Entrevista

“Mi madre hizo que me duela la injusticia”

Gabriela Montaño, presidenta del Senado y tercera en la línea de mando en el país, habla de su vida, su relación con el poder y su opinión sobre el machismo del Presidente.
viernes, 3 de enero de 2014 · 22:33
Rafael Archondo

periodista

Lo que sí me hizo percibir mi madre desde muy chiquita  fue la injusticia. Ella hizo que me duela la injusticia  y se lo agradezco mucho.

Tejiendo Bolivia - ERBOL

Gabriela Montaño ocupa el tercer peldaño de la jerarquía estatal. Ante la ausencia simultánea de Evo y Álvaro, ella recibe el bastón de mando.  Otra mujer, Ana María Romero de Campero, ocupó el mismo espacio durante aquella legislatura que dio paso al mandato inicial del actual Presidente. Doña Anita tiene entonces una sucesora.
Antes de concluir el 2013 y durante dos horas, Montaño aceptó responder preguntas en los estudios de ERBOL. Éstas fueron sus reflexiones más significativas.
 
 Se afirma con frecuencia que el presidente Evo Morales es un machista. Al mismo tiempo, éste es un gobierno con una amplia participación femenina en puestos de decisión. ¿Cómo entendemos esta aparente contradicción?
 Creo que es absolutamente injusto que se quiera tildar de machista al Presidente. No creo que sea cierto. Es uno más de los estigmas que se ha intentado ponerle a falta de propuestas por parte de la oposición.
El Presidente ha dado muestras claras de que confía en las mujeres para tomar decisiones. Él ha designado a muchas en espacios públicos importantes, es el caso, por ejemplo, del Tribunal Supremo Electoral, donde, además, se  ha constituido un ambiente de lucha, en el que la participación femenina ha sido determinante. Ahí están los ejemplos de Leonilda Zurita o Silvia Lazarte. Si uno ve imágenes de los años 90, cuando los integrantes de los movimientos sociales eran golpeados por la Policía, siempre estuvieron allí esas mujeres, y además de igual a igual. Siempre ha habido una relación de mucha confianza con el Presidente, de mucha construcción colectiva. El Presidente dice siempre que hay escasos ejemplos de dirigentes mujeres que hayan abandonado o traicionado la lucha y es que cuando la mujer adquiere un compromiso social, es más comprometida que el hombre.  
Yo he experimentado como mujer mucho respeto de su parte, mucha capacidad de escucha, con debates internos en los que podemos tener nuestras diferencias, pero con mucho respeto a nuestro trabajo. Cuando me dejó en la función de Presidenta, sentí que ése era un esfuerzo por transmitir a millones de mujeres bolivianas la confianza de parte de su gobierno.
Entonces, si el Presidente no es machista, ¿sus chistes sí lo son?, ¿acaso no es machista el humor presidencial?
El humor del Presidente es igual que el humor de la calle. Es, creo, lo más similar, eso está en la calle, en el minibús, y seamos sinceros, son los chistes que uno escucha. Pero veamos lo que se hace, los resultados. Este Gobierno es el que ha abierto la participación de la mujer con mayor claridad. No por nada hemos recibido un premio internacional como país por acortar las brechas de género, y es porque tenemos legislación y apoyo concreto para las mujeres.
 ¿Qué grave falta ha cometido la cooperación danesa en Bolivia?, ¿por qué es expulsada después de haber aportado tantos años a impulsar las reformas que ahora el Gobierno reivindica?
  Tengo la información que ha sido brindada por el ministro de la Presidencia, no tengo más datos que ésos. En este tema puntual, creo que debe generarse una mayor sinergia entre lo que la cooperación internacional pueda hacer en Bolivia, y lo que establece el Plan Nacional de Desarrollo. En la medida en que eso sea así, no habría mayores problemas o conflictos. Lo que sucedía antes es que la cooperación internacional traía recursos y no sintonizaba con un plan. Más allá de un gobierno u otro, lo que  se busca es que tenga resultados. Esa lógica ha cambiado ahora y por eso la cooperación internacional tiene que asumir que los recursos tienen que ser invertidos en el marco del Plan Nacional de Desarrollo. De lo contrario, sería como meter recursos en un turril sin fondo y no se podría medir cuánto impacto se ha tenido. Mientras se siga un plan, habrá la apertura y la coordinación necesaria con el Gobierno nacional. No tengo más que opinar, es lo que veo en general. Naturalmente que no es posible tildar a toda la cooperación internacional de ineficiente o conspirativa, no todos actúan por una misma ruta y alguna equivoca la ruta si no se adhiere al Plan Nacional de Desarrollo.
¿Es legítimo el respaldo de la cooperación internacional a la oposición política o sindical?
Mientras esté en el marco mencionado, y se trate de acciones democráticas,  claro que sí. Por ejemplo, ha habido cooperación en el país con una mirada multipartidaria. Eso ha significado apoyar el fortalecimiento de diversos partidos políticos, del oficialismo y de la oposición. Esto ha sido visible, público y nunca ha sido cuestionado.
