Entrevista

“No soy guevarista, soy guevarólogo”

En el diálogo, el excanciller cuenta sobre su arraigo con Bolivia, desde España donde vive, y su pasión por seguir los pasos del Che.
viernes, 25 de abril de 2014 · 19:48
Rafael Archondo

periodista

Soy un boliviano por origen, y además por elección. Pude haber elegido otra cosa, pero elegí ser boliviano.

Juan Ignacio Siles del Valle vive fuera de su país hace ocho años, aunque no ha perdido ni perderá el nexo con Bolivia. Nació en Viña del Mar, de padre boliviano y madre chilena. Fue canciller  durante la presidencia de Carlos Mesa. Hablar con él, ha sido un placer particular. Conversamos acerca de temas impensados, de literatura y por supuesto, del Che Guevara, al que le dedicó su novela, hoy reeditada en España. Éste es el diálogo en cuestión.
Naciste en Chile y fuiste canciller de Bolivia, ¿es esto algo extraño?
Mi madre era chilena, pero estaba fuertemente arraigada en este país. Ella contribuyó de forma muy decidida en la historiografía boliviana, sobre todo a través de su estudio sobre la rebelión de Túpac Katari en el siglo XVIII contra la Colonia española. Desde que llegó a Bolivia en los años 60, ella quiso estar vinculada con lo más profundo de este país y además está enterrada aquí desde hace 20 años.  
Yo me considero un hijo del exilio. Mi padre estaba exiliado en Chile y ésa fue la circunstancia que determinó su vida. Conoció a mi madre en Valparaíso y la siguió. Mis hermanos optaron por ser chilenos y se han quedado a vivir allí. Yo, en cambio, me siento completamente arraigado en Bolivia. Mientras estudié en Chile y después en Estados Unidos, todos mis trabajos estuvieron vinculados con la cultura y la literatura boliviana.
Soy un boliviano por origen, y además por elección. Pude haber elegido otra cosa, pero elegí ser boliviano. Todo mi espíritu y visión del mundo nacen de la pluralidad cultural de este país, de la articulación de esa pluralidad. A mí me gusta concebir la pluralidad como una articulación de culturas y quizá en ese sentido me siento vinculado a Bolivia, por tener esa doble raíz. Siento que en un espacio donde todas las culturas son posibles, la mía, que es de doble origen, se siente perfectamente a gusto.
De mi padre, que es Jorge Siles Salinas, tengo otros legados, el amor a la cultura y a la lectura. Seguimos teniendo divergencias muy fuertes, él es un hombre muy católico y coherente con su fe. Mi madre también lo fue. Yo me sentí distante de esa posición. Primero asumí una vinculación con la Teología de la liberación; a través de ésta me relacioné con la visión del "Hombre nuevo”, y a través de eso me vinculé con el guevarismo. No me considero un guevarista, más bien un guevarólogo.
¿Cómo impactó la muerte del Che Guevara en tu vida?
Yo tenía seis años cuando murió el Che y aunque te parezca extraño, recuerdo perfectamente el día 9 de octubre de 1967 en que se informó de la noticia. Yo vivía aquí y recuerdo mucho los periódicos, las imágenes que se publicaron. La iconografía boliviana de la muerte del Che es realmente impresionante. Ese momento se me quedó grabado en la memoria para siempre. Mi madre guardó los periódicos, tal vez pensando que algún día alguien pudiera utilizarlos y yo aproveché. Por supuesto, en los años 70, como todos nosotros, fui parte de la, yo diría, santificación del Che.
 ¿Lo admiras?
 Sí, creo que mi novela lo demuestra. Esa mi admiración no deja de tener un punto de vista crítico. No tanto por negarle el derecho de haber llegado y creado un foco revolucionario en Bolivia. Yo, ese derecho no se lo quito. Creo que él tenía una visión internacional que consistía en que ahí donde se pudiera tener una iniciativa para acabar con las injusticias sociales en nuestro continente, él se sentía con el derecho de ir. Sin embargo el Che tenía pensada Bolivia como un punto de retaguardia. Yo creo que su misión, a la larga, era llegar a   Argentina. No en vano la operación se produce en el sudeste del país, en Ñancahuazú.
¿El Che no aspiraba a desencadenar la Revolución boliviana?
