Entrevista

EEUU exige y no cumple

Bolivia ya no actúa sola, dice el entrevistado, somos de un bloque de 25 países que tiene una gran capacidad para incidir en la discusión de acciones medioambientales.
viernes, 06 de diciembre de 2013 · 21:18
Rafael Archondo

periodista

En los mercados de carbono se produce una doble contabilidad.  El país que reduce, contabiliza esas reducciones como suyas, y el país que compra los bonos hace lo mismo.

Mapamundi – ERBOL

René Orellana es una figura importante en el concierto internacional. Fue ministro de Medio Ambiente y Agua en la primera fase del Gobierno de Evo Morales  y ahora encabeza las negociaciones a nombre de Bolivia  en las cumbres sobre cambio climático de Naciones Unidas. Acaba de regresar de Varsovia, la capital de Polonia, donde tuvo lugar la COP 19, es decir, la reunión anual para avanzar hacia un compromiso orientado a frenar la destrucción del planeta ocasionada por las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera.  La COP 20 será en Lima y la 21, en París. Hasta entonces, es decir, hasta 2015, la humanidad debería lograr una promesa vinculante que reemplace el Protocolo de Kyoto, penosamente incumplido por países como Estados Unidos o Canadá.
 
 ¿Cuál es su balance de la COP 19?
El balance nos da luces y sombras. Entre las luces, Bolivia ha realizado un trabajo riguroso y ha alcanzado logros importantes. Hay que mencionar la creación de una nueva institución en Naciones Unidas, que es el Mecanismo Internacional de Daños y Pérdidas. Esta entidad va a atender a países que sufren impactos extremos, como el tifón que ha ocurrido hace poco en Filipinas. Estos desastres naturales van a ser  atendidos por esta nueva institución. Una de sus funciones va a ser canalizar recursos financieros, dar asistencia técnica y capacitar a las instituciones estatales para la prevención y atención efectiva y, sobre todo, va a movilizar rápidamente a las redes institucionales, los gobiernos y agencias de cooperación ante cualquier emergencia.  
Ésta fue una propuesta de Bolivia y es importante destacarlo. Bolivia ha dirigido en estos temas durante estos dos años al Grupo de los 77. Esos 130 países nos dieron la voz  y en las negociaciones Bolivia hablaba a nombre de ellos.
Sin embargo, ¿acá no pasará lo que ocurrió con el Fondo Verde del Clima, creado en Cancún en 2010?, es decir, que se aprueba, pero al final no hay recursos para ponerlo a funcionar.
Sí, ese antecedente es muy importante. El Fondo Verde está en una crisis de liquidez, tiene su sede en Corea del Sur, pero no tiene recursos para impulsar proyectos de mitigación y adaptación. Hemos criticado con dureza este hecho, porque no se están cumpliendo los compromisos de entregar fondos de parte de los países desarrollados. Hemos exigido que se fije un monto de 70.000 millones de dólares anuales, y que a partir de 2020  se desembolsen los 100 mil millones que han ofrecido los países desarrollados como consta en los compromisos aprobados el 2010. Y es que si no vemos un compromiso efectivo de provisión de recursos financieros y tecnológicos, nuestro marco institucional tendrá problemas.
¿Qué otros logros podemos anotar en el balance?
 En 2011, Bolivia propuso un mecanismo alternativo al que se conoce como REDD. Propusimos el Mecanismo de Adaptación y Mitigación en la Gestión Integral de Bosques, que ya está contemplado en nuestra  Ley de la Madre Tierra, en su artículo 54. Pues bien, en esta COP 19 hemos logrado abrirle una ventana de financiamiento, por lo que, si bien este mecanismo ha sido propuesto por Bolivia, es para cualquier país que lo necesite, ya es de Naciones Unidas.
El nuestro es un mecanismo paralelo a REDD, que es el instrumento favorito de los países desarrollados, porque está vinculado a los mercados de carbono.  Hemos detenido la intención de empezar a aprobar y aplicar nuevos mercados de carbono, que es un objetivo reiterativo de diversos países desarrollados. Hay países como Estados Unidos, Japón, Canadá, Nueva Zelanda o Rusia que se han salido del segundo periodo de compromisos del protocolo de Kyoto, y que no pueden acceder a mecanismos de flexibilidad del protocolo, porque están fuera de él.  Por eso están haciendo acuerdos bilaterales para establecer mercados de carbono.
¿Hay hoy alguna forma concreta para que los países reduzcan sus emisiones de dióxido de carbono?
Hemos aprobado una resolución que establece que los países desarrollados deben hacer públicas sus contribuciones hasta el año 2015. Eso quiere decir que los grandes países industrializados  tienen que presentar cuáles serán sus reducciones cuantificadas. Los países de economías pequeñas no tenemos esa obligación, pero podemos presentar acciones de mitigación. Es decir, Bolivia puede informar qué acciones impulsará para reducir sus emisiones, lo cual nos permitirá tener una idea de cómo impactará aquello. Entonces hay una clara diferenciación  porque nosotros tenemos el derecho al desarrollo.
Pero esto no pasa de ser una promesa. ¿Cómo se logra que el mundo los obligue a reducir más de lo que se han propuesto?
 Eso es lo que demandamos en las conferencias. Los informes científicos hablan de que para el 2020  hay que reducir en 12 giga-toneladas adicionales, además de las comprometidas. Nosotros les hemos dicho que si no usan mercados de carbono, si no usan REDD, podríamos reducir en un  6,5%.  Está en manos de ellos.
¿Los mercados de carbono no sirven para reducir emisiones?
 El problema es que no son confiables. No nos oponemos a ellos porque no nos gusten los mercados per se, sino porque nos colocan en el riesgo de que las emisiones incluso aumenten. En los mercados de carbono se produce una doble contabilidad.  El país que reduce contabiliza esas reducciones como suyas y el país que compra los bonos hace lo mismo.  Estas trampas han impulsado a que se aumenten 1.6 giga-toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera.
¿Qué posibilidades hay de que países como Estados Unidos acepten comprometerse con la preservación del clima?
Estados Unidos siempre evita compromisos, pero se los exige a todos. Eso no es ético, es hipócrita. No tiene moral para exigir, cuando no acata las reglas. Para que estas contribuciones de los países desarrollados se     hagan efectivas, necesitamos una fuerte presión social.  Por eso la COP 20, en Lima, Perú, tiene que ser un gran escenario de lucha para los pueblos indígenas, los jóvenes, las mujeres, los trabajadores y los campesinos  tiene que ser una oportunidad para la presencia masiva de la ciudadanía.
Por eso, quiero ser optimista. Por ejemplo, no pensábamos que todo esto iba a suceder en Varsovia, y ahora es una realidad. Los pasos son lentos y deberemos tener mayor incidencia. Bolivia ya no actúa sola, somos parte del ALBA, pero también de un bloque de 25 países, que tiene una gran capacidad para incidir.  En eso nos está yendo bien.

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