Mirada

Respecto a Olvidados

Olvidados merece verse, su gran valor está en que es más que una película de denuncia.
viernes, 15 de agosto de 2014 · 21:35
Agustin Echalar Ascarrunz

Operador de turismo

 "Olvidados tiene una historia interesante cuyo valor está, entre otros atributos, en que no es maniquea, como es por ejemplo el teatro de "agitación y propaganda” de la antigua República Democrática de Alemania”.

Fui a ver Olvidados luego de leer sendas críticas verdaderamente destructivas, como deben ser las críticas si a uno le disgusta una acción o un producto, y quedé gratamente sorprendido ante una película que en primer lugar y sin lugar a dudas está bien hecha. (Confieso que tengo algo que ver con esa producción, pero mi labor se limitó a mover algunas ollas en algún momento de la filmación).
Ese paso cerca del rodaje me dio una perspectiva interesante de insider-outsider, que tal vez vale la pena compartir; la adrenalina, el estrés, y el gran trabajo que significa armar una película donde todo, o casi todo, en cuestión de utilería, de ambientación, de vestuario, de maquillaje  está bien hecho,  y ese todo está respaldado por una logística complicada y extendida.
Olvidados es una producción impecable, y lo interesante es que uno no sale de la película admirando la ambientación, el vestuario, o el maquillaje que envejece de manera tan radical al actor principal, algo que sucedería si los méritos del largometraje se limitarían a la impecabilidad de esos detalles.  No, uno sale  de esa película con una historia, una historia de una de las épocas más oscuras de Sudamérica, época que puso a prueba los valores de la gente, tiempo de oprobio, de entrega, y de gran sufrimiento.
Las críticas que he leído me parecen infundadas, en primer lugar, decir que las escenas de tortura son un tributo a las películas gore, o que son excesivas e irrespetuosas para con las víctimas de esos procedimientos o sus familiares, es absurdo; es cierto que se podría optar por reducir algunas de las escenas, pero estas no son excesivas, y cumplen una función.
Lo peor, lo más criticable, lo más aberrante que pasó en ese período fueron las torturas, esa dinámica sacó de algunas personas, que tal vez en otras circunstancias hubieran sido oscuros  o hasta plácidos personajes no dañinos, lo más bestial, y lo más bajo que había en ellos.  Las torturas que fueron infringidas a los presos y a las presas políticas fueron mucho peores que lo que se ve en Olvidados, y creo que cumplen con su cometido ilustrativo, sobre todo en una época en la tortura ha sido banalizada al límite de ser convertida en un juego sexual.
La parte del romance, lo que un crítico comparó con escenas de telenovela, es posiblemente más una asociación  relacionada  a la imágen de Carla Ortiz, que algo que se puede percibir en el filme, tal vez el hecho que Carla Ortiz sea una actriz de telenovelas, haga que muchos estén predispuestos a ver en esas escenas lo que quienes no han visto antes una telenovela mexicana, y no son prejuiciosos, no lo harían. Hubo también una crítica al personaje de Carla Ortiz, Lucía, ante todo por su parlamento en la celda, por su postura alejada de los revolucionarios, una postura que dicho sea de paso, tampoco la acerca a los militares.
Llama la atención que una crítica seria de cine se concentre en el parlamento de un personaje, por más que sea el segundo personaje, para descalificar el mensaje o la tendencia de la política de la película. Lucia es una mujer joven sin posturas políticas, sin compromiso con la resistencia, eso no la hace mejor ni peor que las demás víctimas, y de hecho su discurso resulta un tanto vano, precisamente ante la inminencia de las torturas y los asesinatos. Por  otro lado, Lucía es la víctima en su estado puro, la persona que estuvo en el lugar equivocado en el momento equivocado. Esa, la guerra fría, la guerra entre tupamaros y  militares, no era la suya, es sin lugar a dudas un personaje interesante y que enriquece la narración.
Alguien ha dicho que esta podría ser la primera película reaccionaria sobre el Plan Cóndor, esa aseveración parece ingeniosa, pero es simplemente absurda. Una película reaccionaria, favorecedora al Plan Cóndor, simplemente no mostraría las aberraciones cometidas por los militares con personas de izquierda. En realidad, el juicio ese se parece a las aseveraciones de ciertos irracionales masistas, que cuando se critica algún exabrupto de Evo Morales, inmediatamente acusan al  interlocutor de racista.
 Olvidados tiene una historia interesante cuyo valor está, entre otros atributos, en que no es maniquea, como es por ejemplo el teatro de "agitación y propaganda” de la antigua República Democrática de Alemania. En realidad es la historia de un torturador, (dicho sea de paso, ese hubiera sido un mejor título). El personaje es fascinante, un tipo común y corriente, amante de su esposa, que atrapado entre el sentido del deber y las circunstancias se convierte en un monstruo, y un monstruo que en medio de sus atrocidades se enfrenta en un momento límite ante una injusticia que decide no tolerar, sin que eso signifique una redención. No muestra necesariamente un arrepentimiento, aunque si deja una confesión póstuma que puede ser tomada como tal.  El Coronel Mendieta, es un personaje tremendamente contradictorio, y de ese tipo de personajes están hechas las buenas historias.
Aparte del título de la película, que no me cuaja porque esos hechos y sus víctimas no están olvidados, lo que me causa una cierta urticaria es que el grueso de la película hubiera sido ambientada en el año 1979, estoy seguro que esta ficción (porque aclaremos que se trata de una ficción inspirada en hechos reales) bien pudo suceder durante el periodo de las dictaduras, digamos en el 76 o en el 80, o el 81; pero el 79 es el año más incómodo para la historia, sobre todo en lo que respecta a la parte que le corresponde a Bolivia. No se debe olvidar que en el  año 78 Padilla hizo un golpe contra Pereda con el afán de llamar a elecciones y en agosto del 79  se instauró la democracia, y que en noviembre,  cuando Natusch hizo su golpe, no logró consolidarse y tuvo que renunciar a los 15 días, luego gobernó  Lidia Gueiler. El año 1979  fue  mal escogido para situar la historia, al menos la parte boliviana.
Olvidados merece verse, su gran valor está en que es más que una película de denuncia.

Confidencial

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