El sobaco de la víbora

Con el agua hasta el cuello

jueves, 06 de febrero de 2014 · 22:16
Machi Mirón
Eran fotografías que me llamaban la atención ya en mi niñez. Calles de Trinidad llenas de agua y, como en Venecia, la gente debía transitarlas en botes. Es más, vi una que mostraba un viejo barco a vapor –a principios del siglo pasado era el único medio de transporte en la región– surcando una calle aledaña a la plaza.                    Al correr los años, me pregunté cómo era posible que ningún gobierno repare en la necesidad de terminar con ese tipo de desastres sin asumir medida alguna y así evitar la reiteración casi anual de ellos. Todos se limitaban a organizar campañas para convocar la solidaridad de la población.                                                            No reparaban que la carencia de alimentos no era el único problema que la inundación traía. También estaba la pérdida de cabezas de ganado, las cosechas y el tránsito a espacios altos de animales depredadores, como víboras y otros reptiles o insectos dañinos, que siempre son un riesgo para la salud de la gente, sobre todo los niños.                                      
Parece que –como dice el tango– ochenta años no es nada. La situación en la región amazónica no ha variado y en pleno siglo XXI sus habitantes deben seguir esperando la inundación anual, prueba de ello es la que, tras afectar a otras regiones hoy se concentra en el Beni, donde golpea a más de 37.000 familias.   
La primera reflexión a la que nos obliga esta realidad es que el "proceso de cambio” no ha cambiado nada, lo que no impide que algunos de sus líderes pretendan sacar réditos electorales a tal situación. Eso pensaba al ver a don Álvaro posando en el lugar del desastre con varios kilos de fideo al hombro. ¡Ututuy, cuán sacrificado es el Vice!    
Días antes, don Evo había llegado a Trinidad con la intención de entregar en persona alimentos a los damnificados, lo que no pudo hacer, pues parece que volar bajo en tanta lluvia era riesgoso. De todas maneras, les prometió que el Gobierno les repondrá todo lo que las aguas pudieran llevarse, ya sean casas, cosechas o ganado.  
Luego llegó la denuncia del defensor del Pueblo, pues más de 35 poblaciones del TIPNIS estaban aisladas y no recibían ayuda alguna de parte de Defensa Civil, aunque la institución aclaró que no llegaron hasta allí por lo difícil que es el tránsito en medio de tanta agua. Fue cuando don Alvarito decidió llevarles fideíto en helicópteros.  

Parece que el Gobierno del "cambio” no cree mucho en la máxima "más vale prevenir que curar”, no sólo porque lo que se gastó en ayuda a los damnificados podía haberse invertido en construcción de canales de drenaje y muros defensivos, esto sin contar lo que podría hacerse con lo que se piensa invertir en la generación de energía nuclear.   Pero no, para ello primero hay que pensar que el bienestar de la gente es lo prioritario.

Parece que el Gobierno del "cambio” no cree mucho en la máxima "más vale prevenir que curar”.

Confidencial

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