Muchos de los dardos del Gobierno han ido dirigidos al CEDLA  y se la califica frecuentemente como una ONG de la oposición.
El CEDLA tiene una postura crítica frente al Gobierno, eso es evidente para todo el mundo. Ellos tendrán con qué sustentar sus datos y ése es un asunto que ellos tienen que defender. Me parece que a veces ha sido una crítica poco sustentada, de parte de algunas personas, en representación del CEDLA, pero así es la democracia.
 ¿Será la próxima ONG en ser expulsada?
Ése es un tema que tendrá que evaluar la instancia del Órgano Ejecutivo correspondiente. En la medida en que exista un enlace con los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo, no creo que eso suceda.
¿Eres la mujer más poderosa de Bolivia?
No, porque nunca me ha interesado mucho eso, por eso lo entiendo más como un servicio. Servicio al pueblo boliviano,  a este Estado Plurinacional que hemos soñado todos y todas. No lo ligo con el poder, lo ligo con el servicio.
Tus dos hijas, ¿se han adaptado a la vida en La Paz?
 La menor tiene 10 años, la mayor, 12. Siempre extrañan Santa Cruz, sobre todo  la menor. Ella extraña la posibilidad de usar una vestimenta más liviana, unos shorts, unas chinelas, por eso, apenas terminó el colegio se fue corriendo donde su abuela, a disfrutar de la piscina, del sol.  Sin embargo, las dos  han hecho buenos amigos. Lo lindo de La Paz es que la gente también es abierta a compartir con los otros. Mis hijas se han adaptado fácilmente.
¿Sus amigos saben que son hijas de la presidenta del Senado?, ¿hablan de política en los recreos?
Los niños hablan de todo hoy en día, tienen mucha más información de la que teníamos nosotros cuando teníamos esas edades. Ahora con el internet, el WhatsApp, el celular, muchas veces son ellas las que llaman y preguntan qué ha pasado. Están muy atentos sobre lo que ocurre en el mundo exterior.
 ¿No ha habido hostilidad en su contra por razones políticas?
Nunca he percibido una actitud hostil con mis hijas, para nada. Los adultos podemos tener diferencias políticas, pero sería muy grave que las usemos contra el hijo del que piensa distinto a uno.  Sí lo he vivido en otros momentos, cuando mis hijas eran pequeñas, el 2007, el 2008, en Santa Cruz. Fue muy duro, pero tengo que decir que el colegio Alemán se mantuvo equidistante y serio. Otros colegios sacaron a los niños a las marchas. No pasó eso en el colegio de mis hijas. Lo más sano fue mantener a los niños lejos de esos espacios violentos, porque tampoco es lo que queremos para las próximas generaciones. Nuestros hijos podrán tener las ideas que tengan, pero es importante que crezcan en un ambiente que les permita definir espacios de diálogo y no de confrontación.
¿Era distinto cuando eras niña?
Mi madre ha sido una mujer de izquierda de toda su vida, aunque no militó en ningún partido, porque las ideas no son propiedad de los partidos. Tengo en mi familia una amplia corriente de izquierda  y otra amplia corriente de derecha, cada cual tiene sus ideas.
Lo que sí me hizo percibir mi madre desde muy chiquita  fue la injusticia. Ella hizo que me duela la injusticia  y se lo agradezco mucho, porque me ha permitido abrir los ojos y ver la realidad como es, y no encerrarme en una burbuja a pesar de que a mí nunca me ha faltado nada. He tenido acceso a educación, a salud, a un techo que me proteja, pese a ello, nunca me aparté de la realidad, y eso me dio lo que tengo ahora, ha formado en mí principios absolutos, y creo que cuando uno de niño percibe la injusticia  es muy difícil que después te tapes los ojos o te hagas el loco, es parte de tu vida, de lo más esencial que tienes.
¿Por eso estudiaste medicina?
Los seres humanos somos múltiples, así como estudié medicina, pude haber estudiado sociología o pude haberme dedicado al arte también. Tengo pasiones que no se conocen mucho, pero las tengo. Todos somos así. Si escogí medicina era  porque me permitía hacer algo práctico, estudiar, salir, curar a las personas, cambiarle la vida de manera concreta. Eso es lo que me apasiona hasta hoy en día, a pesar de que en los últimos tiempos no he podido ejercerla. Creo que desde muchos lados es posible construir un mundo diferente, desde cualquier lado.
¿Cuánto tiempo anduviste con mandil blanco?
Desde que tenía 18 años, cuando entré a la universidad, hasta los 27. Después me tocó ejercer la representación presidencial en Santa Cruz, fue una experiencia muy linda, pero también muy dura. Como todo lo que nos enseña la vida, las lecciones tienen siempre un componente de dureza. Ahí tuve que dejar la medicina  porque no tenía tiempo y ahora en el Senado, tampoco puedo, a pesar de que la extraño, no tengo espacio para ello en este momento. Lo que más echo de menos es el contacto directo con la gente, el poderle resolver, aunque sea a una persona por día, su problema, y poder ver el resultado de forma directa.
