El sobaco de la víbora

Los ritos del año nuevo

viernes, 27 de diciembre de 2013 · 21:50
Machi Mirón
Un paseo por las ferias que inundan las calles de La Paz en estos días de fin de año  me permitió reparar que en el fondo el mercantilismo es un sentimiento inherente a nuestra condición humana. Abundan ofertas de centenares de mercancías que con sólo adquirirlas –aseguran– transitaremos 2014 rodeados de bonanza y bienestar.
Siempre escuché de ritos cuyo cumplimiento el momento que suenen las campanadas de fin de año  nos permitirán acceder a nuestros más caros deseos el año que empieza, sin embargo, son ritos que –para cumplirlos– uno no necesita erogar un centavo, sólo es necesario cumplirlos puntualmente, ergo, no los venden en ninguna feria.                                            

Para mencionar algunos, debo recordar que si deseamos que finalmente sea 2014 el año que al fin podamos realizar el viaje que siempre soñamos es suficiente que las 12 campanadas nos encuentren en medio de la calle cargados de una maleta, así sea sólo para dar una vuelta el manzano donde vivimos.                      Pero si lo que deseamos es que nos llegue el ascenso que hace seis años esperamos en el laburo, basta trepar 12 escalones al compás de las 12 campanadas, aunque sé de algunos amigos del MAS que juran que lo harán en un ascensor pues así no sólo se ahorran el esfuerzo, también el ascenso llegará mucho más rápido.             

Entre los ritos más recientes está el que nos sugiere contar dinero al compás de las campanas, por lo que –dado que a esta altura del mes es casi imposible que uno tenga guardados algunos pesitos– las caseritas optaron por hacer imprimir dólares en papel sábana, cuya compra nos permitirá contar dólares de verdad en un par de meses más.       

Uno de los ritos que mayor respuesta obtiene en estos últimos años es la necesidad que, antes de levantar la copa de champagne, uno hubiera tomado la previsión de ponerse los calzoncillos color rojo que compró en la Tumusla horas antes, algo que según aseveran tiene consecuencias mucho más efectivas que cuatro pomos de viagra.                                          

Nunca pude probar cuánto de certeza tenga el cumplimiento de este rito, pues en esta época del año  el precio de los calzoncillos rojos se va a las nubes, por lo que supongo es una de las causas para que el Evo hubiera determinado el pago del doble aguinaldo. Tal vez sea por eso que excluyó a los jubilados de tal beneficio pues supone que ellos ya no precisan adquirirlo.   

Y si de calzoncillos hablamos, en años más recientes se impuso la compra de los calzoncillos amarillos, algo que –según las caseritas– nos permitirá "cacachar plata” durante todo el año, siempre y cuando los usemos al momento de levantar la copa. Será por eso que según aseguran  la demanda de éstos ya desplazó a la de los rojos.

Ritos que para cumplirlos no necesita erogar un centavo, sólo es necesario cumplirlos puntualmente,  no los venden en ninguna feria.


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