Coyuntura

TSE, ¿y la democracia intercultural?

Pudo ser el año de la democracia intercultural, lo que hubiera requerido convergencia de actores individuales e institucionales del Estado.
jueves, 11 de diciembre de 2014 · 22:44
Verónica Rocha Fuentes

@verokamchatka

"Para arrancar a ese destino deben mínimamente garantizar la calidad de nuestra democracia representativa”.

   No cabe ninguna duda de que el año 2014 podía haberse consolidado como un gran año para la democracia intercultural. Para ello se hubiera requerido la convergencia de varios actores individuales y, sobre todo, institucionales, que hacen a la compleja estructura del actual Estado Plurinacional: su convergencia en gestión y en compromiso-espíritu.
Por el contrario, cerramos el año con la noticia de que el bastión encomendado por la ley para la promoción y fortalecimiento de la democracia intercultural (el Servicio Intercultural de Fortalecimiento a la Democracia) se predispone a iniciar el 2015 en medio de una encrucijada, tras el alejamiento de Juan Carlos Pinto, cabeza y motor de un comprometido y valioso equipo de soldados y soldadas de la interculturalidad, por decisión de la Sala Plena del antihéroe institucional del año 2014: el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
Producto también de la liviandad ejecutiva con la que no se tomaron decisiones mas sí se asumieron posiciones (de bloqueo) en esa institución es que cerramos el año con la incertidumbre sembrada en torno al futuro de las Autonomías Indígena Originario Campesinas (AIOC), el germen de la plurinacionalidad de nuestro Estado, base fundamental de la democracia intercultural; nuestro más anhelado horizonte paradigmático y epistemológico.
Esto luego de que tras mucha presión de los principales pueblos actores de las AIOC, finalmente –y con mucho retraso, cuando no también bloqueo- el Tribunal Constitucional Plurinacional declarase la constitucionalidad plena de los estatutos de Totora Marka y Charagua.
E inclusive luego de que se fueron forjando todas las condiciones necesarias para llevar adelante estos referendos aprobatorios de estatutos (incluso la Asamblea Legislativa Plurinacional aprobó una ley de débito automático para financiarlos), nunca dejaron de aparecer los peros que blindaran la imposibilidad de realizar un referendo pronto, acercándolo cada vez más a la fecha de las elecciones subnacionales, para encontrar un nuevo justificativo.
22 de febrero puede ser finalmente la fecha, pero es difícil creerles. Pues es conocida de sobra, la mellada credibilidad con la que el ente electoral asiste a finalizar este año en el que la apuesta/visión plurinacional e intercultural de país no se ha visto radicalmente ampliada ni fortalecida. Ni desde gran parte del Estado, ni desde gran parte de la sociedad, ni desde gran parte de nosotros/as, que hacemos y decimos en los medios y nos debatimos entre la opinión pública y la publicada.
También en aras del fortalecimiento de la democracia intercultural es que el siguiente año debemos afrontar, además de las elecciones subnacionales donde prima la democracia representativa, el reto de elegir nuevamente asambleístas departamentales de pueblos indígena originario campesinos a través de sus normas y procedimientos propios en ocho departamentos y una región, como ya ocurrió el año 2010. Es también, en estas (e)lecciones, donde vamos a jugarnos mucho de lo que hace a la esencia misma de la democracia comunitaria y, por consecuente, a la intercultural.
Aunque el sabor a derrota y el desasosiego pretenda imponerse, hay que seguir poniéndole fe y trabajo al horizonte de la demodiversidad (fe y trabajo, nada de duendes). Pero está claro, para arrancar a ese destino deben mínimamente garantizar la calidad de nuestra democracia representativa. Comencemos por ahí, señores y señoras del TSE. Y luego a forjar el mandato de plurinacionalidad e interculturalidad que hemos pactado los y las bolivianas. Es la última gota de todo lo que se van a jugar. Y esa gota es mucho para las migajas que ustedes le están dando a nuestro país.

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