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La extraña simpatía de DeLillo

viernes, 27 de diciembre de 2013 · 22:16
Siempre he sentido debilidad por los escritores que no se muestran nada amigos de que les fotografíen. Ellos nunca, o raramente, acuden a actos sociales. Esquivos, aunque amables si llega la ocasión y no hay más remedio que hacer declaraciones o conceder entrevistas.
Podría buscar otro tipo de escritores más extremos, oscuros y difíciles de encontrar. Pero, no. Se trata de Don DeLillo, uno de los novelistas más serios que existen en Estados Unidos.
Recuerdo haberlo visto en el FNAC de Lisboa departiendo con Paul Auster, Coetzee y con el nada fácil Peter Handke. DeLillo se mantenía un tanto al margen, discreto y observador, como si todo aquel lío no fuese con él. Más o menos como Coetzee, pero la distancia de éste se me antojó menos asequible. Incluso, la expresión de DeLillo desprendía una cierta tristeza o, en fin, tal vez pánico ante la muchedumbre.
Me cayó bien en el acto. Precisamente por su falta de sociabilidad. Y no estamos hablando de un tipo arisco. Nada de eso. DeLillo me pareció un hombre tímido. Un hombre normal y un escritor enorme. Ni más ni menos. Un escritor que tiene el valor de afirmar que no piensa en el lector cuando se pone a escribir. Que no sabe cómo se escribe para el lector. Él sólo piensa en frases, en párrafos, pero nunca en el lector. De hecho, es imposible visualizar a ningún lector.
Sigue pensando que el escritor siempre tiene que ir contra el poder, que no puede aceptar según qué cosas. El escritor, de algún modo, está obligado a sabotear la tentación pusilánime del pensamiento único.
Deja frases de esta guisa: "Cuando a un escritor le culpan de ser un mal ciudadano es que está haciendo el trabajo correcto”. Mi amada Christina Rosenvinge ya lo cantaba: "Hacer siempre lo incorrecto es una forma de acertar”.
Esto puede sonar a un clásico. Sin embargo, es una forma de zafarse de las homologaciones, de salirse del esquema prefabricado. Ahora bien, hemos perdido la inocencia e incluso actitudes inconformistas como la que demuestra DeLillo, también son integradas en la normalidad, en el sistema establecido. (Vidal Valicourt)

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