Debate

Machistas fuera de las listas

El machismo y la homofobia son una segunda piel de la política en el poder, independientemente de las ideologías.
jueves, 11 de septiembre de 2014 · 21:42
Elizabeth Peredo B.

 Psicóloga social

"Mucho de la violencia de género se explica por la educación machista que aún forma seres orientados a la dominación y el despojo del poder de otras, de las mujeres, en ese caso”.

"Zabala machista, fuera de la lista” fue la acertada demanda de las mujeres en respuesta a las declaraciones de un candidato del partido oficialista en Bolivia. Las protestas y presión social no lograron la renuncia de Zabala, pero hicieron que el primer candidato a diputado  por Unidad Demócrata (UD) se viera forzado a renunciar acusado de violencia intrafamiliar a través de un audio, entre los varios que están ya circulando en las redes sociales.
Aunque la misoginia como "aversión a las mujeres” está instalada en muchos políticos, en este momento en Bolivia adquiere una forma especial porque es ya parte de las acciones y declaraciones de autoridades públicas oficialistas y no oficialistas, y busca legitimarse desde la ideología de lo "popular” o desde lo "alternativo revolucionario”. Indígenas, populares y clases medias profesionales han mostrado exactamente la misma cara y entre ellos se encubren.
El presidente Morales ha pedido que disculpemos a Zabala porque sería un simple alarde de la prensa pro imperialista con un "candidato sin experiencia”, que "no es político” y no sabía bien cómo comportarse en público. La verdad es que después de todo lo que se ve, asusta imaginar cómo se expresaría este señor luego de pasar por los pasillos del poder.
El machismo y la homofobia es una segunda piel de la política en el poder y su relación con las características de la violencia social que hoy vivimos ha sido
subestimada. No sólo violencia física brutal, sino también aquella violencia psicológica, simbólica y cultural que hoy hace carne en la vida nacional. Como con otros espejismos, no tuvimos el reflejo de dar el combazo contra el machismo desde un principio porque los dirigentes parecían "progresistas”.
La violencia misógina en Bolivia se ha incrementado de una manera alarmante. Las mujeres bolivianas que mueren asesinadas y son agredidas, humilladas y golpeadas por hombres son ya muchas. Las Naciones Unidas dice que hasta el 35% de las mujeres en el mundo experimenta  violencia de género en sus vidas. Los datos para América Latina seguidos por las entidades que trabajan y promueven los derechos de género dan datos alarmantes (CEPAL). Aunque en estos observatorios aún faltan los datos oficiales de Bolivia, el CIDEM, la Defensoría del Pueblo y otras instituciones dan cuenta de las alarmantes cifras de la violencia: en lo que va del año, 100 mujeres han perdido la vida en eventos violentos, 61 de ellos han sido feminicidio; el 61% de éstos ejecutado por personas relacionadas familiar o afectivamente. En los últimos cuatro años son más de 300 víctimas mortales. Las formas en que las mujeres son asesinadas son terroríficas, -uno de los últimos casos es el de  una joven encinta que murió horriblemente a manos de un sicario contratado por el hombre que la había embarazado-. O el tristísimo caso de la Dra. Calvo en Santa Cruz asesinada por un guardia de seguridad de un garaje… Ya se ha cruzado un umbral muy peligroso.
Cuando denunciábamos con horror la muerte de mujeres en Ciudad Juárez, como ejemplo de hasta qué punto las condiciones económicas precarias del neoliberalismo podrían cobrar vidas humanas, no imaginábamos verificar que, aunque las condiciones económicas mejoran, la precariedad de las relaciones humanas y la violencia de género no declina.
¿Es que los hombres violentos creen que deben imponerse, dominar, conquistar, controlar a las mujeres? ¿Dónde está el fondo de esa violencia? ¿Es económica, es psicológica, es sexual? ¿Es el poder? ¿Son celos de los cuerpos? ¿Es un afán de poseer y anular? ¿Qué le habrá hecho pensar a Zabala que para frenar la violencia de género hay que "educar” a las mujeres?
Riane Eisler, una de las más claras representantes del feminismo y la economía explica que esto es por la acumulación de poder patriarcal y por la prevalencia de la violencia como esquema civilizatorio de convivencia y de dominio social. Mucho de la violencia de género se explica por la educación machista que aún forma seres orientados a la dominación y el despojo del poder de otras, de las mujeres, en ese caso. Una parte seguramente se explica por el deterioro del tejido social y de los valores de convivencia.
En este panorama es innegable que los mecanismos estatales débiles y la falta de incorporación seria de políticas de erradicación de la violencia de género contribuyen a que ésta se mantenga. Hablar de "despatriarcalización” es una banalidad si el Estado no se enfoca prioritariamente en la violencia misógina como una pandemia que hay que combatir de manera integral –no basta castigar, hay que educar- en el sentido más correcto de la palabra.
Las mujeres bolivianas se han propuesto una depuración de las listas basada en  un criterio esencial: ningún machista debería ser candidato a representante o funcionario público. Podríamos añadir que ningún egocéntrico que se crea dueño de la verdad tampoco; alguna vez escuché decir a alguien que él era "un buen político porque tenía la capacidad de ser cruel” (¡¡¡). Cualquiera que haya sido el contexto de estas palabras, es un concepto profundamente patriarcal y violento y delata un ejemplo de cómo el poder político está estructurado como camino allanado de la violencia. El hilo de continuidad entre el egocentrismo como patrón cultural de los políticos en el poder y las actitudes violentas, machistas y misóginas en una sociedad es muy evidente.
El mensaje que las mujeres han propuesto hoy a la sociedad boliviana está apelando a un elemento muy importante de la política: una nueva ética que permita figuras públicas capaces de indignarse con la injusticia y la violencia y que tengan sólidamente asentados los principios de la equidad de género y el respeto humanos. Si funciona como demanda colectiva puede ayudar a que muchos violentos (aunque no se reconozcan como tales) se abstengan de participar en la política y asuman que la misma es un compromiso que demanda integridad como personas. Ése es un criterio que va a empezar a funcionar ahora en el control social a las autoridades, los políticos y servidores públicos.
Hoy día que los políticos están en campaña, no queda más que dejarles hablar, que sigan hablando, pásenles el micrófono y que hablen. Si salen las serpientes muérdanse la lengua y váyanse a sus casas: si han logrado controlarlas, que se forme un ser humano diferente. Desde ahora, los políticos están sujetos al juicio de las mujeres y hombres que queremos vivir sin humillaciones ni violencia misógina u homofóbica que cueste más vidas.
A riesgo de quedarnos con pocos candidatos, seguiremos apoyando esta legítima demanda desde la sociedad: "Machistas fuera de las listas!”?

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

149
94

Comentarios