Crítica

Fin de año con unos días rotos

La autora celebra el lanzamiento del Túpac Katari, pero critica el conservadurismo en la discusión del Código del Niño.
viernes, 27 de diciembre de 2013 · 21:52
Verónica Rocha,  

comunicadora social

En bonanza económica, lo lógico es que el Estado asegure que el país pueda ingresar a campos vetados antes.

La última semana que precedió a las celebraciones de la Navidad fue decisiva/decidora respecto a la ruta que emprendió el país durante este año: transitando entre las luces y las sombras. Es claro, no se puede evaluar el desempeño económico, político y social de un país, un gobierno y una sociedad con base en un par de hechos que emergen del área gubernamental en un solo y determinado periodo de tiempo; no obstante, creo que, a través de ellos, sí es posible dar cuenta de una dinámica instalada sobre cómo ocupamos nuestra agenda pública. Íntegros y en bonanza, pero con algunos días rotos.
El 20 de diciembre los y las bolivianas fuimos testigos de una fiesta (de esas del espíritu colectivo, interno) sin parangón en las últimas décadas con el lanzamiento del satélite Túpac Katari. Para los y las agoreras del derrotismo un satélite (¡un satélite!) jamás podría ser algo importante en la vida de un país mientras existan problemas estructurales que, en efecto, aún persisten en nuestra sociedad. Así, mientras los y las descreídas generaban ruido en torno a nuestra supuesta poca capacidad para discernir entre espejos y realidades, la mayor parte del país festejaba un hito histórico y un esfuerzo-nación de orden desconocido para Bolivia hasta esa fecha. Una de las mejores metáforas que me comentaron en torno al lanzamiento del satélite hacía la siguiente comparación: "Si un padre es pobre y no tiene dinero para comprarle una computadora a su hijo, es una pena. Pero si un padre tiene dinero y no le compra una computadora a su hijo, es un mal padre”. Y es que, en tiempos de bonanza económica, lo lógico es que la administración de Estado asegure que el país pueda ingresar a campos vetados antes por imposibilidades de orden económico. Así fue que se nos infló el orgullo.
No obstante, en la misma semana, con el afán de impedir "malinterpretaciones” por parte de la oposición -así justificaron-, la Cámara de Diputados decidió modificar la redacción del artículo 5 del proyecto de Código Niño, Niña y Adolescente en el que finalmente determinaron que se señale que dicha norma protege la vida desde el momento de la concepción; intentando de esta manera establecer en un Código (¡por encima de la Constitución!) desde qué momento el Estado reconoce la existencia de la vida. Así pues, uno más de los códigos Morales (así lo denominan algunas ministras y legisladoras), ingresó en la arena de las visiones conservadoras que pugnan internamente dentro del Movimiento Al Socialismo junto con otras visiones en este complejo entramado político que establece de manera determinante cómo será la arquitectura legal e institucional a la que debe plegarse el Estado Plurinacional. A último minuto y por decisión -al parecer- de pocos y pocas se estableció una visión que impone la teoría de la vitalidad, desde el enfoque jurídico, y consiguientemente impide el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos de las bolivianas que nacemos y habitamos en este territorio; siendo que esta visión no había sido aceptada años atrás durante la Asamblea Constituyente en resguardo, precisamente, de estos derechos y, por ello, no figura en la Constitución.  Así fue que nos rompieron el júbilo.
Se nos acabó el año, compatriotas. No somos, ni podremos ser nunca un país en negro y blanco. No todo está bien y no todo está mal. No importa cuánto aunemos esfuerzos por bregar un buen camino, siempre se nos quedarán algunos días rotos en la historia. Esforcémonos porque el 2014 sean los menos.

Mensaje de Raúl Garáfulic, Presidente del directorio de Página Siete

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