Política

De debates y campañas

Evo Morales no debate no porque sea cobarde (o no sólo), sino porque las reglas electorales se lo imponen, sostiene Diego Ayo.
jueves, 2 de octubre de 2014 · 21:31
Diego Ayo

politólogo

 Por tanto, sea o no verdad, la percepción social dominante respecto a Doria Medina es que es un rematado privatizador, Tuto es la personificación del neoliberalismo  y Juan es el aliado de Goni.

¿Sirvió el debate organizado por la Asociación de Periodistas de La Paz entre los candidatos presidenciales? La tentación es responder que sí, que el debate siempre es bueno. No hay duda, todo lo que huela a deliberación, diálogo o debate forma parte del imaginario de la "buena democracia”. Sin embargo, evaluar con las reglas de la ética diaria, la carrera electoral, no es lo más correcto. Es casi como evaluar un partido de fútbol con las reglas del béisbol. No encaja. Por ende, en este mundo electoral debatir, posiblemente, no sea lo mejor.
Evo Morales no debate no porque sea cobarde (o no sólo) sino porque las reglas electorales se lo imponen. Si sin debatir, vas bien, pues no debatas, reza la máxima electoral.
Y eso no tiene que ver necesariamente con guerra sucia sino con mera lucidez de campaña. En ese sentido, más allá de lo largamente comentado por distintos analistas: "no hubo debate sobre tópicos serios”, hay otros aspectos que merecen ser comentados. Aspectos que no tienen que ver, valga insistir, con los contenidos de las propuestas (ya vimos que no hubo mucho de ello), sino con las destrezas de campaña. No pretendo ser ordenado ni exhaustivo en este análisis, sino lanzar algunas ideas que toda campaña debe tener.
Uno, cuenta más a lo largo de una campaña, lo que se percibe que lo que se es. No es extraño por ello que el MAS haya desplegado una campaña mediática que procura convencer hasta el más escéptico que Bolivia va bien. En verdad, es lo de menos saber si va bien (eso es seguir con la ética de la vida diaria). Por tanto, sea o no verdad, la percepción social dominante respecto a Doria Medina es que es un rematado privatizador, Tuto es la personificación del neoliberalismo  y Juan es el aliado de Goni. ¿Lograron rebasar esas imágenes estereotipadas gracias al foro del domingo pasado? No hay duda que no. De yapa, Samuel quedó en el imaginario como el patrón insensible, capaz de amparar el machismo. Es difícil creer que el tono mono-acorde en su explicación haya ayudado en algo a superar ese retroceso.
Dos, la gente no es estúpida. Sí, creo que no se puede sobredimensionar los errores de la gestión masista. En verdad, que se puede tener la certeza de que el MAS está despilfarrando la bonanza a base de datos fidedignos sobre la poca sostenibilidad del modelo económico neoextractivista. Empero, una vez más: lo que aplica en la ética diaria no aplica necesariamente en una campaña. Y durante la campaña, hay que ver qué cree la gente. Y la gente cree en más del 70% que la gestión de Evo fue buena. Por tanto, lo sensato es oír a la gente y no pretender que un discurso antigubernamental, por más sólido que sea, vaya a calar hondo. ¿Qué se vio durante el foro? Al margen de la aceptación de que los "bonos están bien” de Samuel, no se vio reconocimiento alguno a lo hecho durante años. Una seguidilla de palabras como derroche, narcos, engaño, etcétera, no gustan. La gente se compra palabras bonitas, no mala leche en serie. Tuto ganó en este terreno (así sea que haya dicho cosas sensatas). La población tiene su propia opinión.
Tres, las sorpresas durante la campaña son clave. Sí, la idea de John Arandia referida a la posibilidad de que se hagan preguntitas entre candidatos, no sirve de mucho. Una de las claves de una campaña es sorprender. Que la cosa no sea tan mecánica. No sirve en términos de avance electoral. Lo lógico, siempre pensando en la lógica electoral, diferente del mundo diario, era lanzar alguna bomba durante la fase de respuestas. Tener algo guardado para provocar a Samuel, por ejemplo. Tuto lo intentó, pero burdamente. Samuel no cayó en la trampa y, más bien, se agrandó: "mi rival es Evo, no vos”. Le faltó cancha campañóloga a Tuto. Debió tener algún as en la manga. Lo mismo respecto a los otros candidatos. No hubo ases, ni pokers. Parcitos pobretones sin bluff incluido.
Cuatro, nunca te compliques al hablar. Sí, no es academia. Debes decir en 25 segundos lo que quieres decir. Tuto sabe de esto. Es monotemático. Y eso está bien. Samuel explica mucho y en difícil. Juan es muy denso y abstracto. Por ende, el complemento a este cuarto punto es el mensaje. Debe ser claro. Quizás Vargas fue el más claro: cuidar el medio ambiente, pase lo que pase. O Tuto: todo lo que se hizo está mal. En todo caso, es evidente que esto no significa ser sólo simples. Problemas estructurales como el neoextractivismo o la corrupción no deben ser tratados con dos consignas generales o con la solución clásica: vamos a crear más bonos, subir sueldos y ampliar penas.
Es eso lo que sucedió el domingo. Samuel: "más salarios a policías”. Tuto: "menos coca”. Juan: "no corrupción”. No son eslóganes, son problemas serios que merecen un tratamiento serio. No se vio esto. Se dieron mensajes fáciles, donde se requieren soluciones complejas, y se dieron mensajes densos, donde se requieren soluciones simples (Samuel, sin dudas, fue el más tecnocrático, en el sentido comentado).
 No sigo. Hay más sin dudas. Es sólo una preliminar reflexión sobre algo de lo que no se habla: la pericia de los candidatos y la calidad de las campañas. Y, creo, que la debilidad de la oposición no sólo reside en su escasa capacidad de propuesta sino en su destreza campañóloga. En suma, es una oposición con poco que dar y, de acuerdo con  lo sugerido, con poco con que sorprender.

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