El sobaco de la víbora

Derechos humanos y gordura militar

Derechos humanos y gordura militar
lunes, 29 de diciembre de 2014 · 21:26

 Machi Mirón

El pasado 12 de diciembre nos llegó una información algo recurrente. En Puerto Quijarro, Santa Cruz, un joven cochabambino que realizaba su servicio militar en la Armada Boliviana  murió de un paro cardiaco cuando realizaba ejercicios de rutina como parte de su instrucción militar.        

Este tipo de noticias suelen llegar con cierta frecuencia, aunque debiéramos suponer que son cosas del pasado, pues según el Estado plurinominal en las Fuerzas Armadas hoy se respetan los Derechos Humanos en forma prioritaria, sobre todo los de aquellos efectivos de más baja graduación.            

Hace unos meses sucedió algo similar en la Academia de Policías con una cadete que tuvo que ser internada de urgencia pues, según el informe policial, tenía problemas de asma. Finalmente se supo que la causa de su muerte fue el exceso de ejercicios físicos a los que se la había sometido. El caso pasó al archivo del olvido.    

Del joven conscripto de Quijarro se dijo que la causa de su muerte fueron problemas cardiacos, lo que lleva a preguntarnos, ¿por qué se admitió en el servicio militar a un joven que sufre de estos males, más aún cuando sería sometido a intensos ejercicios físicos? ¿O no pasó a la revisión médica por la que debe pasar todo recluta?               

Coincidentemente, durante el acto de egreso de nuevos sargentos, el presidente Evo volvió a mencionar que son las tareas que realizan las organizaciones de derechos humanos las que con sus quejas permanentes impiden la formación física correcta de los "soldados de la patria”.                   

Hace algunos meses que don Evo, preocupado como estaba por el exceso de peso de algunos altos oficiales militares y policiales, ya se refirió al mismo tema, asegurando que las constantes denuncias de violación de derechos humanos en los cuarteles impiden la formación física de estos oficiales.     

Lo que don Evo parece no haberse percatado es que la gordura se da con preferencia en los oficiales de alta graduación (de capitanes para arriba) quienes, a su vez, no soportan ver que un efectivo de graduación más baja evidencie unos gramos demás, peor si el gordito es un cadete o un conscripto.                                       

Naturalmente, este problema no tiene nada que ver con la tarea de los organismos de DDHH ante las permanentes evidencias de violaciones contra los derechos de efectivos de más baja graduación dentro de los cuarteles, lo que provoca cierta preocupación por los riesgos que corren los conscriptos.              
Lo evidente es que si el recluta muerto en Puerto Quijarro sufría de males cardiacos, éstos se hubieran manifestado en cualquier revisión médica. Todo trae a la memoria el caso de un subteniente cuya muerte en Sanandita, según parte oficial, fue provocada durante una marcha por el fuerte sol.


Según el Estado plurinominal en las Fuerzas Armadas hoy se respetan los Derechos Humanos en forma prioritaria.

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