Mirabiliario

viernes, 3 de enero de 2014 · 22:40
I
¿Estas palabras fueron mías?
¿He pronunciado tu nombre sin saberlo?
¿Mi Madre era el sendero llegando a mis ojos lo mismo
que un pañuelo? ¿Era sed el destierro de mi niñez?
¿Sus rondas?
¿El pájaro sublime?

Puedo morir callado con la lengua dormida.

II
¿Dónde estás Padre mío?

Es más ciega la noche cuando me dueles,
Padre.
El Hombre se arrodilla hasta que el hueso cala las espinas,
los dientes,
el ademán huesudo de lo que toco y canto.
¿Dónde los otros nombres que el milagro redime.
El látigo.
Su estallido en la frente y la boca de la mujer que lava al cielo en su cintura?

Me cabes en la hendija que tiene la mirada del ángel,
su rosa retorcida,
los pasos en los que el miedo aturde hasta la muerte.

III
Un paisaje turbio ronda la memoria.

De las espinas cuelgan mis hermanos desnudos,
el pan,
la sangre despielada del reo y sus harapos.

Se santigua mi Madre, se estruja entre sus manos mi rostro encarnecido,
baja hasta su dolor, lame su vientre,

luego le toca el alma con un adiós lloroso.

IV
¿Por qué te caes de mi sombra y su rastro?
Recuerdo al río abriéndose como tus manos
y a los peces deletreando tu nombre entre las piedras,
la espada,
las sandalias,
la huida con su rumbo secreto.

Padre mío,
pienso a veces tu voz,
la palabra hecha carne

y yo con la pregunta de arrastrar lo que vivo.

Hugo Rivella (1948).  Poeta argentino.  Autor de una vasta obra poética y musical. Ganador de numerosos premios de poesía en su país, España, México y Centroamérica.  Estos poemas inéditos pertenecen a su libro Espinas en los ojos y siete poemas de barro, finalista del Premio Mundial de Poesía Mística Fernando Rielo

 

 


   

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