la situación no ha cambiado: la colectividad LGBT sigue esperando, exigiendo, un pedazo de cielo, rojo o lo que sea, donde se respete su derecho a volar.

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