Me ha pasado también que recién salidita de la universidad, atendiendo pacientes, no creían que yo era la doctora. Me veían muy chica. "Me la puede llamar a la doctora”, me decían. Ahora como senadora me sigue pasando, sobre todo cuando salgo fuera del  país.
Tienes un compañero de vida que es un periodista argentino muy activo políticamente (Fabián Restivo). ¿Cómo se conocieron?
Fue en Santa Cruz. Fabián vino a hacer un documental sobre el rescate de los restos del Che Guevara, nos conocimos en el hospital, volvió y se quedó… nos enamoramos.
¿Y por qué no se fueron a vivir a Buenos Aires, por ejemplo?
De hecho, Fabián estaba decidido a salir de allí buscando más tranquilidad. Los primeros años la encontró, pero después ya no. De todos modos se enamoró de la gente, de la posibilidad de caminar a las dos de la mañana sin que nadie te asalte, y así se fue quedando. Estamos casi 15 años juntos y la verdad es que es un gran compañero. Hubiera sido muy difícil construir lo que he construido en el ámbito público  si no tuviera al compañero que tengo. Lo respeto muchísimo, porque además tiene una luz propia.
¿Cómo distribuyen las labores que encara toda familia?
Ambos tenemos nuestros espacios personales de crecimiento y los dos tenemos nuestras formas de pensar, pero obviamente Fabián es un padre presente en todo, en las reuniones de padres del colegio, en las presentaciones de las chicas. Si se quedan chicos a jugar en la casa, a veces le toca a él, a veces me toca a mí. A él más veces que a mí, pero tratamos de compartirlo todo. Creo que una gran cantidad de parejas vive así en estos tiempos.  Ya no hay esos roles tan divididos, la casa es para la mujer y lo público es del papá. Reconozco que hay todavía mucho machismo en nuestro país, pero en mi caso  mi pareja no tiene esas actitudes machistas.
¿Tienen discrepancias políticas?, ¿escuchas sus objeciones a tu actividad pública?
Lo más sano es tener buena crítica, y si uno tiene eso en la pareja, es muy lindo, porque es donde uno tiene la confianza necesaria para decirse las cosas como son.  Con Fabián siempre hemos compartido esa posibilidad, de él hacia mí  y al revés. Fabián escribe mucho, yo leo sus artículos y se los comento. Fabián es una de las personas en que más confío cuando hace una crítica, porque si tiene que ser duro, es muy duro. Me hace crecer y aprender muchas cosas.
¿Es posible ser de izquierda y ser cruceño al mismo tiempo?
Parte de la historia de Santa Cruz se construye a partir de ideas de igualitarismo. Andrés Ibáñez, que es uno de los íconos de la historia cruceña, era un socialista, un igualitario. En Santa Cruz siempre ha habido una izquierda muy firme, no sólo en la capital, sino también en el área rural. El Partido Comunista tenía mucha fuerza en la zona de los valles cruceños. No sería justo decir que eran puntos aislados e inconexos.
De todos modos, Santa Cruz todavía no ha logrado que se genere un debate político suficientemente amplio y democrático.  Desde los 70 hasta los 90  se ha construido el poder de las logias, que controlaron los espacios de mayor ingreso económico. Eso determinó que quien no pensaba como ellos  tenga dificultades para obtener trabajo. Se ha dado el caso de que el propio alcalde Percy Fernández, que confrontó a las logias antes, sacó una ordenanza municipal prohibiéndolas. Pero las logias no van a desaparecer con una ordenanza. Tiene que haber una democratización en lo económico y lo político en Santa Cruz. Y hay que decir que ésta ya se ha empezado a dar. Por ejemplo, en los años 90  el estadio estaba lleno de los socios de las cooperativas diciendo "basta, ya no queremos que dos o tres decidan por nosotros”. Esos cambios también se están dando con el actual  proceso de cambio, que es nacional, pero que tiene su espíritu propio en Santa Cruz.
Santa Cruz va a tener un liderazgo nacional en la medida en que se desprenda de esas lógicas logieras.
 ¿Hay maneras concretas en que esto podría ocurrir?
Las logias tienen cierto grado de acción muy discreto, su accionar no es público, abierto, inmediato, pero tienen una enorme influencia en las decisiones que se toman desde los ámbitos políticos hasta los laborales. No se mueven de frente, porque tienen que ver con poderes grandes, que van en contrarruta de la elección por voto popular. El Comité Cívico Pro Santa Cruz no se elige por voto popular, se elige por voto corporativo y en esa definición las logias tienen amplísima ventaja.
El primer paso para avanzar fue la pérdida del miedo. Recuerdo cuando era pequeña que había gente que no podía acceder a ciertos trabajos, pese a su capacidad profesional, por la forma en que pensaban. No se les permitía que ingresen a las cooperativas. Ahora nos estamos desprendiendo de esa lacra poco a poco. Hay generaciones de jóvenes que reclaman la posibilidad de acceder a cualquier espacio por su mérito propio. Mientras no rompamos esas lógicas, esas generaciones se seguirán sintiendo como con una camisa de fuerza.

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