Los derechos laborales no llegan a los jóvenes

Jóvenes: trabajar o estudiar

Pese a las reformas, hoy en día la calidad de empleo para la juventud todavía se constituye en uno de los principales problemas para el desarrollo de economías como la boliviana.
jueves, 30 de octubre de 2014 · 23:53
Boris Miranda

periodista

"Este reportaje fue realizado con el apoyo del "Fondo concursable para investigación periodística sobre el empleo juvenil en Bolivia”, una iniciativa de la Fundación para el Periodismo y Solidar-Suiza”.

Mary M. logró su objetivo. Después de que acabó el colegio, trabajó como encuestadora,  mesera y asistente de oficina al mismo tiempo que culminó sus estudios universitarios. Hoy gana más de 8.000 bolivianos. Es profesional y apunta a una maestría.
Lucía D. no tuvo tanto éxito. Dejó su casa a los 20 años en búsqueda de "independencia”, fue promotora de varias compañías de accesorios femeninos y también trabajó en bares durante las noches. Era demasiado. La necesidad de conseguir dinero para el alquiler de su habitación y otros gastos básicos la obligó a priorizar el trabajo por encima de los estudios. Seis años después todavía es promotora, pero ya no está matriculada en la universidad.
"Trabajar y estudiar es un riesgo, pero a veces no tienes más opción”, reconoce Mary. Lucía añade que ella venía de una familia en condiciones demasiado precarias "y tenía que intentarlo”. Ambas coinciden en que es una realidad que condiciona el futuro de muchos jóvenes. Para bien o para mal.
Sin embargo, esta situación tiene connotaciones que van más allá del eventual éxito o fracaso académico o económico de la población entre los 17 y 27 años. La ausencia de reconocimiento de los derechos laborales hacia las y los jóvenes se presenta como un factor común en la mayoría de los trabajos a los que accede la juventud.
De acuerdo con Bruno Rojas,  investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA),  los derechos de los jóvenes son sistemáticamente violados y desconocidos.
Rojas, en una investigación realizada en el eje de Bolivia, llegó a detectar que el 78% de los trabajadores entre los 18 y 27 años no goza  de seguridad social. No sólo eso. El 73%  de los jóvenes que optan por trabajar y estudiar   no gana  lo suficiente para cubrir una canasta básica alimentaria.
Los puestos laborales que pueden ser denominados "precarios” son ocupados en su mayoría por jóvenes. El 70% de los empleos eventuales (contrato, periodo de prueba, pasantía, etcétera) recae en la juventud, de acuerdo con  la investigación de Rojas. Es más, aquellos empleos considerados "de poca o menor calificación laboral” tienen entre sus ocupantes un 67% de muchachos. Éstos son los trabajos  con menos ingresos, mayor inestabilidad y con menores oportunidades de ascenso.
En muchos de estos casos ni siquiera existe un contrato escrito de por medio y la explotación es alta. Otro elemento a destacar es que son muy pocos los muchachos que acceden al derecho de sindicalización.
Fernando S. ahora tiene una pequeña compañía de entrega de alimentos, pero en sus años de universidad también tuvo que "probar suerte” en casas empleadoras que contrataban a jóvenes para pagarles por comisión, horas trabajadas o, peor, en especie.
"Uno es consciente que en aquel momento no tiene mucha experiencia laboral ni especializaciones para acceder a un trabajo de alto rango, pero ahora que miras atrás recién comprendes la magnitud en la que eras explotado”, recuerda Fernando.
Él, junto a un ejército de muchachos que hablaba algo de inglés, trabajaba para una compañía que hace unos años quebró en Sopocachi. Se dedicaban a prestar servicio de atención al cliente para empresas telefónicas en Estados Unidos. Incluso estaban obligados a decir que residían en Miami ante sus eventuales interlocutores.
El truco de estas compañías, que durante un tiempo tuvieron gran éxito en Bolivia e India, era prestar un servicio que en Estados Unidos se pagaba como mínimo ocho dólares la hora y algunos beneficios sociales. En Bolivia se pagaba menos de dos dólares cada 60 minutos y sin ninguna clase de derecho laboral reconocido. En  India se pagaba menos. Un documental de aquel país sobre el tema generó tal revuelo que el modelo de negocio se fue abajo.
De acuerdo con el estudio de Rojas, en Bolivia el 67% de los jóvenes que trabajan son subempleados por horas e ingresos.
Si bien los derechos laborales consagrados en la Constitución Política del Estado y la Ley General del Trabajo no discriminan grupo etario, sexo o cualquier clase de grupo social, el estudio elaborado por el investigador del CEDLA demuestra que estas reivindicaciones logradas no benefician a la inmensa mayoría de la población que trabaja desde la mayoría de edad (o antes) hasta los 27 años.
Los derechos laborales están relacionados, fundamentalmente, con recibir una justa remuneración por el trabajo, una jornada laboral de no más de ocho horas, derecho a sindicalización y a  estabilidad en las fuentes de trabajo.
Consultada por estos derechos, Viviana R. responde que en sus "trabajos” como promotora de belleza y accesorios femeninos ninguno de estos derechos es reconocido a plenitud.
"Nosotras, en algunos casos, tenemos que comprar o dar un  adelanto de la mercancía para poder venderla a los clientes. Si nos va mal, nosotros perdemos el dinero. En algunas compañías hay un haber mínimo mensual como incentivo, pero no es significativo. Como nosotros ganamos por comisión, no tenemos horarios definidos. Yo llevo mis catálogos a todos los lugares que voy, sólo así podemos llegar a fin de mes con buenas ventas”.
Viviana también representa a una casa de accesorios femeninos en los que el trato es mejor, reciben un salario básico y otros beneficios. Sin embargo, no existe seguro social y los aportes para una eventual jubilación corren por su cuenta.
"Yo soy una de las menores. Claro que quiero cambiar de trabajo cuando obtenga mi profesión (estudia comunicación social); sin embargo, no puedo evitar ver que hay señoras que ya han convertido esta clase de trabajos en su forma de vida. Empezaron jóvenes y, cuando vieron que comenzó a llegarles dinero, decidieron no dejarlo más”.
La joven aclara, de todas maneras, que algunas de sus compañeras de trabajo implementaron sistemas que les generan márgenes de ganancias que no les hacen envidiar en nada a los sueldos de profesionales. "Obtienen buenas ganancias, bonos, premios, incentivos y hasta mercadería de regalo por sus grandes ventas. Seguro tienen otras vendedoras trabajando para ellas”.

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