Libros

Detectives que investigan la tragedia humana

Partiendo de algunos ejemplos específicos, el autor indaga en las nuevas tendencias y estilos de la literatura policial.
viernes, 27 de diciembre de 2013 · 22:20
Carlos Decker-Molina

Periodista

"Es interesante descubrir que las historias -con algunas excepciones- no se refieren a la heroicidad policial, sino son investigaciones de la tragedia humana”.

 

Periodista

Nado le dice a Zac: "En China no hay detectives privados”. Ambos son escritores. Nado vive en Beijing y Zac es el periodista especializado en cultura del Wall StreetJournal. Zac también escribe.
Nado y Zac saben de qué hablan pues ambos escriben novelas policiales. Que lo haga Zac, cuyo apellido es O’Yeah, no es raro, pero que lo haga Nado sí, porque en su país no hay detectives privados, hay policías y una justicia que son apéndices del Estado, y "el Estado es lo que es en mi país”, por eso quien investiga los crímenes que aparecen en las obras de Nado es un periodista.
Pero hay otros autores que, para no imitar a Nado, usan el recurso del académico criminólogo que recibe encargos de los familiares de la víctima, algo que le ocurría con frecuencia a un conocido mío, ConanDonley. En otros casos son policías jubilados o castigados que asumen el rol del detective privado.
Es interesante descubrir que las historias -con algunas excepciones- no se refieren a la heroicidad policial, sino son investigaciones de la tragedia humana que se desarrolla en la cada vez más endurecida sociedad china.
Tuve en mi juventud mis amores literarios con las obras de Agatha Christie, que solía leer en voz alta a mis compañeros de habitación en el internado de la Facultad Nacional de Ingeniería de la Universidad de Oruro, en lugar de estudiar las integrales de "cocolo” Peñarrieta.
Atravesé muchos puentes por encima de aguas siempre diferentes sin que hayan caído a mis manos "policiales” que merezcan el recuerdo, hasta que llegué a Suecia, donde hay una tradición de "novela negra” que comienza con la pareja formada por MajSjöwall y Per Wahlöö que, en el cenit del modelo sueco, revelaron los desequilibrios socio/económico/culturales del reformismo.
Ambos formaron pareja y eran militantes comunistas. Hicieron una gran escuela que culmina con la trilogía  Millennium de Stieg Larsson.
Hay un autor chino que dice haberse inspirado en la pareja sueca. Es Qiu Xiaolong, que ha creado un personaje que algunos críticos comparan con Arkady Renko (investigador ruso) y Adam Dalgliesh inspector de la Scotland Yard  creado por PD James.
El investigador chino se llama Chen Cao, que en El caso Mao recibe la llamada de un ministro que le insta a encargarse con premura de una delicada investigación que tiene que ver con el presidente Mao, a pesar de que el "gran timonel” está muerto y embalsamado hace más de tres décadas.
El ministro teme que Jiao, nieta de una mujer con la que Mao tuvo "una relación especial” y fue perseguida durante la revolución cultural, haya heredado algún documento que, de salir a la luz, empañe la figura y el recuerdo del "gran timonel”.
De acuerdo con los informes secretos, Jiao ha dejado un empleo mal remunerado y se ha ido a Shanghái, donde hay un grupo de gente que quiere revivir las costumbres y modas de la dorada ciudad precomunista ala cual se ha integrado.
Chen Cao deberá infiltrarse en el grupo y, de existir el documento, recuperarlo y así evitar el escándalo que dañaría la imagen histórica de Mao que, aún hoy, tiene la categoría de santo del olimpo del partido comunista. Es un relato en el que se entrecruzan los mitos chinos, la corrupción de la élite política y la historia reciente.
Las obras de Qiu Xiaolong tienen un "pero” muy elocuente porque sirve a la censura y al régimen chino, es un autor exiliado que vive en el seno del "imperialismo”, es profesor de una universidad de Missouri y un excelente traductor.
Por eso, sin que lleguen a la categoría de Qiu, hay otros autores que escriben desde el vientre del régimen como Nado, que en una de sus últimas creaciones se mete en los meandros de la cibernética.
Un escritor descubre un virus en su computador y cuando está investigando la forma de rescatar sus escritos descubre un archivo codificado en el que hay textos, supuestamente escritos por él, con violentos alegatos que lo comprometen.
No recuerda haber escrito semejantes temas, hasta que las escenas van cayendo una a otra. El escritor tendrá que estar muerto y su desaparición tendrá una explicación en esos textos. ¿Es que alguien se ha metido en su computadora y ha plantado aquellos textos, y lo que falta es consumar el asesinato del escritor?
Esto me recuerda una película china de Vivian Qu que vi en el último Festival de Cine de Estocolmo, y que trata sobre el tema del espionaje cibernético; su título es Trap Street.
A Yin es otro escritor creador de un escenario nihilista en la novela Xiamian, ¿Wogaiganxieshenme? (Vadskajaggöra sedan?, título en sueco que en español es ¿Qué voy a hacer después?).
La sociedad china actual es, sobre todo en las capas juveniles, nihilista. En la novela hay un joven que decide matar a una chica que asiste a su misma clase, porque quiere una vida más interesante, menos aburrida, más intensa, quiere "saborear el gusto de la persecución”.
A este tipo de novelas hay que agregar otras menos brillantes según los expertos, las llamadas  "novelas de funcionarios” o "novelas de empleados públicos” donde aparecen con nitidez poco disimulada la corrupción, las amantes y el amiguismo partidista.
Escribir esta crónica tiene varios motivos. Quizá el más importante es cerrar un año literario con dos tendencias: hay una novela nueva de o sobre inmigrantes, escritas por autores que cambian de idioma (Teju Cole y su Ciudad abierta y Taije Selasi y su novela Vienen y van, ambos nigerianos de origen, el primero radicado en Estados Unidos y la segunda en Italia).
Y la otra tendencia es la "novela negra”, sobre todo en países como China, donde la represión, la censura y la falta de libertades individuales se denuncian a través de intrigas policiales.
Mi alejamiento de América Latina y sobre todo de Bolivia (mi país) me torna en ignorante sobre el desarrollo de la novela en esas latitudes, sobre todo la del género "negro”, una excelente válvula de escape de las tensiones sociales, políticas y económicas.
¿Hay algún Chen Cao boliviano que hurga en los basureros sociales y políticos?

 

 


   

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