Cosas de ciudadanos

Pasa en la prensa, pasa en la vida real

Isabel Mercado
viernes, 27 de diciembre de 2013 · 21:42
Cualquier intento por rescatar a estas fechas de la avalancha consumista en la que se sumerge cada vez más, es ingenuo.
Si nunca fue bien entendido el espíritu (o lo espiritual) de estas celebraciones, ahora, con un mundo que se "materializa” cada vez más en objetos concretos, contantes y sonantes, es imposible.
Pero, rendidos ante la posibilidad de revertir esta realidad, podríamos, quizás, pensar en encontrar las formas de darle un sentido más humano.
De hecho, este esfuerzo se advierte en las redes, donde proliferan los mensajes emotivos y solidarios; donde se expresan los mejores y más fraternales sentimientos; donde se reivindica el perdón, la humildad, el amor incondicional, la generosidad... ya se sabe que Facebook y Twitter son una vitrina interesante para mostrarnos, pero debiera ser más...
Sin ir muy lejos, en nuestro país  las señales han sido evidentes. En un año en que "nos ha ido bien” económicamente, en que mucho ciudadanos tienen platita en el bolsillo y no piensan en estrecheces gracias al segundo aguinaldo (para unos) y la bonanza comercial (para otros), quedan más expuestas las distancias...
Página Siete mostró un faceta que para nadie es desconocida, pero que retratada y reportada alcanza otras dimensiones: los cientos de niños y niñas que llegan de las comunidades rurales  a las carreteras más transitadas a pedir limosna o esperar algún regalo de los viajeros.
Es cierto que hasta la mendicidad se ha convertido en negocio, pero no es menos evidente que mientras el país avanza en su urbanización y cosmopolitanización, crece la clase media y aumenta el mercado interno, grandes sectores aún luchan por salir de la miseria.
No hay Navidades sino para aprovecharlas y ver si alguito extra entra en el bolsillo históricamente vacío de esas familias, y mientras los oficinistas atestan las calles cargados de canastones y listas de compras; las casas se preparan para el festín de comida y bebida y los comerciantes hacen "su agosto”, estos otros bolivianos y bolivianas pergeñan estrategias de superviviencia elementales.
Pasa en la prensa, y pasa en la vida real... Como decía aquella hermosa canción de Atahualpa Yupanqui, " Y que naides le pregunte  si sabe dónde está Dios, por su casa no ha pasado tan importante señor”.

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