El sobaco de la víbora

Éxodos y xenofobia

jueves, 11 de septiembre de 2014 · 21:47
Machi Mirón
En la ciudad argentina de Río Cuarto, Córdoba, un joven fue asesinado por cuatro tipos, dos de los cuales serían bolivianos. Fue la causa para que algunos vecinos liberen la xenofobia que llevaban  dentro y atacaran  un barrio de migrantes bolivianos saqueando casas y golpeando a mujeres y niños que allí encontraban.
Esta situación no hace sino mostrar uno de los riesgos que corre la persona que decide buscar mejores posibilidades de vida lejos de su terruño. Las corrientes migratorias suelen despertar ciertos sentimientos –buenos o malos– ocultos en algunas personas oriundas del lugar que han elegido para vivir. Uno de esos sentimientos es la xenofobia que suele percibirse en los efectivos policiales impulsados incluso por sentimientos racistas. Un viejo chiste en Buenos Aires asegura que algunos informes policiales consignan que en la ronda nocturna se detuvo a un ciudadano boliviano por "portación de cara”.   
Pero estos sentimientos no se limitan a migrantes bolivianos, sucede también con paraguayos o peruanos y no son privativos de policías argentinos, también se da en Brasil o cualquier otro país donde recalan contingentes migratorios masivos. Incluso podemos mencionar que sucede en el nuestro.
Se comenta mucho de informes que reportan de algún robo o asalto, donde el agente sostiene que "si bien no se llegó a identificar a los asaltantes, pudo percibirse que dos de ellos corrían como súbditos peruanos”. Esa "identificación” hoy se expande a los colombianos, cuando el caso se refiere al tráfico de drogas.
Tal postura salpica incluso a conceptos que maneja la gente común. Lo sentimos en el minibús al escuchar a una doñita que lamenta ante una amiga que sus nuevos vecinos "parecen buenos, aunque hablan como peruanos”. Justamente es lo que impulsa al migrante al intento de mimetizarse, empezando con el modo de hablar.     
Eso lo sentí al subir a un taxi en Santa Cruz. El "maistrito”, de claras facciones "collas”, empezó a conversarme con un acento "más camba que el Piraí”, fenómeno que se da en muchos paisanos en Buenos Aires. Intentan que el interlocutor crea que se trata de un nativo del lugar, así evitan sentimientos racistas.   

En verdad, estos dolorosos hechos no se curan –como algunos medios lo sugieren– procurando el retorno de todos estos vecinos que sufrieron estos saqueos y golpes xenófobos;  es más, ellos ya lo han descartado. Claro, ¿en qué podrían trabajar si retornan? ¿En qué quedarían los estudios de sus hijos? El único remedio es que los gobernantes –los que vienen o los que se queden– se dignen a la creación de empleos dignos y suficientes, de manera que ningún boliviano vea la  necesidad de "huir” del país amenazado por la pobreza, para así dar a sus hijos la oportunidad que ellos no han tenido.

Un  chiste dice que algunos informes policiales consignan que en la ronda nocturna se detuvo a un ciudadano boliviano por "portación de cara”.

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