Yo no sé. Éste era un foco, y es muy interesante el concepto. Un foco es el lugar desde el cual se irradia la revolución. Seguramente el Che se equivocó en la elección del lugar, no era el mejor. Tal vez tampoco lo era el norte de La Paz, como inicialmente había pensado. Hay que recordar que no en vano algunos de los que actuaron en el foco  eran peruanos  y otros, argentinos.
Entonces probablemente se equivocó en la interpretación de la realidad boliviana, porque además era una zona bastante despoblada. La reforma agraria había tenido una repercusión muy disminuida allí. Incluso en algún momento a los guerrilleros se les daba clases de quechua, en un lugar donde los campesinos son guaraníes. El Che no tenía una percepción muy clara de lo que había llegado a ser la revolución del 52 en Bolivia, de todo su impacto social, incluso en el área rural.
¿De haberse dado las condiciones, te hubieras enrolado en la guerrilla?
Quizá no me tocó, yo soy un poco menor. El año de la guerrilla de Teoponte yo tenía nueve años. No sé qué hubiera pasado si me hubiera tocado estar disponible en ese período. Tampoco sé si habría tenido la capacidad para ese brutal esfuerzo que significaba ir a la guerrilla. Yo he vinculado mucho ese esfuerzo con los movimientos cristianos, sobre todo de la Edad Media o con movimientos de la Iglesia primitiva, que en griego se llama askesis, que da la palabra ascetismo en español, pero askesis como purificación. Los místicos cristianos sufrían un proceso de penurias físicas en su afán de acercamiento místico a la unificación con Dios. Uno lo puede ver en Santa Teresa de Jesús, en San Juan de la Cruz, incluso en Fray Luis de León, que era un asceta, no un místico.
He analizado, sobre todo, los procesos previos a la guerrilla, a principios del año 67, donde mueren dos de los futuros combatientes bolivianos, y es un proceso brutal de entrenamiento. En uno de los diarios se habla de subir los escalones hasta llegar a ser revolucionarios. Hay una imagen igual en la mística de Santa Teresa de Jesús, el subir escalones para alcanzar la gloria divina. En este caso era para alcanzar la gloria revolucionaria. Está desprovisto de divinidad, pero en el fondo se trata de un proceso similar. Para deshacernos del hombre viejo, había que purificarse y era un proceso revolucionario brutal, para mí incomprensible.
Hay unas páginas donde Regis Debray cuenta que cuando estuvo en el campamento, ve llegar a los guerrilleros y es una visión desoladora de unos hombres sometidos a un entrenamiento militar y moral despiadado. Consistía en dejar de ser egoísta. Sé que es muy utópico, no me cabe duda, pero hay que creer a veces en las utopías, son las que producen los cambios y las que nos dan esperanza en el futuro.
El problema es que el Che llega aquí y no irradia nada. Primero porque está en un lugar muy despoblado. No sé si conoces la zona, yo he estado ahí, y la población es mínima, aunque también se ha descubierto que algo de arraigo hubo, hubo un contacto personal entre la guerrilla y los pobladores de la zona, pero también hubo un terror brutal. Al pobre campesino le tocaba estar en medio de la guerrilla y las fuerzas militares. Y los militares tomaban represalias con quienes ayudaban a los rebeldes. La posición de la guerrilla era diferente, pero igual, qué tal si llega a tu casa un barbudo maloliente, un harapiento, que se presenta  y te dice que te va a comprar todo tu ganado y no tienes la opción de decir no, o te van a reclutar para que seas guía, y no sólo eso, sino que te van a poner en primera línea, y el primero en caer, muchas veces, va a ser el guía y no el guerrillero. Entonces. ésa es una situación donde las verdaderas víctimas son los campesinos que vivían en la zona.
No tenían la capacidad para comprender la llegada de estos Cristos, porque eran eso, imagínate la imagen de Cristo crucificado, era un poco esa imagen de los guerrilleros. Estaban zaparrastrosos, molidos por la persecución, las caminatas sin parar, la fuga permanente, heridos muchos de ellos, que llegaban en busca de un techo con qué cubrirse. Probablemente si no hubiera habido ese terror a las represalias, quizás se hubieran unido algunos más.

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