Desde el mirador

La Paz necesaria

Es tiempo de pensar que debemos crear un clima de paz para todos y todas, sostiene el autor.
viernes, 3 de enero de 2014 · 22:31
Mario Castro,

Periodista

Sin la paz que necesitamos podrían  trastocarse los avances logrados en el último tiempo.

En estos días cerrando el calendario de un tiempo transcurrido y comenzando a transitar un nuevo año, hemos escuchado innumerables veces expresiones de buenos deseos y entre ellos de paz. Han circulado notas formales y, aun en la calle el abrazo fraterno o amistoso, estuvo cálidamente acompañado por augurios de paz.
Esa manifestación, expresada en ámbitos de familia, así como  entre personas que cultivan vínculos de amistad,  se ha extendido en una amplia medida general formulando anhelos de paz para la colectividad y para el país entero, convidándonos a ocuparnos de este asunto más allá de la efusiva felicitación eventual que es una costumbre en esta ocasión.           
Es tiempo de pensar que debemos crear un clima de paz. En la paz son las ideas las que combaten y triunfan. En la convulsión violenta las ideas sucumben. Si no son seres que odian, como lo pregonan los unos y los otros,  deberían ceder con la convicción de que la paz es fecunda,  que en ella no cabe el azar, que la paz es más heroica que la violencia.
Sería superficial, por decir lo menos, tratar de formarse un juicio sobre la verdad de este nuestro acontecer, a partir de una visión, a vuelo de pájaro,  de la calle. Lo que salta a la vista es resultado de injusticias y también de actitudes radicales subyacentes de opuestos signos políticos y de enfrentadas ideologías, las mismas que han ido madurando en un largo tiempo  y que llegaron a las confrontaciones por incompatibles, no obstante el clamor generalizado de concertación y pacificación.
De los fallidos debates, de los vanos intentos de diálogo, en los que ya nadie cree porque en ninguno de los frentes se ha asumido una generosa comprensión,   un torrente de hechos violentos se ha derivado a las calles y a  los caminos donde se movilizan, a veces con los ojos vendados, y también en repetidas oportunidades  con reacciones autoritarias acudiendo a la represión sin tener en cuenta  que sólo en paz podemos afirmar la democracia.
Ahora,  los días iniciales de un año, como sucede siempre, son  la oportunidad propicia para que expertos y "profanos” se den a la labor de analizar lo hecho y, en su caso, criticarlo. Es así como en los últimos días hemos asistido a un largo desfile de criterios y opiniones acerca de lo que ha sido 2013 en el campo de la economía y lo que será o puede ser 2014.
Como era de esperar, dichas declaraciones llevan, casi siempre, el apellido político de quienes las expresan,  sea desde el prisma oficial o con el escalpelo que en toda época se esgrime en el llano. Pocas veces se encuentra aquellas opiniones despojadas de esos sentimientos oficialistas u opositores.
Una de las exigencias de la opinión pública –suma de opiniones individuales-    respecto de esos diferentes ámbitos, es el ejercicio del equilibrio y la ecuanimidad, tarea de suyo difícil por coexistir criterios poco conciliatorios en un conglomerado social heterogéneo  y hasta polarizado por mezquindades sectarias, aunque no se quiera reconocer,  por empecinamientos e inclusive por soberbia.
Del futuro más o menos inmediato y a largo plazo, ni los analistas más conspicuos arriesgan estimaciones (y es necesario en el análisis marginar los discursos cargados de tinta política partidista). También es cierto que aún en  el año transcurrido el modelo aplicado sigue agotándose sin descubrir todavía los caminos que lo lleven a su finalidad  trascendente cual es la reactivación de la producción y de la productividad.     
Al dar los primeros pasos en el presente año no podemos sino concluir en  que la cifras conocidas y procedentes de diversas fuentes coinciden en los indicadores fundamentales, por ejemplo  déficit fiscal o reservas del Estado, lo cual puede considerarse un éxito; sin embargo sin la paz que necesitamos podrían  trastocarse los avances logrados en el último tiempo, esa paz que reclama el ciudadano común para desarrollar el trabajo cotidiano,  esa paz que edifica y conserva la convivencia entre bolivianos,  que gratificará a la suerte de la nación y  a la que tenemos legítimo derecho.  

 

 


   

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