Allende ofreció mar para Bolivia

El presidente Allende sí negoció mar y nunca dijo nada respecto a la extraña teoría de la “intangibilidad” de los tratados, dice Guzmán.
viernes, 27 de febrero de 2015 · 19:52
Andrés
Guzmán
Escobari

analista

  Tras una valoración comparativa que hizo el presidente Morales sobre el socialismo que gobernó Chile a principios de la década de los años 70 y el que gobierna ahora, el canciller chileno Heraldo Muñoz escribió en su Twitter: "Pdte Morales dice q Allende era verdadero socialista. Bien, pero Pdte Allende nunca negocio mar y defendía principio respeto a tratados”.

Esto generó una ola de críticas por lo que significa defender al socialismo a través del Twitter y sobre todo porque esas palabras no corresponden a la verdad: el presidente Allende sí negoció mar y nunca dijo nada   respecto a la extraña teoría de la "intangibilidad” de los tratados.
En efecto, a poco de asumir el cargo, el 12 de diciembre de 1970, Allende recibió en La Moneda al literato y periodista boliviano  Néstor Taboada Terán quien,  acompañado de Mario Osses, entrevistó al flamante presidente chileno y tuvo el honor de registrar las siguientes declaraciones en una cinta magnetofónica:
"En este plan de reparación de injusticias, también he resuelto que el hermano país de Bolivia retorne al mar. Se acabe el encierro que sufre desde 1879 por culpa de la intromisión del imperialismo inglés. No se puede condenar a un pueblo a cadena perpetua… un pueblo que esclaviza a otro no es libre”. (Taboada: Salvador Allende ¡Mar para Bolivia! 2004: 87).
En ese sentido, y aprovechando que el gobierno boliviano del general Juan José Torres era también de izquierda, se iniciaron las conversaciones por un lado en Santiago entre el canciller chileno, Clodomiro Almeyda, y el cónsul general de Bolivia en Chile, Franz Ruck Uriburo; y por el otro lado en La Paz, entre el enviado especial de Allende, Volodia Teitelboim, y el canciller boliviano Huáscar Taborga (Magasich, Jorge: Bolivia y el Mar. Le Monde Diplomatique, 12/2014). 
En Santiago se alcanzaron rápidamente "acuerdos preliminares que contemplaban un corredor territorial, un puerto, un enclave y el uso exclusivo de un muelle en Arica” (Gumucio, Jorge: Estados Unidos y el mar boliviano. 2005, p. 385).
Esos arreglos, que fueron replanteados y confirmados por Almeyda al canciller Taborga en la Asamblea General de la OEA de 1971, incluyeron una solicitud de obtener seguridades de Perú "para no obstaculizar un posible acuerdo sobre un corredor y puerto al norte de Arica -según Almeyda- había que evitar repetir las gestiones de 1950”. (Figueroa, Uldaricio: La demanda boliviana en los foros internacionales. 2007, p. 392). 
Mientras tanto en La Paz, el enviado del presidente chileno, el senador Volodia Teitelboim, había conversado con las autoridades bolivianas  sobre "la posibilidad de establecer una especie de corredor al norte de Bolivia, entre la frontera peruana, al norte de Arica. Es una superficie pequeña, relativamente pequeña, de unos cuantos kilómetros. Pero de todas maneras se podía establecer una especie de corredor que permitiera la salida de Bolivia al mar, donde Bolivia pudiese tener un pequeño puerto, una cosa así. A parte de ventajas desde el punto de vista portuario en Arica, en Iquique y en Antofagasta, en los puertos del norte. El gran problema era el Ejército. Siempre ha sido ése”. (Magasich 2014).
Ciertamente, según cuenta el historiador chileno Jorge Magasich, que fue quien recabó el testimonio Teitelboim, en ese tiempo los altos mandos militares de Chile vivían bajo el temor de un inminente conflicto armado con Perú y Bolivia, puesto que faltaba poco para el centenario de la Guerra del Pacífico y "si se dejaba pasar más de un siglo existiría una especie de prescripción histórica”, y por eso -cuenta Teitelboim -, los estrategas del país del Mapocho se preparaban para intervenir y no descartaron un "ataque preventivo” como el que había desplegado Israel en 1967, durante la guerra de los seis días (Magasich 2014).  
Las autoridades de La Moneda sabían que tenían que actuar con cautela puesto que un entendimiento con Bolivia sobre el tema marítimo podría tener un costo político muy alto para ellos. Fue así que después de iniciar los primeros contactos, y tras el impasse que provocó un comentario que hizo el canciller boliviano sobre las negociaciones, las autoridades chilenas empezaron a comentar sus intenciones de restablecer relaciones a nivel de embajadores con La Paz.
El 15 de abril de 1971, al cumplirse nueve años de la desviación del río Lauca, Almeyda manifestó: "Deseamos con igual fervor restablecer nuestras relaciones diplomáticas con Bolivia, convencidos de que la actual situación entre nuestros países no tiene justificación ante nuestros pueblos y ante la historia”.
 El 21 de mayo, el presidente Allende, en su primer mensaje al Congreso, expresó: "Este Gobierno ha tenido ya la ocasión de lamentar que nuestra relación con la República de Bolivia se mantenga en una situación anómala, que contradice la vocación integracionista de ambos pueblos. A Bolivia nos unen sentimientos e intereses comunes. Es nuestra voluntad poner todo lo que esté de nuestra parte para normalizar nuestras relaciones” (Gumucio 2005:384-385).
Luego Almeyda le dijo a Ruck Uriburu que Allende se contactaría telefónicamente con el presidente Torres el día 23 de agosto de 1971 y que aprovechando su visita a Perú, el Mandatario chileno tenía previsto conversar con el presidente de ese país, Juan Velasco Alvarado, sobre la participación y el acuerdo peruano en la solución del problema marítimo de Bolivia (Gumucio 2005: 385).  No obstante, dos días antes de la fecha anunciada, el 21 de agosto, Torres fue derrocado por fuerzas de la derecha boliviana y todo se vino abajo. Allende no pudo cumplir lo prometido, pero quizás tampoco lo habría podido hacer si Torres se mantenía en el poder porque a no mucho andar, en septiembre de 1973, él también sería destituido mediante un golpe de Estado que significaría el fin de sus días.
Unos años después, en 1976, Torres sería asesinado en Argentina en el marco de la operación Cóndor, en la cual estuvieron involucrados, entre otros, los gobiernos de La Paz y Santiago. Al respecto, según Magasich, la desaparición en esos años  de muchos de los que negociaron una salida soberana al mar para Bolivia entre 1970 y 1971, "contribuyó a echar tierra sobre estas negociaciones”, y concluye:
"Su existencia, refrendada por el valioso testimonio de Volodia Teitelboim, permite establecer que el gobierno de la Unidad Popular acogió favorablemente la demanda marítima boliviana, y que las negociaciones llegaron bastante lejos. Se discutió una fórmula para dar a Bolivia un acceso soberano al mar y normalizar las relaciones entre los dos países” (Magasich 2014).  
Por tanto, si bien es cierto que las dictaduras que participaron en el Plan Cóndor enterraron mucho de lo que hicieron sus antecesores socialistas a principios de la década de  los años 70, es lamentable que el actual canciller de Chile se sume a esos propósitos  e intente echarles más tierra, nada menos que mediante el Twitter, para que se crea que Allende nunca negoció mar. De hecho, esa actitud elusiva, que pretende desconocer la historia para eludir las obligaciones que Chile asumió con Bolivia de devolverle su acceso soberano al mar, demuestra palmariamente que la razón está de nuestro lado.

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