Desde el mirador

La invaluable democracia

Una reflexión que motiva una honda inquietud colectiva: ¿cuál es la pervivencia de la democracia en la actual coyuntura?
viernes, 6 de diciembre de 2013 · 21:06

Mario Castro
periodista 

 Ahora, no obstante las luchas en procura de consolidar la democracia, para que se asiente sólidamente, las pasiones gregarias la enturbian.

Especialmente en tiempos cruciales o en situaciones de conflicto todos hablamos de la democracia, sin embargo todos nos limitamos a mencionar sus bondades, a pesar de que  poco hacemos para preservarla y enriquecerla.

Después de experiencias traumáticas impuestas por regímenes autocráticos, la gran mayoría de la ciudadanía fue acumulando anhelos fervientes de vivir en un Estado de derecho. Se aseguraba que cuajaría con nuestras aspiraciones y necesidades y, sin duda, se confiaba en una firme probabilidad alcanzable. Nació así una identificación clara con la democracia.
Es cierto que a veces surgen voces antidemocráticas –felizmente escasas-, pero que también pueden llegar a contaminar si es que se mantiene un estado de indefiniciones sin alcanzar los resultados a los que se debe llegar según una idónea planificación.
Ahora, no obstante las luchas en procura de consolidar la democracia, para que se asiente sólidamente, las pasiones gregarias la enturbian y, cada cierto tiempo, nos ponen en territorios de incertidumbre, con el riesgo de que se derrumbe.
No faltan quienes hicieron y hacen daño a la democracia, pero hablan como demócratas, ¿por qué no?, los enfermos también hablan de la salud.
En este camino, es más que importante tomar conciencia de que deben seguir otros hechos históricos más profundos que es necesario hacerlos vitales y ponerlos al alcance de todos, sin exclusiones; planificación del porvenir eximiendo improvisaciones, actividad inteligente y honrada que beneficie a la colectividad, hechos que influyen sobre los hombres y las mujeres y sobre nuevos acontecimientos que volverán a reflejarse en la sociedad.
Para que no se desplome este proceso que aún estamos construyendo, hay otros planteamientos que los escuchamos a diario, como semejanza de oportunidades, obtención de condiciones sin privilegios, respeto mutuo entre gobernantes y gobernados, y no perder de vista que en el perfeccionamiento de la democracia la libertad de pensamiento en todas sus formas de expresión, también crece o disminuye al mismo ritmo de las injusticias.
Al paso de 32 años se destaca, en repetidas ocasiones, un afán político que exilia ideales y abre cause a la prédica demagógica típica de acciones mezquinas sectarias que socavan el sistema democrático.
Lo deplorable es que la gran tarea de construir el país se relega y las aspiraciones quedan olvidadas en algún recoveco de la historia. Por otro lado, de ahí se desprende que ante las miradas del mundo muchas veces mostremos una negación de la democracia. Al dañarla la estamos rifando como si no hubiera costado nada.
Ahora en un tiempo próximo a elecciones y para el que ya se alinean campañas, unas disfrazadas y otras abiertas, se maneja un concepto simplista o simplificador, identificando democracia como elecciones. En su esencia contiene algo más, sin desvirtuar que si hay periódicas elecciones hay democracia. Sin embargo, la cuestión no radica solamente en actos electorales, sino en la vigencia de libertades y dentro de ellas el derecho a discrepar o disentir privilegiando la confrontación de ideas.
Las instituciones también tienden a tambalear porque el mismo hombre que les dio vida, y sin ser su objetivo final, a veces puede darle muerte. En ese transitar, paralelamente a la búsqueda de la afirmación de Estado de derecho, penosamente algunos personajes de los mandos de poder devienen en inmoralidad pública y otros llegan hasta la corrupción. No se puede soslayar que la conciencia de las preeminencias partidistas acrecientan los apetitos y se lastima el proceso democrático
Cabe otra esencial consideración: la reflexión sobre este panorama motiva una honda inquietud colectiva, cual es la pervivencia de la democracia.
Superado el concepto de electoralismo es pertinente retroalimentarse con los grandes pensamientos clásicos como los de Aristóteles y sus discípulos que fueron los primeros en definir la democracia que se agota en actos electorales, sino como un medio para un fin, el buen gobierno para la comunidad.

 

 


   

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